2a. Adviento, Sábado

Sus discípulos le preguntaron: “¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?” Respondió él: “Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Les digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos”. Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista (Mateo 17,10-13).

Se lee en Malaquías 3,23-24 lo siguiente: “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema”.

De ahí que los escribas enseñasen al pueblo de que Elías volvería antes de la aparición del Mesías. Y esto se convirtió en una creencia popular, de modo que el pueblo esperaba que Elías apareciese antes del Mesías.

Tal y como se narra la desaparición de Elias en el capítulo 2 del segundo libro de los Reyes, pudo quedar en la imaginación de la gente que el profeta no murió, sino que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, lo que algunos exegetas han supuesto que fue una manera alegórica de describir su muerte.

En su respuesta Jesús habla, sin nombrarlo, de Juan el Bautista, que se presentó como si fuera Elías, pero los dirigentes del pueblo de Israel no quisieron hacerle caso.

Sí, fueron a él, a interrogarlo, y hasta le llegaron a preguntar si él era Elías (Juan 1,21), pero no se convirtieron. Y luego Herodes Agripa terminaría por ordenar su muerte.

Para clarificar esta situación debemos recordar las palabras que el ángel Gabriel dirigió a Zacarías el día en que se le apareció en el templo para anunciarle que él y su esposa Isabel tendrían un hijo que sería grande ante Dios y tenía que llamarse Juan. Al final añadiría “... e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto (Lucas 1,17.)

No faltan algunos exegetas que piensan que la afirmación de Jesús de que Elías, ciertamente, vendrá a restaurarlo todo, se refiere a la segunda venida, la gloriosa, que ocurrirá al final de los tiempos.

A esto parece referirse san Jerónimo cuando, comentando este pasaje, dice: “Aquel que debe venir a la segunda venida del Salvador personalmente y en su propio cuerpo, ha venido ya por Juan en virtud y en espíritu”.


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