EL RETO DE LAS SECTAS

ARNALDO BAZÁN

El cristianismo tuvo que enfrentarse, desde los primeros tiempos, con el fenómeno de las sectas. Y es natural, pues no es posible poner de acuerdo a toda la gente, ya sea en lo fndamental o en lo accesorio.

Ni el propio Jesús lo consiguió con sus apóstoles y primeros discípulos, pues entre ellos hubo diferencias importantes, sobre las que no fueron capaces de lograr un consenso. Recordemos, por ejemplo, el asunto de los llamados “judaizantes” que tantos dolores de cabeza dieron a san Pablo.

Hoy en día tenemos una verdadera profusión de sectas que, indiscutiblemente, ganan adeptos, ya que hay muchísima gente hambrienta de Dios que no es tocada por ninguna de las confesiones establecidas, sea por falta de interés de sus miembros, o porque no ofrecen el alimento espiritual que algunos esperan. Tal realidad es un verdadero reto a la capacidad apostólica de los católicos, dirigentes o simples militantes, aunque sin tener que considerarla como una desgracia.

Siempre habrá gente que se resiste a creer y pensar en la forma en que lo hace la mayoría, y Dios puede valerse de otros medios no tan oficiales para hacerles vivir su amor. Una buena parte de esas personas, por su peculiar forma de pensar o vivir, nunca serían católicas, pudiendo encontrar al Señor, aunque imperfectamente, en una de esas sectas.

LOS CATÓLICOS NO SOMOS TANTOS

Uno de los errores que cometemos es pensar que todos los que una vez fueron bautizados en la Iglesia son, por lo mismo, católicos en todo el sentido de la palabra.

Quizás la principal equivocación sea bautizar en la forma en que lo hacemos, sin apenas exigir nada - un breve cursillo - a los padres y padrinos.

Precisamente entre ese gran porcentaje de “católicos ignorantes” es que las sectas encuentran un amplio campo donde sembrar, ya que no se trata de malas personas, sino de individuos sin una base religiosa suficiente, lo que les impide identificarse como miembros de la Iglesia.

A veces nos dedicamos a criticar a las sectas por querer recoger en nuestro campo, pero ¿qué estamos haciendo nosotros para que tanto “católico” ignorante o alejado se convierta en un miembro regular de nuestra comunidad eclesial?

LAS VENTAJAS DE LAS SECTAS

Lo que permite a las sectas encontrar los canales adecuados para atraer a muchas personas es su adaptabilidad.

Por lo general las sectas no responden a ningun patrón establecido, ya que no están inscritas en ninguna de las grandes confesiones cristianas. Se trata de grupos autocéfalos, presididos, ordinariamente, por líderes carismáticos - en el sentido de que tienen mucha simpatía y atractivo personal - que actúan conforme a sus propios criterios, interpretando las palabras de la Biblia a su modo y manera.

Así es realmente mucho más facil, pues no hay compromisos demasiado estrictos, y todos los miembros del grupo se sienten libres para seguir su propia conciencia, sin atenerse a reglamentos que ellos suelen atribuir a las iglesias y no a Dios. Por ejemplo, al no considerar el matrimonio un sacramento, puede no importar la cantidad de veces que uno haya estado casado, o si se vive en forma concubinaria con otra persona, para ser aceptado plenamente en el grupo.

Esto, como digo, es realmente atrayente para muchas personas cuyos principales obstáculos para vivir como católicos están en estas exigencias que, aunque evangélicas, ellos no las ven como tales.

CÓMO RESPONDER A LAS SECTAS

La única respuesta posible es aceptar el reto de su existencia y de su esfuerzo, y dedicarnos a trabajar más y mejor.

De ninguna manera podemos creer que la forma de neutralizar su obra es combatiéndolas, pues caeríamos en el mismo error de algunas de entre ellas.

En definitiva, si alguien está sinceramente convencido de que es allí donde se encuentra la Verdad, está más cerca de Ella que otros que ni siquiera se molestan en ir a buscarla.

Hemos de admirar la tenacidad y hasta la sagacidad que tienen esos hermanos, pues lo son aunque separados, para ganar adeptos a la causa de Cristo, aunque sea en forma imperfecta y equivocada.

Creo que tenemos que aprender mucho de ellos, pues los católicos, a veces, nos sentimos demasiado instalados y seguros, dedicados a contruir grandes iglesias donde quepa mucha gente, sin darnos cuenta de que lo importante es la construccion de la comunidad, la Iglesia de la “piedras vivas” de los hijos de Dios.

Esto es un trabajo que requiere mucha paciencia, mucha dedicación y mucho compromiso, pues la formación de una comunidad no es algo que se consigue en poco tiempo.

Los católicos enfrentamos siempre la tentación del número. A veces hasta abultamos las cifras, sin darnos cuenta de que la solución no es un sacramentalismo que deje a la gente complacida, sino la formación callada y constante de los verdaderos discípulos de Cristo. Sólo así estaremos contruyendo, de verdad, el Reino de Dios en la tierra.

