EL ODIO EN NOMBRE
DE UN DIOS FALSO

ARNALDO BAZÁN

El grito de "Allahu Akbart", que en árabe significa "Alá es el más grande", ha vuelto a resonar con toda su fuerza en la capital de Francia, la llamada "ciudad luz", París.

Los que gritaban tal cosa lo hacían con odio, con odio contra los "infieles", que es lo que enseña la religión fundada, en el siglo VII, por un individuo con grandes dotes llamado Mahoma, que las usó para tratar de someter a todo el que se cruzó en su camino.

Desde el principio, Mahoma pretendió ser aceptado como el verdadero "Enviado de Dios", más grande que todos los profetas del Antiguo Testamento y que el propio Jesús.

Aunque Jesús fue anunciado a través de toda la historia de Israel, como el Ungido de Dios, que es lo que significa la palabra Cristo, a Mahoma nadie lo mencionó jamás en ninguna escritura ni profecía.

Pero a él se le ocurrió la idea de que era capaz de fundar una nueva religión y ¡vaya que lo consiguió! Pero para lograrlo tuvo, desde el principio, que usar de la fuerza, de las amenazas y de las armas.

De la Biblia nunca se ha dicho que haya sido dictada directamente por Dios, sino que los escritores que a través de varios siglos fueron aportando sus diversos libros, lo hicieron "inspirados" por el Espíritu Santo para revelar la verdad al pueblo de Israel.

Pero Mahoma se inventó que lo de él era mucho mejor. De acuerdo a su afirmación, fue el ángel Gabriel, nada menos que el mismo que nos presenta el evangelio de san Lucas (1,26-38) anunciando a María que sería la madre del Mesías, quien le dictó, palabra por palabra, el Corán, considerada por sus seguidores como una Escritura superior a la Biblia.

¡Bien listo el hombre! Así que no hay vuelta de hoja. Según Mahoma todo lo que dice el Corán le fue transmitido directamente, sin género de dudas ni equivocaciones.

Todo el que lea el Corán puede darse cuenta de que, en gran parte, es un plagio de la Biblia. Pero eso no lo tienen en cuenta los que, durante siglos, han estado sometiendo a la gente a un lavado constante de cerebro, para que no puedan pensar de otra manera.

Desde un comienzo, como puede darse cuenta cualquiera que conozca la historia del Islam, que es el nombre de la tal religión, los seguidores de la misma tenían que someterse a los dictados de los que habían sido elegidos para ser sus instructores, llamados imanes.

Los musulmanes son gobernados en una forma de dictadura, y pobre del que se quiera apartar de los dictados de su religión. Está totalmente prohibido pasarse a otra cualquiera, pues en ese caso quien lo intente se está enfrentando a la pena de muerte.

Los propios padres están obligados a someter a sus hijos que estén pensando en otra forma de creencia. Y han sido muchos los que han asesinado a sus hijos cuando se dan cuenta de que se han convertido a otra religión.

Pero lo que realmente buscan los dirigentes del Islam es el dominio total del mundo. Su aspiración es destruir el Cristianismo y toda otra religión. Eso es lo que están tratando de hacer desde el siglo VII, y ha habido ocasiones en que casi han logrado dominar una buena parte del mundo.

Lo que hoy está pasando no es nada nuevo. La propia Europa estuvo sometida en parte al Islam. Tenemos el caso de España. Sabemos que tuvo que sufrir por varios siglos la dominación musulmana.

Fue poco antes de que Cristóbal Colón, al servicio de España, lograra llegar a las tierras de América, que por fin se pudo expulsar a los musulmanes que aun quedaban dominando la parte sur del país. Fueron los llamados "reyes católicos", Isabel y Fernando, los que lograron tal hazaña.

La idea de dominación universal está presente en los musulmanes. El Corán les enseña a luchar en contra de los "infieles", que son todos los que no son musulmanes. Hay que luchar hasta que, al final, solo existan musulmanes en el mundo.

¡Qué diferente es el amor que Jesús pide a sus seguidores, amando incluso a los enemigos! No nos debe extrañar, pues, que cosas como las que han ocurrido en París, sigan ocurriendo. Estamos en una guerra que no hemos querido. Pero tenemos en Dios un Padre que nos ama y no ha de permitir el triunfo del enemigo.

No olvidemos que Jesús nos promete: "Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20b).

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