9a. Ordinario, Lunes

Y se puso a hablarles en parábolas: “Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: "A mi hijo le respetarán". Pero aquellos labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia”. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No han leído esta Escritura: “La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?”. Trataban de detenerle - pero tuvieron miedo a la gente - porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron (Marcos 12,1-12).

HOMILÍA

En los tiempos de Jesús la religión judía había caído en contradicción consigo misma, por culpa de aquellos que tenían la obligación de predicarla y sostenerla.

El puesto de Sumo Sacerdote prácticamente se negociaba con las autoridades romanas.

Y la mayoría de los sacerdotes pertenecían al grupo de los saduceos, que eran realmente unos incrédulos.

Esto pudo verse en las pocas confrontaciones que los evangelios nos traen entre ellos y Jesús. Marcos dice: “Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección” (12,18).

Con tal forma de pensar no era raro que rechazaran la posibilidad de que Jesús pudiera ser el Mesías, por cuanto sus enseñanzas les hacían ver que, de ser cierto, su preponderancia como jefes del pueblo llegaría a su fin. Tenían que combatir contra él.

Esto llevó a Jesús a inventar una parábola en la que presentó, como en una película, lo que iba a ocurrir.

La viña es el Reino de Dios. El la había confiado, en primer lugar, al pueblo de Israel, para que preparara la venida del Hijo. Mientras, sería guiado por el propio Dios - Yahveh - por medio de los profetas y también de los sacerdotes y levitas.

Pero los profetas, que son caracterizados por los emisarios que el amo de la viña enviaba a cobrar su parte, fueron maltratados, apaleados, y algunos de ellos asesinados. Sólo le quedaba al amo enviar a su propio Hijo, y a Este lo mataron también.

Después de eso el amo sólo podía quitar la viña a los asesinos y dársela a otros. El pueblo de Israel, por culpa de sus dirigentes, perdería el derecho de ser el Pueblo de Dios, y todos los pueblos de la tierra serian llamados a pertenecer a la Iglesia, que sustituiría a Israel, realizando una Nueva Alianza entre Dios y la humanidad.

Esta Nueva Alianza sería sellada con la sangre del Cordero Divino, Jesús, el Mesías, que entregaría su vida para que todos pudieran encontrar la salvación.

Bien que entendieron las autoridades judías que Jesús hablaba de ellos. Si les hubiera sido posible, allí mismo habrían prendido a Jesús para iniciar el proceso que lo llevaría a la muerte. Pero tuvieron miedo del pueblo. Tendrían que esperar.

Dios no los obligó a actuar así. Fueron culpables, aunque con la muerte de Jesús hicieran posible la redención de toda la humanidad.


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