7a. Ordinario, Jueves

FIESTA DE JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer; porque les digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios". Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: "Tomen esto y repártanlo entre ustedes; porque les digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios". Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: "Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes; hagan esto en recuerdo mío". De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes. (Lucas 22,14-20).

HOMILÍA

En todas las religiones el sacerdote ha sido el encargado de ofrecer los sacrificios, que se consideran un acto sagrado.

También en el judaísmo, el Señor quiso que hubiera sacerdotes, ya que el pueblo necesitaba sentir, por medio del ofrecimiento de animales y alimentos, que el Dios en que creían estaba cerca de ellos y les bendecía complacido.

En varias ocasiones Dios le hace ver al pueblo de Israel, por medio de los profetas, que sus sacrificios no eran bien recibidos, porque no lo hacían con verdadero amor, sino solo para cumplir con lo establecido.

Así vemos en Jeremías, 6,20: "¿A qué traerme incienso de Seba y canela fina de país remoto? Ni los holocaustos de ustedes me son gratos, ni sus sacrificios me complacen".

Con todo, Dios permitió tener un Templo en Jerusalén, para así mantener la unidad religiosa de Israel, y evitar que se fueran a adorar dioses falsos, a quienes los paganos ofrecían sacrificios y ofrendas para obtener beneficios o evitar supuestos castigos divinos.

La Carta a los Hebreos nos dice: "Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza" (Hebreos (5,1).

Se refiere al Sumo Sacerdote judío, que era el principal encargado de ofrecer los sacrificios. Pero cuando llega Jesús, el antiguo sacerdocio llega a su final.

Si Dios había tolerado los sacrificios, era con el fin de que los judíos no cayeran en la idolatría que practicaban todos los pueblos a su alrededor. Pero El quería un sacrificio mejor, aquel que solo podía ofrecer quien no necesitaba hacerlo por los propios pecados.

Nos lo dice la Carta a los Hebreos, refiriéndose a Cristo: "El, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre" (Hebreos 10,12a).

El sacrificio de Jesús en la cruz fue el único que podía conseguirnos la redención que necesitábamos, pues la humanidad toda se encontraba alejada de Dios. Nadie podía salvarse por sí mismo, sino que necesitábamos un Redentor, y el Padre se encargó de enviárnoslo en la Persona de su Hijo.

Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía, es Jesús quien nos preside. El ya no necesita derramar sangre nuevamente.

Pero quiso iniciar un medio que nos permitiera unirnos a Él para renovar lo que hizo una vez por siempre.

Participar en la Eucaristía y comer de la victima ofrecida, es la mejor manera de acercarnos a Dios, Esto no fue un invento de los cristianos en recuerdo de Cristo. Fue el mismo Jesús quien instituyó este Memorial de su Muerte y Resurrección en la Ultima Cena.

Allí se celebró, en anticipación, la primera Eucaristía. Y desde entonces, la Iglesia nos convoca a participar, sabiendo que es Cristo quien está con nosotros como Sumo Sacerdote de la Eterna Alianza.

Él lo dijo claramente: 'Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo" (Juan 6,51).


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