SAN JOSÉ, ESPOSO DE lA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Y PADRE LEGAL DE JESÚS

LECTURAS

PRIMERA

2 Samuel 7,4-5a.14a-16

Pero aquella misma noche vino la palabra de Dios a Natán diciendo: "Ve y di a mi siervo David: Esto dice Yahveh: Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. (El constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.) Yo seré para él padre y él será para mí hijo.

SEGUNDA

Romanos 4,13.16.18-22

En efecto, no por la ley, sino por la justicia de la fe fue hecha a Abraham y su posteridad la promesa de ser heredero del mundo. Por eso depende de la fe, para ser favor gratuito, a fin de que la Promesa quede asegurada para toda la posteridad, no tan sólo para los de la ley, sino también para los de la fe de Abraham, padre de todos nosotros. El cual, esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones según le había sido dicho: Así será tu posteridad. No vaciló en su fe al considerar su cuerpo ya sin vigor - tenía unos cien años - y el seno de Sara, igualmente estéril. Por el contrario, ante la promesa divina, no cedió a la duda con incredulidad; más bien, fortalecido en su fe, dio gloria a Dios con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido. Por eso le fue reputado como justicia.

EVANGELIO

(Lucas 2,41-51a)

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando". El les dijo: "Y ¿por qué me buscaban ustedes? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos.

HOMILÍA

Si María es figura imprescindible en el relato del nacimiento del Salvador, hay alguien que tampoco puede faltar, a pesar de que no jugó el papel normal del hombre en la concepción de un nuevo ser.

Dios no tenía necesidad de un padre carnal para "su Hijo", pero no pudo evitar, sin embargo, que los humanos tomaran a mal que ese Hijo naciera de una madre sola, a la que habrían considerado una "cualquiera".

Fue, pues, para proteger el buen nombre de la madre, y también el del Hijo, que Dios hubo de otorgar a José un papel importante en el misterio de la Encarnación.

En realidad, ¿qué se hubiera hecho María sin la ayuda de un hombre como él a su lado? Pues eran tiempos difíciles para la mujer, a quien apenas se le tomaba en cuenta y no tenía las posibilidades que disfrutan las mujeres de nuestro tiempo.

José realizó un magnífico papel como protector y guardián, aparte de que, legalmente, protegió a María y a Jesús de la maledicencia pública, que si hoy todavía existe, en aquellos tiempos era algo terrible.

Hemos de suponer que todo esto lo hizo José por amor a Dios y a María. Hombre justo y creyente, aceptó esta tarea subordinada, ese papel secundario en el drama de la salvación, y lo hizo a la perfección.

Se mantuvo siempre en un segundo plano, consciente de que era un instrumento en las manos de Dios. Es verdad que al principio tuvo sus dudas, pues no hay ser humano que pueda comprender lo que el Altísimo tiene planeado. Pero luego de conocer su voluntad ya toda duda quedó disipada y José se prestó a hacer lo que Dios le pedía.

¿QUIÉN ERA JOSÉ?

Viejo y viudo lo presenta el llamado "Protoevangelio de Santiago el Menor", (8,13) considerado apócrifo o falso por la Iglesia, restándole así méritos a su decisión y su entrega. El "Evangelio del nacimiento de María", también apócrifo, lo presenta como muy entrado en años, pero sin mencionar la condición de viudo (6,1).

José estaba "desposado" con María, término que significaba que ya estaban seriamente comprometidos y decididos a llevar adelante su matrimonio.

Sabemos que muchas muchachas judías se casaban más por cumplir una obligación que por amor, aunque las había también que se casaban con el hombre que su corazón había elegido.

Es de suponer que entre José y María habría un puro y sincero amor, aunque el "Protoevangelio" antes aludido presenta a José como alguien a quien los sacerdotes del Templo buscaron para que, a sabiendas, protegiera la integridad de la virgen madre del Mesías.

Yo prefiero suponer que ambos jóvenes estaban realmente enamorados, y que sólo cuando conocieron la voluntad de Dios es que cambiaron sus planes humanos por los divinos. De cualquier manera fue una gran ayuda para María que, de seguro, lo querría mucho.

EL CARPINTERO JOSÉ

Cuando Mateo y Lucas hacen referencia al hombre con quien María estaba desposada sólo mencionan su nombre: José. Nada dicen acerca de su oficio.

Después aparece en Mateo y Marcos una referencia que nos habla de esto. En Mateo, cuando algunos preguntan en Nazaret, asombrados por el saber y el poder de hacer milagros que Jesús tenía, dicen: ¿No es éste el hijo del carpintero? (13,55).

Marcos, sin embargo, narrando la misma escena, pone la frase de otra manera: - ¡Si es el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón! (6,3).

En el "Protoevangelio de Santiago el Menor" se presenta a José como un viudo con hijos, pero no dice que fuese carpintero, sino que se dedicaba a la construcción de casas.

Es posible que el oficio de José fuese reparar artefactos de madera, lo mismo que a trabajar en la construcción como carpintero, pues la gente de su pueblo lo tenía por tal, y así lo ha mantenido la tradición.

SANTIDAD DE JOSÉ

La importancia, desde luego, no radica en el oficio, sino en el hecho de que José era un hombre bueno y honrado. Así lo atestigua Mateo al hablar de la incertidumbre que José padeció al descubrir el embarazo de María: Su esposo, José, que era hombre recto y no quería manchar su fama, decidió romper con ella en secreto (1,19).

Sabemos que José era descendiente de David, lo que haría a Jesús, al menos legalmente, de la familia del rey profeta. Hay, sin embargo, una divergencia entre Mateo y Lucas, pues aunque ambos publican la genealogía de Jesús, Mateo dice: ... y Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías (1,16), mientras que Lucas escribe: Este era Jesús, que al empezar tenía treinta años, y se pensaba que era hijo de José, que a su vez lo era de Helí... (3,23).

¿Quién tiene la razón? ¿Cuál era el nombre del padre de José? Son de esas cosas que no están claras en los evangelios. Recordemos, sin embargo, que los evangelistas nunca pretendieron hacer historia en el sentido moderno, sino transmitir un mensaje, aunque el relato pueda contener incorrecciones.

De lo que nada sabemos es de lo que pasó a José luego de la visita que hiciera Jesús al Templo a los doce años. Esta es la última vez que se menciona a José en los evangelios. Es posible que haya muerto durante los años que se llaman "vida oculta de Jesús" desde los trece a los treinta años.

ARNALDO BAZÁN


Volver a Fiestas