5a. Pascua, Martes

Les dejo la paz, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde. Han oído que les he dicho: "Me voy y volveré a ustedes". Si ustedes me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean. Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado” IJuan 14, 27-31a).

Jesús nos asegura que no debemos tener miedo.

Y, ¿por qué tenerlo? ¿Es que acaso alguien o algo nos puede hacer mal? Vivimos en un mundo muy difícil, donde el temor va ganando terreno cada día.

Aunque no lo queramos, estamos como a la defensiva, pues sabemos que el mal anda suelto.

Leemos las estadísticas que nos dicen que cada tanto número de segundos se comete un nuevo delito, y es como para ponernos la carne de gallina.

Hasta nos da temor salir a la calle, o dejar la casa sola, no sea que cuando regresemos nos la encontremos saqueada.

Y eso que vivimos en un país donde las cosas no son tan malas. Porque hay lugares donde impera el narcotráfico, o las mafias, o el bandidaje, y la Ley prácticamente no existe, pues el Estado apenas controla la situación.

Hay países donde los niños y jóvenes son asesinados, y donde llegar a viejos es casi una odisea.

¿Y nos dice Jesús que no tengamos miedo? Parece como si nuestro Divino Maestro no conociera este mundo en el que nos ha tocado vivir.

Pero no, Jesús bien que lo conoce, y a pesar de todo nos vuelve a decir que no tengamos miedo, pues los que roban, asaltan o matan lo más que nos pueden quitar es la vida presente, pero no lograrán arrebatarnos el alma y la eternidad feliz que tendremos junto a Dios.

No vamos a ser ingenuos y salir a la calle desprevenidos. Hay que ser “astutos como serpientes” nos advierte Jesús.

Pero sabiendo que nuestra vida está en las manos del Señor, y que lo que El permita será lo mejor que nos puede pasar.

¿Quién dijo miedo?

Eso sí, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nada nos pase, pues ésa es nuestra obligación.

No es que podemos caminar despreocupados, sin tomar las debidas cautelas. Pero sin dejar que el temor anide en nuestros corazones. Cuando tenemos al Señor aun lo peor que nos pueda pasar no es nada, pues El nos sostendrá, nos guiará y nos dará esa alegría que nada ni nadie nos podrá arrebatar.


Volver a la Quinta Semana de Pascua