2a. Cuaresma, Lunes

“Sean compasivos, como su Padre es compasivo. No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no será condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de sus vestidos. Porque con la medida con que ustedes midan se les medirá” (Lucas 6,36-38).

Compadecer significa “padecer con el otro”, de modo que la persona compasiva es aquella que trata de unirse al dolor ajeno.

El compasivo está más dispuesto a comprender y pasar por alto las faltas de los demás.

Las palabras de Jesús se suceden unas a las otras para darnos a entender que si no estamos dispuestos a actuar en bien de los demás, tampoco recibiremos la recompensa que Dios nos promete.

De ahí que no podemos andar juzgando, ni condenando, sino que, por el contrario, tenemos que estar dispuestos siempre a perdonar.

En el Evangelio vemos a menudo referencias sobre el perdón, pues si hay algo que todos necesitamos es ser perdonados.

Pero, ¿cómo pedir perdón si no estamos dispuestos a perdonar? Jesús nos advierte que no habrá perdón para el que se niega a hacer lo mismo con su prójimo.

Debemos también ser generosos. La generosidad es una virtud que atrae grandes recompensas, pues el Señor nunca se deja ganar en generosidad por nadie.

Si perdonas, serás perdonado. Si amas, serás amado. Si compadeces también serás compadecido. Y si das recibirás en abundancia.

En otro momento Jesús asegura que recibiremos el ciento por uno (ver Marcos 10, 30). Y su promesa no es para después, sino para recibirla durante nuestra estadía en la tierra.

Quiere esto decir que el que da con generosidad está haciendo un buen negocio, pues no tendrá que esperar a estar en el cielo para ser recompensado.

Podemos asegurar que todos los que actúan con generosidad para con su prójimo, han experimentado en sus vidas esta realidad: se recibe más que lo que damos.

Y es que las palabras de Jesús no pueden ser tomadas a la ligera. Él lo recalca con cuatro palabras: buena, apretada, remecida, abundante. ¿Qué más podemos pedir?

No olvidemos, pues, que con la medida que midamos, seremos medidos, Y esto vale también para nuestra conducta en general. Si nos portamos bien con el prójimo, el Señor lo hará todavía mejor con nosotros.


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