LA CONFIRMACIÓN

José Gómez Cerda

A mi nieta Tiana Gómez

He tenido la suerte de ser padrino de confirmación de mi nieta Tiana Gómez, dentro de un acto donde decenas de jóvenes, de ambos sexos, recibieron este sacramento, siendo miembros del segundo curso del bachillerato del Colegio de la Salle, de Santiago de los Caballeros; ahora soy abuelo y padrino de ella.

La confirmación es el sacramento que perfecciona la gracia bautismal fortaleciéndonos en la fe y haciéndonos soldados y apóstoles de Cristo, para difundir la fe y el Evangelio, personalmente o asociados, mediante la palabra y el buen ejemplo.

La confirmación la presidió el obispo auxiliar, de la Diocesis de Santiago de los Caballeros, Monseñor Plinio (Valentín) Reynoso. Asisiteron decenas de padres cuyos hijos fueron confirmados, entre ellos; José Martí Gómez, mi hijo, y su mujer Marilyn Figueroa, padres de Tiana.

El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana. La palabra, Confirmación, significa afirmar o consolidar.

A partir de la Confirmación nos convertimos en cristianos maduros y podremos llevar una vida cristiana más perfecta, más activa. Es el sacramento de la madurez cristiana que nos hace capaces de ser testigos de Cristo.

El Nuevo Testamento nos narra cómo los apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, iban imponiendo las manos, comunicando el Don del Espíritu Santo, destinado a complementar la gracia del Bautismo.

La materia de este sacramento es el "santo crisma", aceite de oliva mezclado con bálsamo, que es consagrado por el Obispo el día del Jueves Santo. La unción debe ser en la frente. "Recibe por esta señal de la cruz el don del Espíritu Santo".

. La cruz es el arma con que cuenta un cristiano para defender su fe.

Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación cristiana", cuya unidad debe ser salvaguardada.

La imposición de las manos, es considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés.

Para significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo.

La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia y de alegría; el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.

Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona, Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre.

Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, como es el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo.

La confirmación nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras, como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de él.

La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una vez.

La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el "carácter" que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo.

En los Hechos de los Apóstoles se dice:

"Al enterarse los Apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús" (8,14-16).

Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo, que es lo que hoy representa la confirmación católica.

En algunos países los padrinos de confirmación hacen una carta su ahijado(a), dándoles orientaciones para su futuro.

Ser padrino de confirmación es una muestra de amor hacia su ahijada, pero también como un servicio a Dios, acompañando a este nuevo cristiano en su desarrollo y madurez.

Acepto este reto y esta responsabilidad, que es para siempre, pues la calidad de hijo de Dios es eterna, por lo tanto es una tarea de amor, compañía, cuidado y orientación, que no termina cuando tu ahijada se hace adulta, sino que continúa por toda la vida.

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