EL RESPETO A LA CONCIENCIA

ARNALDO BAZÁN

La Iglesia inaugura el año civil con una Jornada por la Paz. La intención es clara: poner en la mente de todos, pero especialmente de los católicos, la importancia de ese elemento indispensable para la convivencia armoniosa.

Pero la paz no es como el agua, que se nos da en abundancia y sin que nadie tenga que pagar directamente por ella. (Sabemos que lo que se cobra no es realmente el agua, sino los sistemas que permiten recibirla en la propia casa).

La paz hay que construirla. Por eso, cada año, el Santo Padre lanza una consigna que nos permita entender los caminos por los que transita la paz.

RESPETO A LA CONCIENCIA DE CADA PERSONA

Hace algunos años la consigna fue:

SI DESEAS LA PAZ, RESPETA LA CONCIENCIA DE CADA PERSONA.

¿Qué significa esto? Para saberlo tenemos que llegar a definir lo que es “conciencia”.

En este contexto podríamos entender por “conciencia” lo que cada persona cree con íntima convicción, aquello por lo que está dispuesta a vivir y morir.

Es muy hermoso que la Iglesia proclame a los cuatro vientos esa necesidad de respeto, que ella misma, en el pasado, tantas veces conculcó.

En otros tiempos se ponía “LA VERDAD”, tal y como la entendía la Iglesia, por encima de todo, por lo que, en nombre de esa Verdad se cometieron muchos abusos.

No hay más que recordar los muchos errores cometidos, de muy buena fe, por los misioneros que vinieron a América o fueron a otras partes del mundo. En nombre de “la Verdad” arremetieron contra las creencias, los ritos y la fe de los pueblos, creando, en ocasiones, una verdadera herida en el alma cultural de los mismos, lo que ha resultado luego bastante difícil de sanar.

No hablemos de la Inquisición, que fue quizás, por parte de la Iglesia, el peor ejemplo que haya podido existir, de abuso contra la conciencia de la gente.

Proclamar, pues, que la paz se construye en el respeto por lo que uno piensa y cree, aún cuando puedan ser errores, es reconocer las culpas del pasado y mirar hacia el futuro optimistamente, pues con simples lamentaciones nada se logra.

LA CONCIENCIA REPRIMIDA

Si hay algo que ha sido perseguido a través de la Historia es la conciencia individual de cada quién.

Si removemos los recuerdos colectivos podríamos encontrar montañas de casos de gente que ha muerto por defender lo que era su “conciencia”. Pues aunque hay muchos seres humanos que se venden por cualquier cosa, es innegable que también hay una parte limpia de la humanidad que está dispuesta a “vender cara su conciencia” y defender sus principios, no importa lo equivocados que estén, con la propia vida.

Todos los credos y todas las ideologías han tenido sus mártires. Los cristianos no hemos sido los únicos. Recordemos el sufrimiento de los judíos, largo tiempo perseguidos, o de los protestantes en tierras de católicos, o de los católicos en tierras de protestantes, o de unos y otros en países comunistas o donde imperan otras religiones o regímenes dictatoriales de derecha.

La Historia esta ahí para enseñarnos que la incomprensión y la persecución de las ideas han sido una lamentable constante en la vida de los seres humanos.

LA PAZ QUE DEBEMOS CONSTRUIR

Hoy en día soplan vientos de guerra en el mundo, y tal parece como si la paz fuera a quedar despedazada a puros cañonazos.

Sin embargo, no podemos olvidar que, en todas partes, pueden existir amenazas contra esa convivencia amorosa que se produce sólo por el respeto a la conciencia de los otros.

Es innegable que no es fácil encontrar soluciones verdaderas, cuando unos y otros se enquistan en sus propias ideas y tratan de no ceder ante lo que consideran sus derechos, olvidándose de que los de unos están delimitados por los de los otros.

Hoy lo que necesitamos no son líderes que vociferen agresivamente, sino gente sensata que, representando a los diversos grupos, sepan trabajar por la unión en medio de las diferencias. No hay dudas que luchar por ello en forma pacífica no es una tarea fácil. Más lo sería la vía de la violencia, del insulto, de la incomprensión y del ataque despiadado.

Para que haya paz todos tenemos que hacer concesiones, sin humillarnos unos ante otros, sino simplemente reconociendo que en cada parte hay razones dignas de ser tomadas en cuenta.

La paz no significa que todos tengamos que pensar de la misma manera ni estar de acuerdo en todos los puntos. Para que haya paz lo que no podemos es exigir a los otros que acepten, sin más, nuestros puntos de vista, o que convirtamos en condición indispensable para la armonía el que los demás se rindan a nuestras propias convicciones.

El respeto a la conciencia ajena no significa que estemos de acuerdo, necesariamente, con lo que otros creen o piensan, pues esto no siempre lo conseguiremos, sino que nunca consideremos enemigos o indignos de nuestra amistad a aquellos que no tienen nuestras mismas creencias o formas de pensar.

Sólo el respeto mutuo a nuestros diversos puntos de vista, por más alejados que puedan estar unos de otros, es lo que traería la paz al mundo.

¡Que Dios ponga lo que falta a nuestros esfuerzos por lograrla!

Arbazan34@gmail.com

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