EL ORIGEN DE LA
FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

Arnaldo Bazán

En sus comienzos fue una celebración dedicada a honrar el Cuerpo de Cristo, realmente presente en las especies consagradas del pan, por lo que no se hacía mención de la Sangre del Señor, aun cuando se sobrentendía, lógicamente, que las dos especies eran igualmente importantes.

ORÍGENES DE ESTA FIESTA

Fue en el siglo XIII, y en una época en que los fieles habían perdido la práctica de la comunión frecuente, limitándose a ir a la Misa y seguir las devociones acostumbradas.

Por entonces se había desarrollado en la Iglesia una gran devoción eucarística al margen de la participación activa y consciente en la Misa, por lo que fácilmente caló en el ánimo del clero y de los fieles, lo que surgió de una supuesta visión tenida por la priora de un monasterio que se encontraba junto a Lieja, hoy perteneciente a Bélgica, la Beata Juliana de Retine.

De la visión de la luna en forma de una gran hostia dedujo la religiosa que Dios quería revelarle la necesidad de una fiesta especial en honor al Santísimo Sacramento (como si la celebración Eucarística propiamente tal no fuera suficiente homenaje), lo que tuvo buena acogida entre los principales eclesiásticos de la ciudad.

Fue, pues, el Obispo de Lieja, en 1246, quien introdujo la celebración en su Diócesis, fijándola para el Jueves después de la Octava de Pentecostés, día en que ha permanecido hasta hoy en un gran número de países, aunque haya ya desaparecido la Octava. En los Estados Unidos y otras naciones la fiesta se trasladó al siguiente Domingo.

LA FIESTA SE EXPANDE AL MUNDO

Algo muy curioso y que tuvo que ver, indiscutiblemente, con la expansión que esta fiesta tuvo luego en toda la Iglesia, fue el hecho de que uno de sus primeros sostenedores, Santiago Pantaleón de Troyes, que era archidiácono de Lieja, llegara a ser Papa en 1261, con el nombre de Urbano IV.

El Obispo de Lieja aprovechó la circunstancia para pedirle que la fiesta del Corpus Christi, que ya se celebraba en su ciudad, fuese extendida a la Cristiandad. Parece sr que el nuevo Papa no se decidió de inmediato, pero ocurrió algo que lo impulsó a acceder.

En 1263, mientras se encontraba en Orvieto, una ciudad de Italia, le narraron al Papa un milagro acaecido en la vecina ciudad de Bolsena, mientras un sacerdote visitante, que por lo visto tenía dudas sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía, celebraba la Santa Misa.

Después de la consagración, la hostia se transformó en carne y comenzó a chorrear sangre, la que empapó el corporal (que es el paño que se extiende sobre el mantel que cubre el altar, para poner sobre él las especies eucarísticas) y llegó hasta caer al suelo.

El Papa pidió que le fuera llevado a Orvieto el corporal manchado de sangre, lo que se hizo con mucha solemnidad el 19 de Junio de 1264. Para conmemorar el prodigio, se construyó en Orvieto un gran templo que es hoy su catedral. Allí se guarda, en un precioso relicario, el corporal con la sangre, ya seca, del milagro.

DECRETO PONTIFICIO

Este hecho, por lo visto, fue lo que sirvió a Urbano IV para vencer toda duda sobre la conveniencia de instaurar la fiesta del Corpus Christi en toda la Iglesia, y así lo hizo por medio de una bula llamada "Transiturus de hoc mundo" ("Habiendo pasado de este mundo"), firmada en Orvieto el 11 de Agosto de 1264.,/p>

Dos meses después fallecía Urbano IV, sin que hubiera habido tiempo para que su decisión alcanzara a toda la Iglesia, por lo que en muchas partes nada se hizo al respecto. Tuvieron que pasar cincuenta años para que otro Papa, Clemente V, ratificara lo hecho por Urbano IV. Esto fue en 1312, y desde entonces la fiesta del Corpus fue tomando auge en el mundo cristiano.

LA PROCESIÓN EUCARÍSTICA

Aunque en sus comienzos solo se habló de una solemnidad especial, con el tiempo apareció la costumbre de celebrar una procesión en la que se llevaba el Santísimo Sacramento, primero en copones cerrados y luego en ostensorios o custodias ricamente adornadas, para que todos pudieran contemplar la Sagrada Hostia.

Poco a poco la procesión se convirtió en el distintivo principal de la fiesta, haciéndose con gran solemnidad, por las principales calles de las ciudades, y deteniéndose numerosas veces para bendecir a diversos grupos de personas y hasta los campos y los sembrados.

Todavía hoy, en algunas ciudades europeas, se conserva la costumbre de dar a esta procesión un relieve extraordinario, lo que reviste carácter de acontecimiento, por ser una tradición que se remonta al siglo XIV.

ACTUALIDAD DE ESTA FIESTA

Pese a las reformas introducidas después del Concilio Vaticano II, la fiesta del Corpus se ha mantenido, aunque poniendo igual énfasis en ambas especies: la del pan y la del vino. Por eso ahora se llama del "Cuerpo y de la Sangre de Cristo".

Aunque sería suficiente la participación consciente en la Eucaristía dominical para que los cristianos mantengan su fe en la presencia real de Jesús, no sobra una solemnidad que la recalca de manera especial.

Que esta fiesta sea, pues, un renovar nuestro amor a Cristo, que quiso ser alimento para la vida divina que nos dio en el Bautismo.

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