INTERPRETACIÓN RACIONALISTA
DE LA BIBLIA

ARNALDO BAZÁN

Hace algunos años un grupo de supuestos "estudiosos" de la Biblia se reunieron para determinar cuáles de las palabras, atribuidas a Jesús por los evangelios, fueron auténticas y cuáles no.

Lo que pretendían era llegar a conclusiones sobre el particular, partiendo de no sé qué bases ni de no sé qué pretendidos fundamentos.

Lo cierto es que dichos "expertos" determinaron que algunas frases, como aquella en la que Jesús afirma que "volverá al final de los tiempos en gloria y majestad" (Marcos 14,62), fueron pura invención de los discípulos, que las atribuyeron a su Maestro dejándose llevar de la euforia de los primeros tiempos.

No hay que ser fundamentalistas para rechazar tal disparate. Una cosa es que en los evangelios aparezcan frases que fueron dichas por el Señor no exactamente con las mismas palabras, ya que por entonces no existían grabadoras ni tan siquiera taquígrafos, y otra es que los apóstoles y discípulos se hayan puesto a inventar con el deliberado propósito de engañar.

LOS PRIMEROS INCRÉDULOS

Así tenemos, por ejemplo, el caso de abierta cobardía que casi todos los apóstoles cometieron, al abandonar a su Maestro en los momentos de mayores dificultades, y su incredulidad inicial después de la Resurrección.

Solo Juan se escapa a la crítica, ya que fue el único que se mantuvo firme en aquellos duros momentos, pero es posible que aun éste tuviera sus dudas sobre el hecho mismo de que Jesús pudiera resucitar de entre los muertos.

Tenemos el caso de Tomás, que no quiso aceptar el testimonio unánime de todos sus compañeros, y hasta prorrumpió en aquella frase que demostraba su falta de fe: "Si no meto mis dedos en sus llagas y mi mano en su costado, no creeré" (Juan 20,25).

Luego todos ellos recordarían que Jesús les había dicho, en varias ocasiones, que el Mesías tenía que padecer y morir, pero que al tercer día resucitaría. Con todo, tales palabras quedaron olvidadas en aquellas tristes horas en que todo parecía perdido, viendo a su Maestro escarnecido, pisoteado, azotado, despreciado y luego colgado de una cruz entre dos rebeldes.

REINTERPRETACIÓN DEL MENSAJE

Es lógico que la comunidad de los creyentes tuviera que reinterpretar todo el mensaje de Jesús a la luz de los acontecimientos posteriores, así como nosotros reinterpretamos el mensaje del Antiguo Testamento a la luz del Nuevo.

Pero esto no puede significar que los apóstoles y discípulos de la primera hora hayan cambiado significativamente nada de lo que es esencial.

¿Qué podrían sacar con ello? Pues sabemos que ninguno logró beneficio material alguno con la predicación del mensaje cristiano, sino que, por el contrario, tuvieron que sufrir persecución, torturas y muchos de ellos la muerte, precisamente a causa del Evangelio.

Nadie puede negar inexactitudes en la obra de los evangelistas, pues como sabemos, a pesar de la inspiración divina, actuaban con las limitaciones propias de seres humanos. Lo que de ninguna manera podemos aceptar es que estas posibles equivocaciones afecten lo esencial del mensaje, de tal manera que hagan mentirosa la enseñanza.

Los que son capaces de firmar con sangre su testimonio no pueden ser culpables de algo semejante.

LA IGLESIA SOBREVIVE

A través de los veinte siglos de su historia, la Iglesia ha tenido que enfrentar toda clase de afirmaciones contrarias a sus enseñanzas, pues cada quien es libre de pensar en forma diferente.

Esto ha arreciado en los últimos siglos, en los que han surgido escritores, pensadores, filósofos e ideólogos, empeñados en socavar las doctrinas cristianas para hacer prevalecer sus propios puntos de vista.

Los racionalistas han atacado los conceptos cristianos tratando de hacer ver que los evangelios no tienen asidero real, porque todo lo basan en la fe, sin ofrecer argumentos comprobables.

Los filósofos y pensadores ateos han luchado por arrancar todo concepto religioso de las mentes, argumentando que se trata de patrañas o de puras ilusiones que mantienen atrasado el espíritu humano.

Se ha considerado al creyente como un desfasado, alguien que vive en la oscuridad de las cavernas, y se ha trabajado para desprestigiar por todos los medios las ideas cristianas, presentándolas como contrarias a las ciencias y, por lo tanto, inaceptables para el hombre moderno.

Nada de esto, sin embargo, ha logrado destruir la fe de la Iglesia, ni empequeñecido las enseñanzas de Cristo, que siguen en pie pese a los vendavales de ideas adversas, como sigue en pie la Iglesia a la que El prometió que los poderes del infierno no prevalecerían contra ella (Mateo,16,18)).

Arbazan34@gmail.com

Volver a Precisiones