TERCER DOMINGO
DE CUARESMA

LECTURAS:

PRIMERA

Éxodo 20,1-7

"Al tercer mes después de la salida de Egipto, ese mismo día, llegaron los hijos de Israel al desierto de Sinaí. Partieron de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Allí acampó Israel frente al monte. Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: "Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: Ya han visto ustedes lo que he hecho con los egipcios, y cómo a ustedes les he llevado sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escuchan mi voz y guardan mi alianza, ustedes serán mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa" Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel". Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado".

SEGUNDA

1 Corintios 1,22-25

Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres.

EVANGELIO

Juan 2,13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: "Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado". Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: "El celo por tu Casa me devorará". Los judíos entonces le replicaron diciéndole: "¿Qué señal nos muestras para obrar así?" Jesús les respondió: "Destruyan este Santuario y en tres días lo levantaré". Los judíos le contestaron: "Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre".

HOMILÍA

Si desea escuchar la Homilía en la voz de su autor, Padre Arnaldo Bazán, haga click aquí:

Tercero de Cuaresma

La ley que dio Dios al pueblo por medio de Moisés, es como una guía por la que el pueblo elegido debe regirse.

Por eso se enfatiza, en primer lugar, que hay un solo Dios, Creador de todo. Por más que los paganos se crearan dioses a su antojo, todos ésos, precisamente por ser creación humana, eran falsos.

Dios no quiere que su pueblo elegido lo traicione siguiendo dioses que no lo son, porque no existen. Pero, para evitar tentaciones, sabiendo lo frágil que somos los humanos, prohíbe la exteriorización de falsas divinidades en figuras que las representen.

Las imágenes no son malas en sí mismas, como no lo son la mayor parte de las cosas que existen. Pero es fácil usar mal de ellas, algo que sigue ocurriendo en nuestros días.

Sabemos que la televisión, por poner sólo un ejemplo, es un invento maravilloso, una tecnología que nos permite estar mejor comunicados con el mundo entero. Las imágenes que llegan hasta nosotros nos ayudan a conocer los acontecimientos que están ocurriendo, aparte de recibir información de muchas clases.

Pero si bien la televisión es una cosa no sólo buena, sino magnifica, son muchos los que la usan mal para transmitir pornografía, o simplemente programas nocivos por sus contenidos perniciosos.

Así las imágenes de esos falsos dioses eran un constante desafío para el pueblo creyente en el verdadero Dios. Y de suyo, sabemos por la Biblia, que en innumerables ocasiones cayeron los israelitas en la idolatría de la que el Altísimo quería preservarlos.

Fue precisamente mientras estaba Moisés hablando con Dios y recibiendo las tablas de piedra que contenían el Decálogo, los Diez Mandamientos, que los israelitas, pensando que Moisés había desaparecido, obligaron a Aarón, su hermano, a que fabricara un becerro de oro para adorarlo como si fuese un dios.

Aberración suprema de un pueblo que había sido el objeto de la complacencia de Dios, librándolo de la esclavitud en Egipto, de la que acababa de salir.

Esto demuestra lo sabio que fue el Señor en prohibir lo que un pueblo ignorante y fácil de convencer, encontraría a cada paso como constante tentación: Olvidarse del verdadero Dios para acudir a los ídolos.

¿No es este el gran pecado que hoy comete la humanidad? Pues esta más que visto que hoy una mayoría en el mundo le da las espaldas al verdadero Dios.

Este exige sacrificios, esfuerzos, cumplir los mandamientos, lograr la santidad. Ya en los comienzos Dios dice a los israelitas: “Porque yo soy Yahveh, su Dios; santifíquense y sean santos, pues yo soy santo” (Levítico 11,44).

Ser santos significa dejar a un lado las ambiciones, los vicios, los odios, el poder, el dinero, todo lo que se vuelve un ídolo que nos aparta del camino hacia Dios.

Si bien el poder y el dinero pueden ser usados para el bien, no son pocos los que los ven como lo más importante, cuya búsqueda se convierte en el único ideal de su vida, no importa que tengan que pasar por encima de los derechos de los demás.

Estos son los que constituyen los nuevos dioses falsos que muchos hoy adoran, lo que les aparta del camino de la verdadera felicidad y salvación que sólo el verdadero Dios puede darnos.

Hoy el problema no es tanto tener o no imágenes. Algo que enfatizan muchos cristianos como excusa para atacar a los católicos.

Desde casi el principio, los cristianos entendieron que si bien los mandamientos siguen siendo obligatorios, no así algunos aspectos que fueron sólo dados para el pueblo de Israel. Cristo purificó la ley y nos dio un nuevo camino en el que el amor era el mandamiento primordial.

Así como no tenemos los cristianos obligación de circuncidarnos, o abstenernos de comer la carne de ciertos animales, o respetar el sábado como el Día del Señor, así tampoco hemos de ver en las imágenes de Jesús, María y los santos objetos propios de un culto idolátrico, lo que se fue viendo, poco a poco, en la actitud de los cristianos, de usarlas como estímulo para exaltar las virtudes de aquellos que fueron ejemplares en su vida.

Esto mismo es lo que hacemos con los grandes patriotas y benefactores de la humanidad, sin que nadie piense por ello que los estamos convirtiendo en dioses que hay que adorar. Jesús, como nos muestra el evangelio hoy, no actuó en contra de los que, cumpliendo la ley antigua, ofrecían sacrificios de animales a Dios, sino de los que la utilizaban para especular y sacar beneficios personales.

El no funda su única Iglesia para que luego andemos divididos en bandos y sectas, sino para que todos formemos el verdadero pueblo de la Nueva Alianza, en la que resultan obsoletas, como bien enseña san Pablo por activa y por pasiva, muchas de las cosas que se hacían en la Antigua. Los que formamos parte de la Nueva Alianza debemos empeñarnos en hacer uso de todo, pero con el verdadero espíritu del Evangelio.

Lo importante es la actitud que tenemos frente a las cosas, los placeres, el dinero, las personas y Dios. Lo demás carece de importancia.


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