LA PAZ

ARNALDO BAZÁN

Por estos días todo el mundo comenta acerca del peligro de la guerra y los deseos de paz se multiplican, como si lo que más anhelara la humanidad fuera ese bien inapreciable.

Pero, ¿tendremos paz solo porque evitemos que la amenaza de guerra llegue a convertirse en una horrible realidad?

La paz, sería bueno recordarlo, es fruto de un corazón nuevo, de una conversión interior, pues el pecado rompió el equilibrio, haciéndonos perder el reconocimiento de los mutuos derechos y, al mismo tiempo, la conciencia de los propios deberes.

Esta situación ha llevado al enfrentamiento de unos contra otros, y a la opresión de los débiles por los más fuertes.

BIENAVENTURADOS LOS PACÍFICOS

Se ha proclamado muchas veces que la paz es fruto de la justicia. Es en este sentido que podemos entender aquella frase de Jesús: "Bienaventurados los pacíficos" (Mateo 5,9), que también puede traducirse por "bienaventurados los que construyen o hacen posible la paz".

La palabra "pacifico" no necesariamente pertenece al género de los "pacifistas". Estos últimos pueden ser fáciles instrumentos de una política determinada o ingenuos acomplejados que echan la culpa de todo a un país, sin descubrir lo que pueda haber del otro lado.

Los únicos "pacifistas" aceptables son los que condenan cualquier situación injusta y contraria a la paz que pueda producirse en el mundo, sin importar dónde ni quiénes sean los responsables.

Los "pacíficos", esos que de verdad luchan por la paz y la construyen, no hacen mucho ruido ni usan pancartas, ni andan protestando contra nada. Ellos prefieren actuar, más que hablar.

Y es que la paz no se realiza con palabras sino con hechos. Por eso los "pacíficos" no están esperando a lo que los demás hagan, sino que se lanzan a hacer "a pesar de todo", y aunque tengan que remar contra la corriente.

Los "pacíficos", esos que alaba Jesús, son los que cada día, en cualquier parte y a todas horas, están haciendo posible la paz a su alrededor. Son los que jamás inventan excusas para cogerse lo que no les pertenece, ni lanzan palabras hirientes o desatinadas contra su prójimo, ni prometen devolver mal al que mal les hace.

Los "pacíficos" reconocen el derecho que tienen sus prójimos, convencidos de que la libertad propia termina donde comienza la ajena. Son los que no permiten que se les pague menos por su trabajo, pero jamás engañan a otro o tratan de sacar ventajas de las debilidades ajenas para así explotarlas a su favor.

CARACTERÍSTICAS DE LOS "PACIFICOS"

Los "pacíficos" son esos raros sujetos que prefieren perdonar antes que vengarse, prefieren pasar por alto las injurias y son capaces de hacer bien a su peor enemigo.

Los "pacíficos" exigen con energía sus derechos, pero nunca olvidan sus deberes. Tratan de comprender los puntos de vista de los otros, para aceptar o rechazar según la razón y no el capricho. No se encasillan en sus posiciones, sino que están dispuestos a reconocer sus errores, aceptando aquellas opiniones que consideren mejores que las suyas.

Los "pacíficos" prefieren siempre ser oprimidos que opresores, ser víctimas que verdugos, ser de abajo cuando ser de arriba supone vender el alma al diablo.

Los "pacíficos" prefieren ser muertos antes que matar, pero ¡no se equivoquen!, pues defenderán bravamente sus derechos y lucharán a brazo partido cuando el bien común sea lo que está en juego.

Los "pacíficos" - que todo el mundo lo entienda muy claro -, son más valientes que nadie, porque prefieren exponer sus propias vidas antes que las de millones de inocentes.

Están dispuestos a "jugarse el pellejo" para defender al pobre, a la viuda, al huérfano, al refugiado, al negro, al oprimido, al débil, al pecador, a todos los infelices de este mundo.

COMPROMISO POR LA PAZ

Estoy seguro que todos nosotros hemos de confesar debilidades, cuando se trata de examinarnos para descubrir si somos o no de los verdaderos "pacíficos".

Pero eso no ha de impedirnos renovar nuestro compromiso por la paz, no solo la que ahora, a nivel mundial, está en peligro por los conflictos ocasionados por los extremistas islámicos, sino la que tenemos que construir, cada día, a nuestro propio alrededor.

Hemos de orar para que nuestros políticos tomen las medidas oportunas a fin de preservar la paz, y solo usar de la violencia cuando no se encuentre otra salida razonable, pues la guerra, en una última circunstancia, podría ser la única manera de lograr una paz duradera.

Con todo, sería bueno que nuestros deseos de paz no se queden en simples lamentaciones por los jóvenes compatriotas que pueden arriesgar sus vidas en la empresa. El mundo necesita urgentemente de la paz y nosotros solo podemos construirla haciendo nuestra parte aquí y ahora.

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