LA REALIDAD DEL PECADO

ARNALDO BAZÁN

Somos pecadores. Eso es algo que no hemos podido borrar ni siquiera con el bautismo. Cristo vino para que pudiéramos salvarnos, a pesar de nuestros pecados, pero su sacrificio en la cruz no nos hizo impecables.

Malo para nosotros que desearíamos poder evitar esa situación conflictiva que nos hace sufrir en la conciencia. Hay quienes viven tan tranquilos, sin que nada les importune, pues para ellos el pecado no tiene casi ningún significado. Es una realidad indiferente en sus vidas.

Frente a este hecho tenemos la tentación de envidiarlos, pues los tales parecen vivir mejor, sin que ningún problema de conciencia los atormente. Pero, ¿tenemos de verdad razón para ello? Por supuesto que no.

Nos puede parecer que el que vive sin conciencia no se ve perturbado en su tranquilidad, pero en esa situación lo que muchos sienten es un grandísimo vacío.

He tenido la oportunidad de hablar, por ejemplo, con jóvenes criados en un ambiente arreligioso, para quienes todo tiene una excusa, pues viven en forma primitiva y utilitaria. Tratan de pasarlo bien y nada más. Si con ello perjudican a otros los tiene sin cuidado.

Pero, ¿no es esta una triste forma de vivir? ¿Podríamos sentir envidia por quienes no conocen las promesas de Dios y no tienen ninguna esperanza para el futuro.

SENTIDO DEL PECADO

El cristiano, al adentrarse en los caminos de Dios, descubre también el sentido y la realidad del pecado en su vida, por lo que siente dolor por lo que ello conlleva de ofensa a Dios.

Esto lo obliga a un serio compromiso de lucha, pues ha descubierto que el pecado, por pequeño que parezca, lleva siempre consigo un germen negativo que ha de influir necesariamente para mal de alguien, aunque sea uno mismo.

No se trata, por supuesto, de sentir angustia ante la propia realidad pecadora, ni de ver pecado donde no lo hay. Es muy de lamentar que haya personas para quienes la lucha contra el pecado se convierte en una verdadera tragedia, pues su mente se puebla de fantasmas y su visión del pecado se estrecha de tal forma que vive aterrado por el miedo a pecar.

Esto es lo que se llama “escrúpulos”. Quienes los han padecido saben lo terrible que esta experiencia puede ser. Y los sufrimientos y congojas que han tenido que pasar.

El sentido del pecado no puede convertirse en escrúpulo ni en complejo. Ambas cosas serían enfermizas e impedirían que la persona pueda emprender una vida espiritual en constante crecimiento.

El cristiano ve el pecado como una lamentable realidad en su vida, que lo obliga a estar siempre en guardia, alerta a las tentaciones del Enemigo, pero sin permitir que este cuidado arruine su vida.

CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD DEL PECADO

Uno de los problemas que debemos tener muy en cuenta es que el pecado fundamental del ser humano es la soberbia.

Ha sido muy lamentable que, con frecuencia, sólo veamos pecado en aquello que nos causa placer, sobre todo lo sexual, de tal forma que toda esta materia la llegamos a considerar como el mayor pecado que existe.

Esto sería contrario a las enseñanzas de Jesús tal y como aparecen en el Nuevo Testamento. Pues aunque no podemos dejar de reconocer que el libertinaje sexual es contrario a la Ley de Dios, no es, con todo, lo peor.

La razón del pecado es algo importante. Pues hay pecados que se cometen por pura debilidad y otros que son el producto de un corazón corrompido.

Cuando lo que actúa es la debilidad o el miedo, se atenúa bastante la responsabilidad del pecador. Pero cuando el individuo ha permitido que su corazón se corrompa, entonces su situación es mucho más lamentable, por cuanto su alejamiento de Dios es mucho mayor.

La gran mayoría de la gente peca por debilidad, por ignorancia o por miedo. Esa es la razón de que lo que nos causa placer nos lleve muchas veces a una situación de pecado.

Pero no podemos olvidar que si algo mide la gravedad del pecado es el daño que podemos causar a otros o el bien que dejamos de hacerles.

EXAMEN EN EL AMOR

De la gravedad de los pecados nos habla el propio Jesús. Es El quien, sin disminuir la obligación de evitar otro tipo de pecados, afirma que los condenados recibirán su sentencia oyendo esta palabras: "Apártense de mi, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era forastero y no me recogieron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron" (Mateo 25,41-43).

Esto es lo que llama san Juan de la Cruz “el examen en el amor” que nos harán “al caer de la tarde”.

No nos puede quedar duda alguna de que, para Dios, los peores pecados son aquellos que van contra el prójimo. Pero fijémonos que ni siquiera habla del que comete crímenes, o tortura, o explota, sino de los que “dejaron de” hacer algo que se suponía era su deber. Se trata, más que nada, de “pecados de omisión”, de esos que muy pocas veces confesamos.

Esto es una clara señal de que si resultarán condenados aquellos que “dejaron de” hacer lo que debían, ¿qué será con los que actúan directamente en contra del prójimo?

Arbazan34@gmail.com


Volver a Precisiones