EL DIVORCIO

ARNALDO BAZÁN

Era una pareja que dijo: “Nos vamos a casar”, cuando en verdad deberían haber dicho: “Nos vamos a divorciar".

Eso es lo cierto: muchos van al matrimonio como un simple paso para el divorcio. De antemano se sabe que no podrán mantenerse juntos por mucho tiempo y todo concluirá en puro fracaso.

La Iglesia defiende, porque es su estricta obligación, la indisolubilidad del auténtico matrimonio, ya que el propio Cristo así lo ordenó.

Cuando Jesús fue interrogado por los judíos acerca de la posibilidad de divorcio, fue tajante en su respuesta, señalando que “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mateo 19,6).

Es importante que entendamos la frase: “lo que Dios ha unido”, pues no se trata, simplemente, de la existencia de una ceremonia religiosa. No todos los matrimonios celebrados en una iglesia han sido “unidos por Dios”.

Tenemos que lamentar que los mismos obligados a defender la santidad del sacramento dejaron que éste se convirtiera, en no pocas ocasiones, en simple excusa para una ceremonia suntuosa.

No pocos prefieren el matrimonio “por la Iglesia” únicamente porque es “distinguido” y “luce bien”. Y es lógico que sea, ya que se gastan un dineral en adornos florales, con que llenan los pasillos y el presbiterio (donde está el altar), para que todo eso se resalte después en las crónicas sociales de los periódicos.

También hay “católicos” que, ante la imposibilidad de “casarse por la Iglesia”, cuentan con pastores de confesiones no católicas, pero con templos amplios y bellos, que celebran matrimonios sin andar averiguando demasiado. La cuestión es que la ceremonia tenga “caché” y se realice en un templo.

¿Qué se exigía a los novios hace ya algunos años? Pues casi nada.

Todavía hay quienes siguen sin entender la necesidad de una preparación adecuada, y tratan - creyendo hacer un gran favor a la pareja -, de aligerar los trámites y andar lo más rápido posible.

El resultado de todo ello es que muchas personas llegan al matrimonio sin saber siquiera por qué lo hacen en una iglesia, con la consecuencia de que una buena parte de los que aparentemente reciben el sacramento, terminan también en divorcio.

Uno sabe de sobras que la preparación, por mejor que sea, no lo es todo, y que seguiremos teniendo divorcios entre los que se casan por la Iglesia, a pesar de todo, pero nadie podría negar que cuando se toman medidas se estó ayudando a que las parejas se casen con una mayor conciencia frente a las responsabilidades que contraen.

Todo esto puede servirnos para comprender mejor el por qué tenemos tantos casos pendientes de estudio en los tribunales eclesiásticos, a fin de obtener una “declaración de nulidad”. Viendo las cosas con calma hemos de pensar que muchos de los matrimonios realizados en la Iglesia fueron nulos, pues no reunían los requisitos indispensables para considerarlos válidos.

Al aceptar la revisión de los matrimonios fracasados, para ver si procede una declaración de nulidad, la Iglesia lo único que hace es cumplir con un deber de justicia, pues no se trata simplemente de errores pasados, sino de aceptar que los seres humanos no somos infalibles, y que una pareja, por más ilusionada que se encuentre, podría muy bien haberse equivocado en su decisión.

Nadie puede, sin embargo, exigir de la Iglesia lo imposible, es decir, que acepte el divorcio como una solución normal a todo fracaso, pues eso sería premiar la irresponsabilidad y colaborar para que haya más fracasos.

Si una pareja se equivocó y se casa creyendo de buena fe que está contrayendo un matrimonio válido, al darse cuenta de su error y de la imposibilidad de vivir en común, tendrá siempre el derecho a que revisen su caso y se llegue a una eventual declaración de nulidad.

Pero si la pareja no se equivocó, sino que contrajo un matrimonio válido y luego, por culpa de uno de ellos o de ambos, su unión se vuelve imposible, no tiene nada que reclamar a la Iglesia, pues ésta muy bien podría responder que fueron ellos los que no cuidaron del tesoro, para el que un día reclamaron la bendición sacramental.

Si una de estas parejas presenta su caso ante el tribunal eclesiástico, de seguro que su petición de nulidad será denegada, ya que lo que hay que demostrar es que, desde el mismo principio, ese matrimonio no podía funcionar como tal. De no poder probarlo tendríamos que admitir que el matrimonio fue válido.

Se podría alegar que, en caso de que un matrimonio válido llegue al fracaso por culpa de una de las partes, la inocente no tiene por qué cargar con las consecuencias y se le debería permitir rehacer su vida sin ningún obstáculo.

Creo que es raro encontrar casos en que aparezca uno solo como el culpable del fracaso pero, de todos modos, la Iglesia no tiene autoridad para ello, como bien se desprende de las palabras del Señor: “Todo hombre que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio. Y el que se casa con una mujer divorciada de su marido, comete adulterio” (Lucas 16,18).

La Iglesia no deja de comprender a los que se ven impedidos de acercarse a la comunión por haber contraído un nuevo matrimonio no sacramental. Pero sólo puede revisar los casos y agotar las posibilidades de demostrar que hubo razones por las que dicho matrimonio nunca podría haber funcionado.

Mientras, entrega estos hijos a la misericordia de Dios, pero nunca podría poner en peligro la santidad misma del matrimonio por tratar de complacerlos, aparte de que con ello desobedecería las claras enseñanzas de su Maestro.

Los que van a casarse - no a divorciarse -, tienen que pensarlo muchas veces. No deben llegar a la decisión final sin tener la madurez necesaria para saber bien a lo que van. Si dudaran de que se trata de un compromiso para toda la vida, lo mejor es que se abstengan de atarse a una promesa que de ninguna manera podrán cumplir. Los que se casan por la Iglesia deben estar conscientes de que, al recibir el sacramento, están cortando toda retirada, Y si existen todas las condiciones para el éxito y cuentan con la gracia de Dios, el fracaso existirá sólo si uno o ambos se empeñan en destruir lo que juntos, tan bellamente, habían construido.

Arbazan34@gmail.com


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