8a. Ordinario, Martes

Pedro se puso a decirle: "Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Jesús dijo: "Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros" (Marcos 10,28-31).

El término "todo" que se usa en estos versículos, puede tener un sentido relativo. Cuando Pedro le dice a Jesús que ellos, los apóstoles, lo han dejado todo para seguirle, no parece que eso incluyera su casa y otras pertenencias, ya que en el mismo evangelio vemos que las siguen poseyendo.

En Juan 21,3 leemos: "Simón Pedro les dice: "Voy a pescar". Le contestan ellos: "También nosotros vamos contigo". Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada". Se supone que la barca era de Pedro.

Aunque los evangelistas no dicen absolutamente nada de las esposas y familias de los apóstoles, sólo nos enteramos de que Pedro tenía una suegra (Lucas 4,38), pero nada de la esposa ni de los hijos. Sin embargo, no parece que el Señor les haya exigido a los casados que los abandonasen. Por otro lado, en la respuesta del Divino Maestro se afirma que aquellos que por El y por el Evangelio hayan dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda van a recibir el ciento por uno ahora, al presente, no en el cielo. Es decir, que el abandono se exige si se trata de un obstáculo para el seguimiento de Jesús y el Evangelio.

El Señor asegura, pues, un doble premio: el ciento por uno aquí en la tierra y luego la vida eterna. Esto obliga a descubrir a cada quien, cual es la vocación a la que ha sido llamado. Habrá quienes lo son a una absoluta dedicación que requiere la renuncia al matrimonio y una vida de castidad y pobreza. Otros pueden ser fieles al llamado de Cristo teniendo familia y propiedades. Ni siquiera los ricos están excluidos de este llamamiento.

Cuando Jesús se hace invitar de Zaqueo (Lucas 19,1-2), que era un hombre rico, jefe de publicanos, y tenido por pecador publico por el pueblo, ya que los publicanos trabajaban recaudando los impuestos exigidos por el Imperio Romano, pero pidiendo frecuentemente más de lo debido, demostró que era posible ser un seguidor suyo y mantener las riquezas bien habidas.

Aunque Zaqueo prometió dar la mitad de sus bienes a los pobres, y resarcir cuatro veces a quienes les hubiera podido exigir más de la cuenta, no fue directamente una condición que Jesús le puso, o al menos no lo hace constar el evangelista.

Lo que está claro es que un seguidor de Cristo tiene siempre que hacer el bien, y estar dispuesto al sacrificio si así lo exige su condición de cristiano. El ciento por uno en la tierra incluye, como dice Jesús, la posibilidad de padecer persecución.

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