CRISTIANOS A SU MANERA

Las sectas legitimizan la tendencia que tienen muchos de ser cristianos “a su manera”. No digo con ello que sus intenciones sean deshonestas, ni que estén buscando una absoluta permisividad para hacer lo que les venga en ganas, ya que, en general, las sectas suelen ser bastante exigentes con sus miembros.

Me refiero al hecho de que, siendo tantas las opciones, y pudiendo interpretar la Palabra de Dios a la manera de cada quien, uno puede adaptar fácilmente la forma de vivir el cristianismo a la propia situación o a la peculiar forma de pensar que cada uno tenga.

En definitiva, si el grupo llegara a rechazarlas, hay siempre la posibilidad de poner tienda aparte y formar un nuevo grupo o secta, más de acuerdo con los propios deseos o intereses.

Por otro lado, las sectas son, casi siempre, la hechura de su líder, formando pequeñas comunidades que se asientan en cualquier sitio, sin responder a exigencias de planificación, como ocurre con una confesión establecida.

Esto permite que todos los miembros de la comunidad se conozcan, se estimen, y se sientan más compenetrados los unos con los otros, lo que no siempre es posible en una parroquia grande, donde asisten al culto dominical cientos o miles de personas.

EL QUE MUCHO ABARCA...

Uno de los problemas de la Iglesia Católica es que solemos tener grandes iglesias, donde se reúnen multitudes de pesonas cada domingo, pero donde no hay un verdadero sentido de comunidad.

Claro que se podría alegar que hay muchos movimientos dentro de la Iglesia que, de alguna manera, suplen esta situación, ya que son ellos los que constituyen las pequeñas comunidades donde puede vivirse mejor el espíritu evangélico.

No tengo ninguna duda sobre lo magníficos que son los movimientos, pero entiendo que las parroquias nunca podrán dar una respuesta al hambre de un sinnúmero de personas, mientras no sean comunidades más pequeñas, más abiertas y con una mayor participación de los miembros en las distintas actividades.

La única forma de lograrlo, según entiendo, es multiplicar las parroquias, aunque tengamos un solo sacerdote al frente de las mismas.

Sabemos que por ahí hay muchas parroquias que no tienen sacerdote. Esto nos obliga a multiplicar los diáconos y a crear ministerios para que las religiosas y los laicos comprometidos tengan más responsabilidades y logren así realizar su vocación especifica dentro de la comunidad eclesial.

SE NECESITA CATEQUESIS

Todas nuestras parroquias suelen tener un Catecismo más o menos organizado. El número de niños que asisten a sus clases suele ser elevado, la mayoría preparándose para la Primera Comunión.

¿Cuántos de ellos perseverarán? Yo diría que una minoría, pues a la mayor parte los llevan sus padres con el único fin de que cumplan con esa tradición familiar, y después se olvidan totalmente del asunto.

Preguntando a los niños si van a la Misa dominical, la respuesta más frecuente es que no, ya que sus padres no los llevan.

Esto significa que una buena cantidad de los niños de nuestros catecismos no tendrán la posibilidad de desarrollarse como católicos, pues sus padres no practican, y si los llevan al catecismo es porque quieren que hagan la Primera Comunión, la que toman como una ceremonia tradicional que nada tiene que ver con una vida realmente comprometida con el Señor.

La triste realidad, por tanto, es que aún dando por sentado - cosa que no siempre es verdad -, de que los niños están aprendiendo seriamente los rudimentos de la fe de acuerdo a su propia capacidad, después de su Primera Comunión olvidarán pronto todo lo aprendido, ya que no continuarán en contacto con la Iglesia ni con las cosas de Dios.

Es importante tener esto en cuenta, pues muchísimos adultos sólo recibieron un barniz de cristianismo cuando eran pequeños, y apenas se acuerdan de lo más fundamental, ya que han dejado de alimentarse espiritualmente, lo que se traduce en una casi absoluta ignorancia en materia religiosa.

Esto, lamentablemente, es lo más común: la ignorancia. Tenemos que partir de este presupuesto si queremos entender por qué muchos llamados católicos terminan en una secta.

EL TRABAJO DE LAS SECTAS

Otra cosa que no podemos soslayar ni minimizar es el trabajo intenso de las sectas. Hay algunas, sobre todo, que han tomado muy a pecho la tarea de proselitismo, y ven un campo más fácil en las personas que ya tienen un interes por la religión.

Eso no es nada nuevo. Los apóstoles siguieron esa táctica al tratar de evangelizar a los judíos, en primer lugar, pues éstos estaban más preparados para aceptar la Buena Noticia, por cuanto creían en el Unico y Verdadero Dios y vivían, al menos una buena parte de ellos, de la esperanza en la venida del Mesías.

Claro que hay sectas belicosas, que se dedican a atacar a la Iglesia y a convencer a la gente a base de mentiras y calumnias en contra de los católicos. Pero no todas son así. Hay algunas que simplemente están recogiendo de lo que nosotros sembramos pero no acabamos de cosechar, y eso, si es culpa de alguien, es de nosotros y de nadie más.

Arbazan34@gmail.com

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