LA LIBERTAD

ARNALDO BAZÁN

La libertad es uno de los regalos más grandes que Dios ha dado al hombre, pero también, quizás por su importancia, uno de los más difíciles de conservar.

El ser humano se ha visto siempre amenazado por la esclavitud en sus diversas formas, sea lo que lo encadena al vicio como la que lo encierra en una mazmorra, o lo obliga a trabajar para beneficio de otros, o a pensar según los dictados de un sistema.

La tendencia a oprimir al prójimo la lleva el hombre como un estigma de su naturaleza doblegada por el pecado.

Millones de personas se han visto encerradas en la cárcel por pensar en contra de los que pretendían imponerles sus propios criterios.

La historia del presidio político es muy larga y no se circunscribe a tiempos y lugares. Ha sido propia de todos los regímenes absolutistas y dictatoriales.

Este presidio es una infamia para aquellos que lo utilizan como un medio de amenaza y castigo para sus opositores. Donde hay presos políticos no puede existir la libertad.

La existencia del presidio político es una constante de todos los gobiernos con signo comunista. Y no podría ser de otro modo, ya que permitir la libre expresión de las ideas es abrir la puerta a la destrucción de un sistema que sólo es posible gracias a la supresión de todo virus de rebeldía.

Esto todavía lo seguimos viendo en China, en Cuba y en algunos países donde todavía se mantiene dicha ideología nefasta.

Pero también podemos verlo en todos aquellos países donde rige alguna dictura y los opositores están constantemente frente al riesgo, no sólo de caer presos, sino hasta de ser torturados o asesinados.

La libertad es un ideal por el que luchan millones de personas y es, al mismo tiempo, el escudo bajo el que se amparan muchos para cometer toda clase de tropelías.

Porque la libertad tiene que estar dirigida al bien o se convierte en una parodia que llamamos "libertinaje".

El mal uso de la libertad es tan dañino como la falta de la misma. En un país cualquiera, donde nadie se ve impedido de ir a donde quiera, pocos son los que se atreven a caminar, sobre todo a ciertas horas, por algunos sectores de las grandes ciudades.

El miedo a usar ese derecho es provocado por la acción de una minoría que ha tomado el camino del libertinaje, sin importarle que sus hechos delictuosos causen daño a los demás.

Es muy triste que una persona tenga que pasar sus mejores años en una cárcel por el único delito de disentir de la política oficial de un sistema. Pero también es lamentable que toda una sociedad se vea obligada a vivir entre rejas, aterrorizada por los delincuentes.

Porque la libertad no es sólo tener las manos y los pies libres de grilletes y cadenas, sino también la oportunidad de vivir sin temor, disfrutando de los medios necesarios para una existencia honesta y decorosa, sin sobresaltos sicológicos ni angustias económicas.

Que no haya pues miedos, ni hambre; ni desempleo; ni cadenas ni esclavos; ni explotados ni explotadores; ni ladrones, ni asesinos, ni violadores, ni traficantes, ni oprimidos ni opresores, ni dictadores ni tiranías, ni víctimas ni verdugos. ¡Qué lindo sería!

Pero parece que tendremos que esperar al cielo para verlo.

Arbazan34@gmail.com

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