LA OTRA MEJILLA

ARNALDO BAZÁN

Las palabras de Jesús no parecen dejar lugar a dudas: “No hagan frente al que los ofenda. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuelvele también la otra (Mateo 5, 39). Si las interpretamos al pie de la letra, podríamos sacar conclusiones erróneas, por lo que creo oportuno que las analicemos a la luz del propio Evangelio.

Jesús trató de poner en claro que no siempre lo que se había dicho en el pasado era correcto, sino que se fue aceptando por pura conveniencia. Así lo de “ojo por ojo y diente por diente”.

El quiere enseñarnos que la venganza como tal no está permitida, pues queriendo cobrar una ofensa nos convertimos en ofensores. Si hacemos al otro el mismo mal que él nos ha hecho, nos volvemos tan malhechores como él.

Este es el verdadero espíritu que brota de las palabras del Maestro: No podemos vengarnos.

LA PRÁCTICA DEL PROPIO JESÚS

Otra cosa es soportar impávidos las injusticias y dejar que los malvados hagan lo que quieran, pues en ese caso seríamos unos cobardes incapaces de defendernos o salir en defensa de otros.

No podría entenderse bien la frase aludida sin ver lo que hizo Jesús cuando le llegó la ocasión.

Esto ocurrió después que lo cogieron preso y lo llevaron ante el Sumo Sacerdote. Este le interrogó acerca de su doctrina y Jesús respondió diciéndole que siempre había hablado claramente, y que podía preguntarle a los muchos que lo habían escuchado. Dice Juan: "Apenas dijo esto, uno de los guardias presentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así le contestas al Sumo Sacerdote? Le replicó Jesús: Si he faltado en el hablar, declara dónde está la falta; pero, si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?" (18, 22-23).

Como vemos Jesús no puso la otra mejilla para recibir una nueva bofetada, sino que pidió explicaciones y defendió su conducta.

¿Quiero entonces decir que Jesús decía una cosa y hacía otra? Pues tampoco. Algunas de sus palabras nos suenan demasiado duras porque queremos darles un sentido literal que no estaba en la intención del Divino Maestro.

El nunca nos ha enseñado que tenemos que dejarnos matar sin hacer nada por evitarlo. El mismo usó de su fuerza de persuasión para evitar ser atropellado, como ocurrió en Nazaret, cuando acusó a sus compoblanos de incredulidad (ver Lucas 4, 28-30).

En Getsemaní, cuando iba a ser aprehendido, mostró primero que se dejaba coger porque quería, y no porque aquellos facinerosos tuvieran poder para prenderlo (ver Juan 18,6). Lo mismo le hizo ver a Pedro: “¿Piensas que no puedo acudir a mi Padre? El pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles. Pero, ¿cómo se cumpliría entonces la Escritura, que dice que esto tiene que pasar?” (Mateo 26, 53-54).

DEFENSA PROPIA

La doctrina de la defensa propia no está claramente expuesta en el Evangelio, pero puede deducirse perfectamente de sus enseñanzas. Y esto puede aplicarse también al que sale en defensa de algún inocente. Cierto que Jesús detuvo la mano de Pedro cuando la descargó con furia justificada ante los malhechores que iban en su búsqueda. Pero la verdadera causa la explica en su respuesta al apóstol: “El trago que me ha mandado beber el Padre, ¿voy a dejar de beberlo?” (Juan 18,11).

Es indudable que el discípulo de Jesús tiene que pensarlo muchas veces antes de atentar contra la vida de una persona. No es ni puede ser su modo de vida andar cobrando las injurias que se le hacen, ni tomando parte en pleitos y peleas.

Con todo, ¿qué hacer cuando alguien viene directamente a hacer violencia en contra de uno?

¿Hay que dejarse matar? ¿Hay que permitir que el otro haga lo que quiera?

Está claro que no. En el Antiguo Testamento tenemos el caso de los Macabeos, narrados en los dos libros de su nombre. Hasta el pueblo de Modín, donde vivían Matatías y sus hijos, llegaron los funcionarios del rey Antíoco Epifanes, soberano de Siria y conquistador de Egipto y Palestina, obligando a los judíos a acatar las órdenes reales de apostatar de la religián judaica y adorar dioses falsos.

Matatías y sus hijos, llamados después Macabeos por el sobrenombre de uno de ellos, Judas, se sublevaron contra aquello. Y no sólo se opusieron abiertamente a las órdenes del rey, sino que, después de haber degollado al funcionario real y a un judío que se había adelantado a ofrecer un sacrificio blasfemo, se lanzaron a la guerra para defender sus principios.

BUENOS PERO NO TONTOS

“Poner la otra mejilla”, por lo tanto, hay que entenderlo, según el propio contexto evangélico, como un no a la venganza, y la recomendación de que un discípulo de Jesús tiene que preferir siempre ser ofendido que ofensor, ser víctima que victimario.

Con todo, en modo alguno se puede colegir del Evangelio que el discípulo no pueda defenderse en caso de ser atacado, o exigir el debido respeto a sus derechos como ser humano.

Si no podemos atacar a nadie, sí tenemos el derecho y hasta el deber, de rebelarnos contra la injusticia, y si para ello se hace necesario el uso de la violencia, se podría recurrir a ella como un último recurso.

Sólo así podríamos evitar los abusos y preservar la propia dignidad frente a las pretensiones de otros, para disfrutar de una sana paz en la convivencia con los demás.

Un cristiano no es un tonto asustadizo, sino un ser humano consciente de su dignidad, la que sabrá defender por todos los medios legítimos frente a aquellos que se la quieran mancillar.

Arbazan34@gmail.com


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