9a. Ordinario, Martes

Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: “Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?” Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tientan ustedes? Tráiganme un denario, que lo vea”. Se lo trajeron y les dice: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” Ellos le dijeron: “Del César”. Jesús les dijo: “Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios”. Y se maravillaban de él” (Marcos 12,13-17).

HOMILÍA

Muchas explicaciones se han dado a estas palabras de Jesús. Lo único cierto es que, con ellas, el Divino Maestro se quiso librar de una trampa que le tendían sus enemigos.

¿Qué habría pasado si hubiese respondido afirmativa o negativamente a la pregunta que le hacían sobre el pago del tributo a los invasores romanos?

Pues que hubiera quedado mal de cualquier manera, y al final lo habrían acusado de ir contra el César, como así ocurrió después de todo.

Dios no está a favor de las opresiones que unos ejercen sobre otros porque tienen la fuerza. Pero El tampoco va a suplantarnos y hacer lo que a nosotros corresponde

¿Que existen césares en el mundo? Pues tenemos que buscar las soluciones por nosotros mismos.

Claro que podemos pedir ayuda de lo Alto, pero sin pretender que esa ayuda sea tal que se nos resuelvan todos los problemas sin tener que hacer nuestro propio esfuerzo.

La sociedad humana tiene sus organizaciones que, aunque imperfectas, ayudan a que existan el orden y el progreso. Cuando la autoridad es ejercida sin abusos y el que manda no lo hace para saciar sus apetitos, sino en beneficio del Bien Común, tenemos que acatar las leyes y pagar los impuestos, pues no hay nación que pueda prosperar si sus ciudadanos no cumplen con la parte que les corresponde.

Es verdad que en tiempos de Jesús no existía la democracia. Pero El no quiso hacer de sus discípulos unos rebeldes que promovieran cambios a fuerza de violencia. El propuso el camino de la conversión interior, pues si no cambiamos al ser humano la sociedad seguirá siempre a la deriva por más revoluciones que existan.

Tampoco deseó Jesus que sus discípulos se desinteresasen de lo que ocurre en la tierra para dedicarse sólo a pensar en el Cielo. Por el contrario, la tarea del cristiano, aquí y ahora, es ocuparse de las cosas de la tierra, incluyendo la forma de gobernar y mejorar la sociedad.

Así nos preparamos para dar cuentas un día al que nos juzgará sobre lo que hemos hecho por este mundo.


Volver a la Novena Semana del Tiempo Ordinario