FE Y OBRAS

ARNALDO BAZÁN

Muchas veces hemos oído decir que lo importante es la fe y que las obras no valen para nada.

Sin embargo, el sentido común nos dice que una cosa no puede ir sin la otra y hasta hay un refrán que afirma: "Obras son amores que no buenas razones".

Efectivamente, ¿qué sería de nosotros, por muy buenos que fuésemos, si Dios no tuviera el deseo de salvarnos?

DIOS NOS SALVA

No valen nada todas las obras buenas que hagamos sin el amor del Padre, que envía a su Hijo para rescatarnos del pecado y de la muerte.

La salvación es un acto de amor, un regalo de Dios a sus criaturas, decidido libremente y no motivado por lo que somos, ya que, en realidad, todos aparecemos en su presencia como pecadores.

Dice san Pablo: "Dios nos hace justos y santos sin valerse de la ley. Dios nos hace justos mediante la fe en Jesucristo, y eso vale para todos los que creen, sin distinción de personas. Pues todos pecaron y a todos les falta la gloria de Dios. Pero El, en forma gratuita les regala perdón y santidad a raíz de la liberación que se cumplió en Cristo Jesús. Pues a El Dios lo había destinado a ser la victima que por su sangre nos consigue el perdón, con tal de que nosotros creamos" (Romanos 3,21-25).

Las palabras del Apóstol, en modo alguno, son una afirmación de que no tiene que ver para nada la forma en que nos comportemos, pues termina la frase con estas palabras: "con tal de que nosotros creamos". Creer en Dios y no obedecerle es igual a no creer.

Lo que Pablo quiere es destacar la gratuidad de la salvación, pues como criaturas que somos no tenemos derecho a esperar nada de Dios ni disponemos de los medios para merecerlo.

LAS BUENAS OBRAS MUESTRAN LA FE

Sí podríamos decir que no puede concebirse una persona que busque y espere, por un lado, la salvación, y por el otro actúe de una forma abiertamente contraria a los mandamientos de Dios.

De ahí que Santiago completa el pensamiento de Pablo al decir: "Hermanos, ¿qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar? ¿Acaso lo puede salvar su fe? Si a un hermano o a una hermana le falta la ropa y el pan de cada día y uno de ustedes les dice: "Que les vaya bien; que no sientan frio ni hambre, sin darles lo que necesitan, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe si no se demuestra por la manera de actuar: está completamente muerta. Y sería fácil rebatir a cualquiera: "Tu tienes la fe y yo hago el bien, ¿dónde está tu fe que no produce nada? Yo por mi parte te mostraré mi fe por el bien que hago" (Santiago 2,14-18).

Esto, en realidad, se ajusta totalmente a lo enseñado por el propio Jesús. Él promete la felicidad o bienaventuranza a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los pacientes, a los compasivos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz (véase Mateo 5,3-11).

El Maestro afirma claramente: "Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos" (Mateo 5,16).

EL JUICIO FINAL

No hay en los evangelios otro lugar donde se destaque con mayor precisión la importancia de las obras con relación a la salvación que cuando Jesús describe el Juicio Final (ver Mateo 25,31-46).

Antes había dicho:"Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles entonces recompensará a cada uno según su conducta" (Mateo 6,46).

Es acertado afirmar que todo el Nuevo Testamento insiste, por un lado, en el maravilloso don del Padre al darnos a su Hijo, pero también, por el otro, en la necesidad de que el hombre responda, con una fe comprometida, que se traduce en la forma santa de vivir que se procura llevar a cabo.

Esto lo podríamos resumir en la frase de Juan: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en El no se pierda, sino que tenga Vida Eterna. Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo sino para salvarlo. El que cree en El no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado por no creerle al Hijo Único de Dios" (3,16-18).

Y también en las palabras del Apocalipsis: "Del cielo, alguien me dijo: "Escribe esto: "Felices desde ahora los muertos, si han muerto en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, pues sus obras les acompañan" (14,13).

Si las obras buenas no pueden merecernos la salvación, ellas son la mejor prueba de nuestra fe y la garantía de que hemos aceptado de corazón el mensaje de Jesús.

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