LA LUCHA CONTRA EL CRIMEN

ARNALDO BAZÁN

Muchas veces pecamos de exigentes cuando se trata de acabar con la delincuencia, pero es poco lo que, a nivel general o individual hacemos por terminarla.

Parece que la deducción lógica de mucha gente es que si pagamos nuestros impuestos y la Policía cobra por sus servicios, ¿por qué tenemos que preocuparnos de algo que es de la exclusiva competencia del cuerpo policial?

A simple vista esto parece correctísimo, pues hasta se podría agregar que, por ley, el ciudadano común no tiene derecho a andarse inmiscuyendo en asuntos tan peligrosos, ya que son los agentes del orden los investidos de autoridad para actuar en ellos.

El problema es el siguiente: todo eso está muy bien cuando se trata de un lugar donde el delito es algo extraordinario, por lo que con un cuerpo de Policía adecuado estas cosas se manejan éticamente.

Pero cuando estamos en lugares, como en las ciudades grandes, con miles de delincuentes potenciales, y con enormes dificultades para vigilarlos, sorprenderlos y capturarlos, el mejor cuerpo de Policía es incapaz de llevar a cabo un labor efectiva.

IMPUNIDAD DE LA DELINCUENCIA

La cooperación de la ciudadanía se hace totalmente necesaria. Y esto de muchas maneras. Ha sido bastante común que delincuentes conocidos como tales por la Policía se hayan pasado años y años, impunemente, sin que puedan ser llevados ante los tribunales. ¿La razón? Que no se les puede probar nada.

Se comete un delito delante de cientos de personas y no aparece una sola dispuesta a declarar. El miedo nos acobarda, nos paraliza, pero al mismo tiempo les da alas a los delincuentes para seguir adelante en su labor destructora de la sociedad.

Ellos, que son unos cobardes sin conciencia, que actúan con total desprecio de las vidas ajenas y hasta de la propia, no porque sean valientes, sino porque carecen de los más elementales valores humanos, ganan así la libertad para actuar de acuerdo a sus propios planes.

Frente al delito, por lo tanto, no nos queda más remedio que unirnos y luchar. No le podemos dejar todo el trabajo a la Policía, porque así nunca vamos a sentirnos libres de esta plaga que, lejos de disminuir, parece aumentar cada día.

EL RESPETO SE CONQUISTA

No estoy hablando, por supuesto, de salir a la calle armados en busca de delincuentes. No es cuestión de que cada uno se tome la justicia por su mano, sino de hacer funcionar los medios legales con que cuenta una sociedad libre y organizada para defenderse de los que no respetan las leyes y pretenden destruir los cimientos mismos de la convivencia respetuosa entre semejantes.

Hay que reconocer que no todos los ciudadanos han estado ociosos. Hay muchos que ya se han dado cuenta de esta necesidad desde hace tiempo, lo que les ha llevado a fundar organizaciones, cuyos miembros tratan de estar alertas a fin de ayudar a la Policía a localizar y hacer más fácil la captura de los delincuentes.

Cooperar de esta manera anónima no perjudica a nadie, por cuanto todo puede hacer por teléfono, o por las vías que nos ofrece el Internet, sin tener necesariamente que identificarse.

Pero "otro gallo cantaría" si los malhechores aprenden, de una vez por todas, que hay ciudadanos dispuestos a denunciarlos y a no dejarse amedrentar por sus bravuconadas, aunque éstas, a veces, puedan convertirse en una amarga realidad.

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Esta es una frase bastante vieja, pero no por ello sin vigencia actual. Por el contrario, la unión sigue siendo un elemento importantísimo en la lucha contra el crimen en sus múltiples facetas. Es cierto que muchos podrían decir: "Nosotros llamamos a la Policía y no apareció sino después de mucho tiempo". Todos sabemos que esta queja es bastante común.

Pero es que no se trata solo de la Policía. Esta es una realidad que se hace más crítica por día. Si queremos, pues, vivir más tranquilos y librarnos de las angustias que produce la multiplicación de los delitos, hay que luchar brazo a brazo con los agentes del orden, de modo que esta cooperación mutua produzca sus frutos.

Y si la Policía no quiere hacer caso de los esfuerzos de los ciudadanos, entonces habrá que exigir de los funcionarios elegidos que despidan a todos los agentes que no son capaces de cumplir con su deber de librar a la sociedad de la amenaza de los delincuentes.

ALGO HAY QUE HACER

Hemos llegado a un momento en que ni siquiera se respetan las iglesias. Con frecuencia tenemos noticias, de que individuos sin escrúpulos han penetrado en una iglesia para robar, o lo que es peor todavía, han aprovechado las horas de culto, especialmente dominicales, para actuar en los parqueos robando carros o desvalijándolos.

Esto significa que ya, prácticamente, no hay lugares seguros, por lo que no queda más remedio que multiplicar los cerrojos y las rejas en puertas y ventanas.

¿Llamaremos a esto vivir en una democracia? ¿Podemos decir que esto es disfrutar de libertad?

Claro que no, y si no hacemos algo, todos aportando su granito de arena, estamos condenados a vivir en el temor, aterrorizados por unos cuantos valentones que no temen a nada, pues no tienen aprecio ni de sus propias vidas.

No olvidemos que la mayoría de los delincuentes son gente con una mente enferma. No les tengamos odio, pero unámonos para evitar que nos hagan daño.

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