SEGUNDO DOMINGO
DE CUARESMA

LECTURAS:

PRIMERA

Génesis 22,1-2.9a.15-18

Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: "¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí". Díjole: "Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga". Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar. El Angel de Yahveh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos, y dijo: "Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz".

SEGUNDA

Romanos 8,31b-34

Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros?

EVANGELIO

Marcos 9,1-9

Les decía también: "Yo les aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios". Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escúchenle". Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

HOMILÍA

Si desea escuchar la Homilía en la voz de su autor, Padre Arnaldo Bazán, haga click aquí:

Segundo de Cuaresma

Un pueblo que vive en la fe tiene que saber de qué se trata cuando decimos “Creo”.

Porque pronunciar una palabra es cosa fácil, pero actuar de acuerdo a ella será siempre difícil.

Hoy la Escritura nos regala uno de los momentos más importantes en la formación del pueblo de Israel, el elegido de Dios.

Abraham había recibido de parte del Altísimo una llamada a actuar conforme a su voluntad, y Abraham había respondido satisfactoriamente.

Obedeció a Dios abandonando su familia y su tierra para ir a una desconocida que el Señor le había indicado.

Sin replicar en ningún momento, el Patriarca obedeció, y aunque se lanzaba a lo desconocido, no flaqueó, pues puso toda su confianza en Aquel que lo había llamado.

Cuando Abraham era ya viejo y sin hijos, al menos tenidos con su esposa Sara, pues habia tenido uno, Ismael, con la esclava de su esposa y por deseo de ésta, Dios le aclaró que aunque bendeciría a ese hijo, no era el que llevaría el sello de la promesa. Tendría un hijo con Sara, por cuya descendencia sería el padre del pueblo de Israel, y llegado el momento, por Alguien cuyo advenimiento habría que esperar largo tiempo, seria padre de numerosos pueblos. No olvidemos que ese es el significado del nombre que el mismo Dios le puso: Abraham

Y el hijo llegó. Isaac fue la alegría de aquellos padres casi ancianos, que vieron cumplida en él lo que Dios les había anunciado.

Ya cuando Isaac tenía unos doce años Abraham tendría que padecer una prueba tremenda. Dios le pide que aquel único hijo fuese sacrificado como ofrenda al Creador.

No era raro por aquellos tiempos, entre los paganos, realizar esa clase de sacrificios. Pero en ningún momento había pensado el Señor que se llevara a cabo la muerte de Isaac. Es propio de El poner a prueba la fe de los que llama a una misión transcendental.

El que no está seguro de su fe ni pone absolutamente su confianza en Dios, no será nunca capaz de hacer una obra grande. Y Abraham estaba llamado, nada menos, que a ser el fundador de un nuevo pueblo que sería el pueblo de Dios.

¿Es que Abraham se sentía contento y feliz con la prueba que el Señor le estaba poniendo?

De seguro que no. También Jesús, en Getsemaní, agonizó como hombre que también era, de sólo pensar en la terrible prueba que le esperaba.

Estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios no nos libra de sentirnos aterrados, deshechos, incluso temerosos de no ser capaces de cumplir hasta el final.

Pero, al mismo tiempo, el que ha puesto toda su confianza en el Señor, sabe que no le faltará una ayuda, sintiéndose seguro de que Dios proveerá.

De ahí que Abraham, con el corazón desgarrado oyendo a su hijo preguntarle por el cordero que había de ser sacrificado, sólo pudo responderle: “Dios proveerá”.

Y vaya si proveyó el Señor, pues no permitió que Abraham completara el sacrificio. El reservaba esa prueba para su propio Hijo, en el mismo lugar en que había probado a Abraham.

Veamos lo que nos dice la propia Escritura en el libro segundo de las Crónicas: “Empezó, pues, Salomón a edificar la Casa de Yahveh en Jerusalén, en el monte Moría, donde Dios se había manifestado a su padre David, en el lugar donde David había hecho los preparativos, en la era de Ornan el jebuseo” (3,1).

Esto significa que aquel monte Moria, donde Abraham debería sacrificar a su hijo Isaac, con el paso de varios siglos, vendría a convertirse en Jerusalén, donde Salomón edificaría el primer Templo dedicado al verdadero Dios.

Nos dice san Pablo en la segunda lectura: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?” (Romanos 8,32).

Orígenes, el gran teólogo del siglo III, veía en Isaac la figura de Jesús. Las palabras de Abraham, "Dios proveerá", se cumplirían en el Hijo de Dios, crucificado al pie del monte Moria, en el lugar llamado Calvario.

Dios no actúa apresuradamente. Bien dijo Pedro que “ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día” (2 Pedro 3,9).Todo El lo prepara adecuadamente. Sus promesas pueden tardar, pero son seguras.

Es lógico pensar que, ante una gran prueba el creyente pueda sentir su alma en desasosiego. Eso también lo sintió Jesús en el Huerto. Pero tiene que pesar la confianza más que el miedo, el amor más que el temor.

Jesús nos dio, en vísperas de su pasión y muerte, el ejemplo de lo que debe ser la actuación de un cristiano ante las pruebas: Total confianza en el amor del Padre, para así estar dispuestos a cumplir su voluntad, sea ésta la que sea.

Cuando nuestra fe flaquea acudamos por ayuda al Espíritu Santo. El nos fue enviado para que contáramos con El, y El nos dará la fuerza que necesitamos para ser los testigos y profetas de Jesús (Hechos 1,8).

Por algo Abraham se convirtió en nuestro padre en la fe. El la demostró poniendo toda su confianza en Aquel que provée.


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