2a. Cuaresma, Viernes

“Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán". Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia". Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?" Dícenle: "A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo". Y Jesús les dice: "¿No han leído nunca ustedes en las Escrituras: "La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos". Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta. Mateo,21,33-46).

Para poder entender las parábolas de Jesús tenemos que conocer la intención por las que fueron dichas. Estas dos últimas parábolas del Señor, así como otras que encontramos en el Evangelio, fueron dirigidas directamente a los sacerdotes, escribas, maestros de la ley, fariseos y saduceos, que eran los individuos más influyentes en el pueblo de Israel, pero también los más reacios a aceptar las palabras de Jesús.

Ellos hubiesen querido un Mesías que viniese a corrobar lo que ellos enseñaban y hacían, pero se encontraron con uno que les criticaba no tanto sus enseñanzas cuanto su forma de vida, de modo que llegó a decir a la gente: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan, pues, y observen todo lo que ellos les digan; pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen” (Mateo 23,2-3).

Con esta parábola Jesús estaba recordando las muchas veces que, en el pasado, el pueblo judío, cómplice también de sus dirigentes, rechazaron a los profetas que Dios les enviaba, maltratándolos y hasta asesinando a algunos de ellos.

El símbolo de la viña lo vemos también en varios escritos del Antiguo Testamento, como en Isaías, Jeremías, Joel, Oseas y otros. A manera de ejemplo leamos una frase de Isaías en su canto de amor a la viña: “Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos” (5,7).

La tierra toda es como la viña del Señor. El espera de los seres humanos que respondan con buenos frutos de justicia y amor, pero las más de las veces lo que damos, como dijo el profeta, son frutos podridos.

El nunca ha dejado de enviarnos sus mensajeros, para que hagamos caso a su Palabra y respondamos con amor a su amor. Pero, además, ha puesto en nuestro interior, allá en lo profundo de nuestra alma, eso que llamamos “conciencia”, que es como una voz que nos guía para que, al menos, cumplamos con la “ley natural” que llevamos impresa en el corazón. El que no oye la voz de Dios es porque no quiere. El no cesa de hablarnos de muchas maneras.


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