EL RETO DE LAS DROGAS

ARNALDO BAZÁN

Cada día la prensa nos trae alarmantes noticias. El imperio de las drogas sigue extendiéndose sin que haya, al parecer, fuerza humana que pueda impedirlo.

Son muchos los crímenes relacionados con el tráfico de estupefacientes, y, lo que es todavía peor, millones de personas están arruinando sus vidas por culpa de su consumo.

Pero lo que realmente golpea las conciencias de muchas personas, es el hecho de que no parece posible encontrar soluciones a este problema, que en lugar de disminuir ha aumentado, día por día, desde hace ya varios años.

Ni siquiera un gobierno tan poderoso como el de los Estados Unidos, que tiene innumerables recursos a su disposición, ha demostrado tener la capacidad necesaria para combatir eficazmente esta plaga que amenaza con destruir los mismos cimientos de la nación.

Estamos, efectivamente, ante una guerra a muerte entre los traficantes de drogas y los encargados de preservar la salud, la vida y la seguridad de los ciudadanos.

El gran problema de las drogas es que tienen una demanda tremenda. Esto se debe al hecho de que producen estados de euforia que se asemejan a esa felicidad que todos, de una manera u otra, estamos buscando.

Existe, indudablemente, una gran insatisfacción colectiva, producto del engaño en el que vive la mayoría. Al dar las espaldas a Dios y buscar la felicidad en lo puramente terreno y material, se llega únicamente a la frustración, y entonces se produce una depresión y ansiedad que sólo es posible apaciguar a base de sensaciones instantáneas de profundo bienestar.

En tiempos pasados estas situaciones anímicas se trataban de resolver por medio del uso indiscriminado del sexo y del alcóhol, amén de explosiones de violencia y otras formas de escape que daban un compás de espera a quienes las padecían.

Para los más pudientes siempre había la alternativa de la vida muelle, del lujo, del exhibicionismo de la propia riqueza. Los pobres se las arreglaban, más que nada, con el sexo y el alcóhol.

Poco a poco fue haciendo su aparición una forma totalmente diferente, que aunque conocida desde siglos, nunca ganó la expansión ocurrida en las últimas décadas.

El opio era ya muy usado en China, desde épocas remotas, y su derivado, la morfina, ha sido utilizada desde hace tiempo con fines curativos. También los indios de Suramérica conocían la coca y la usaban diariamente como un paliativo contra el hambre y para resistir el cansancio y el llamado “soroche” o “mal de las alturas”. Todavía hoy un cocimiento de coca es sumamente apreciado como medicamento.

Sabemos que en el mundo hay seres que siempre buscan sacar el mejor partido de las situaciones para ayudar a sus semejantes, pero hay otros que, por el contrario, andan a la caza de oportunidades para beneficiarse a costa del prójimo.

No todos son del mismo calibre, desde luego, y existe una gama muy amplia de delincuentes. Los peores son aquellos que hacen del delito un negocio, una empresa bien organizada, y para ello emplean los más eficientes métodos, los individuos con menos escrúpulos y una fría y calculada manera de actuar que no repara en medios con tal de conseguir sus propósitos.

Todo el mundo conoce la “mafia”, pero ya ésta es una simple palabra que le queda pequeña al mundo del crimen. Hoy son muchas las organizaciones dedicadas a promover el delito en todas sus formas, aparte de los que actúan por su cuenta.

En este complicado “sub-mundo”, del que todos oyen hablar, pero del que muy pocos conocen a ciencia cierta todos sus vericuetos, hay especializaciones. Unos se dedican al robo, otros a los secuestros, a la prostitución, a las drogas, o a varias cosas al mismo tiempo.

El de las drogas es, casi sin género de dudas, el más peligroso, por cuanto es en el que se haya envuelta la mayor cantidad de dinero. También, por lo mismo, el que arroja mayor cantidad de delitos, de los que el asesinato no es el menos frecuente.

Un drogadicto, que es, en definitiva, una víctima de la situación creada por sus propias inseguridades personales, se convierte fácilmente en un delincuente, ya que, de no tener buenas entradas que le permitan comprar la droga, se ve ante la tentación de robar para seguir usándola.

Muchos han habido que, para conseguir el dinero, han hecho cualquier cosa, iniciándose así una cadena que luego no pueden parar.

Pero la mayoría de los crímenes los cometen los “traficantes”, que son los que andan tras el “dinero gordo” y no suelen sentir escrúpulo alguno si de dinero se trata.

Muchos hasta se matan entre ellos mismos, pues cualquier traición lleva consigo la pena de muerte, y como “la avaricia rompe el saco”, hay quienes “se pasan de listos” y tratan de engañar a los otros, consiguiendo con ello ser asesinados sin contemplación alguna.

El poder de los traficantes es enorme. Eso ha quedado demostrado hasta la saciedad. Pero este poder proviene sobre todo del dinero, que es capaz de corromper las conciencias de quienes más pueden hacer para detener el mal.

Si no hubiera políticos, funcionarios y policías corruptos el poder de los traficantes sería mucho menor.

Hay, además, el factor miedo. Esta gente “no se anda con chiquitas”. Llegan a cualquier cosa, y aterrorizan a la población, al ciudadano común, a fin de que no cooperen con las autoridades. Estos “matones”, hay que decirlo, forman un verdadero ejército, más bien una guerrilla, pero muy bien equipada, armada y dispuesta a todo, pues para eso les pagan, Por otro lado, si desobedecen las órdenes que reciben, pueden pagar con su vida.

Con todo esto, desde luego, los más afectados son los jóvenes. Que muchos de ellos no se den cuenta del grave peligro al que se exponen con la droga, es algo lamentable que todos tenemos que ayudar a resolver, incrementando los programas educativos destinados a este fin.

Pero que a nadie quepa duda de que el problema de las drogas es un reto que no sólo afecta a las personas, sino a la misma supervivencia de las naciones.

Nadie podría negar que uno de los más graves problemas sociales del mundo de hoy es éste.

Si no logramos detener esa carga venenosa que arruina las esperanzas del mañana, es decir, la salud mental y física de la juventud, podemos comenzar a lamentarnos, pues lo que nos espera será desastroso.

Arbazan34@gmail.com


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