LAS ESTÚPIDAS RAZONES DEL RACISMO

ARNALDO BAZÁN

Las razas son el producto de cambios que han ido ocurriendo a lo largo de decenas de miles de años dentro de la misma familia humana.

Por más diferentes que sean las diferencias en el color de la piel, no hay maneras de probar que esto influya en el funcionamiento del cerebro y en las capacidades intelectuales de los individuos.

Así como hoy sería absurdo defender la superioridad del varón sobre la mujer, que por tantos siglos fue tenido como indiscutible, también lo sería pretender que los blancos constituyen una raza superior.

Las variaciones que notamos entre los diversos grupos étnicos provienen más bien de causas históricas, políticas, culturales, sociales y hasta geográficas, que han permitido a los blancos gozar de cierta preeminencia en el mundo.

No olvidemos, sin embargo, que los chinos - por poner un ejemplo - tuvieron una de las civilizaciones más antiguas que existen. ¿Por qué hoy la China está prácticamente recomenzando de nuevo, mientras que el Japón, con similares rasgos étnicos, se encuentra entre los gigantes del desarrollo tecnológico?

Los pueblos no dependen sólo de su condición de seres humanos para su avance, sino que requieren de circunstancias y posibilidades que no siempre tienen. América Latina, en buena parte, fue colonizada por los españoles, que lograron ser un tiempo una gran potencia. ¿Por qué esa gran diferencia con el desarrollo alcanzado por Estados Unidos o Canadá?

No es la raza, sino la cohesión cultural, la disciplina, la organización, y el disponer de líderes honestos y capaces, entre otras cosas, lo que permite a los pueblos superar sus limitaciones y alcanzar el nivel que llamamos “desarrollo”.

Los romanos del pasado lograron construir un imperio que dominó gran parte del mundo de entonces. Hoy Italia lucha por mantenerse como nación desarrollada, pero sin aires de grandeza ni sueños imperiales.

En Estados Unidos existe un mosaico racial impresionante. Es indiscutible que aquellos que llegaron primero han tenido las mejores oportunidades, sobre todo porque, después de asentados en estas tierras de promisión, se dedicaron a impedir que otros logaran la misma meta.

Primero fueron los indios, a quienes se combatió con violencia, para arrancarles sus derechos ancestrales como amos y señores de estas tierras, en la que vivieron sus antepasados desde tiempos inmemoriales.

Luego los negros, traídos aquí como esclavos, y a quienes todavía hoy hay quienes consideran seres inferiores que no merecen comer en la misma mesa que los blancos.

Por último los hispanos y asiáticos, que en su gran mayoría han venido buscando lo mismo que aquellos que llegaron primero: libertad y trabajo.

Este país es, sin duda, el más generoso de la tierra a la hora de aceptar al inmigrante. Pero no siempre las actitudes individuales, están a la altura de las leyes, y hay todavía una gran capa de resentimiento social que está costando mucho trabajo hacer desaparecer.

No olvidemos, sin embargo, que Estados Unidos debe en gran parte su grandeza a los aportes recibidos de las muchas culturas y razas que lo integran, pues cada una ha ofrecido defectos y virtudes.

Los prejuicios impiden reconocer los valores de cada cultura, con lo que caemos en la postura “red-neck” que, mientras supervalora los propios talentos, desprecia, “a priori”, los de los demás. Durante años, por ejemplo, se impidió a los negros jugar en las Grandes Ligas de beisbol. Tenían que contentarse con sus propios equipos, donde surgieron astros que fueron comparables a los mejores de entre los blancos. Hoy en día disfrutamos de la gran calidad que ofrecen los atletas, sin importar el color de su piel. Esto mismo podríamos decir de otras actividades.

Sin embargo, siglos de discriminación y relegación a un segundo plano no logran borrarse en un dos por tres. Tendrán que pasar muchos años hasta que el nivel de instrucción y educación de los negros logre estar a la par con la de los blancos.

Algo similar ocurre con los hispanos, y todavía peor, por cuanto la corriente migratoria procedente de América Latina está en su apogeo, y es posible que ya no cese jamás.

Esto, necesariamente, da a los hispanos una gran desventaja como grupo étnico, por cuanto los que emigran, en general, son los menos favorecidos y preparados, ya que son los que han tenido menos oportunidades de progresar en sus propios países.

No podemos aceptar el racismo ni al derecho ni al revés. Dios ha creado una sola familia humana, dándole diferencias que son una verdadera riqueza. Tenemos que aprovecharlas en lugar de maldecirlas.

El racismo sólo tiene una razón, la de la soberbia que pretende imponerse a la fuerza, allí donde el ser humano ha perdido la fuerza de la razón.

Arbazan34@gmail.com


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