¿SABEMOS REZAR?

ARNALDO BAZÁN

Pienso que si se le pregunta a un cristiano qué cosa es rezar, lo más probable es que responda adecuadamente: "Rezar es hablar con Dios".

El asunto está en la forma en que muchos cristianos entienden este "hablar con Dios".

Existe la tendencia entre nosotros a dar primacía a la oración vocal y, más concretamente, a aquellas oraciones que hemos aprendido de memoria o leemos en un libro. Creo que se puede afirmar que la mayoría de los cristianos, sin estas muletas, se encuentran perdidos en su relación con Dios.

Sin embargo, ya sabemos que las muletas son una ayuda para el que no puede caminar bien, pero nunca el ideal de un caminante. Es necesario que aprendamos a soltarnos para disfrutar de la libertad de hablar con Dios como se habla con alguien a quien amamos mucho.

CLASES DE ORACIÓN

Cristo nos dio el ejemplo de cómo debemos orar al "retirarse", frecuentemente, para unirse al Padre. Aunque en el huerto de Getsemani Mateo lo presenta "hablando" con el Padre y pidiéndole, concretamente, que si es posible no le toque tragar el cáliz de la pasión, su oración sería, ordinariamente, de una unión íntima en la que las palabras no tenían razón de ser.

Él mismo nos pone en guardia al decir: "Cuando recen, no sean palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso. No sean como ellos, que su Padre sabe lo que les hace falta antes que se lo pidan" (Mateo 6,8).

No es que siempre debamos orar así. Hay momentos en que se necesita unificar lo que decimos por el bien de la comunidad. Por eso la oración puede ser INDIVIDUAL o COMUNITARIA, de acuerdo a que la hagamos solos o en grupo.

La oración comunitaria por excelencia es la EUCARISTÍA, que al principio se hacía en una forma más libre, con oraciones improvisadas del que presidía, y aun de los miembros de la comunidad. Poco a poco se fue viendo la necesidad de un cierto ordenamiento de la Liturgia, lo que trajo consigo una mayor rigidez para evitar abusos, pues siempre había el peligro de la "palabrería" que Cristo nos manda evitar.

Con todo, el que las principales oraciones sean fijadas de antemano no significa que no haya lugar para la meditación y la unión con Dios en forma individual. Debe haber momentos de silencio que hagan posible esto, y cada uno debe unirse a la adoracion y ofrecimiento de Jesús al Padre durante la gran oración eucarística.

TIEMPO PARA DIOS

La oración es, sobre todo, un "tiempo para Dios". Es lamentable tener que reconocer que muchas personas NUNCA se ponen en contacto directo con Dios, sea porque les parece que es imposible, o porque lo consideran una manera de perder el tiempo.

Sin embargo, esto es algo que distingue al cristiano en forma muy particular. NO se podría llamar a nadie cristiano si no dedica tiempo a la oración.

Este tiempo debe ser "generoso". Muchos hay que todo lo hacen mirando el reloj. Como si las cosas de Dios las hicieran de puro compromiso. Con lo que se estaría negando la esencia misma de la oración, que es el ejercicio del amor a Dios. Como decía santa Teresa de Ávila: "Orar es tratar de amor con Aquel que sabemos mucho nos ama".

El que ama no mide el tiempo que dedica a la persona amada. Por el contrario, le parece poco. Esto, pues, puede ser una medida de nuestro amor a Dios. Pues si consideramos que dedicamos "demasiado" tiempo a Dios, es una señal clara de que no lo amamos lo suficiente.

LUGARES DE ORACIÓN

Cristo dice que "cuando quieras rezar, entra en tu cuarto, echa la llave y rézale a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve lo escondido, te recompensará" (Mateo 6,6).

Esto lo decía más bien por aquellos a quienes les gustaba "lucirse" o dárselas de muy piadosos delante de la gente. Pero no es para que lo tomemos al pie de la letra.

El mismo, ordinariamente, oraba al aire libre, en "lugares apartados", como para buscar la tranquilidad y el reposo que se necesita si queremos concentrarnos en aquello que hacemos.

Desde luego, nada nos prohíbe que oremos en cualquier lugar y a cualquier hora. Pero la oración comunitaria requiere que nos reunamos, ordinariamente, en el templo, a horas fijas. Para lo individual tenemos mayor libertad, y la podemos hacer a la hora y en el lugar que más nos acomode.

ORAR CON EL CORAZÓN

La mejor oración no es la que sale de los labios, sino del corazón. Ya lo decía el Señor por el profeta: "Por cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me ha honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí" (Isaías 29,13).

Por eso, toda oración vocal tiene que ir acompañada de una actitud interior, o de lo contrario se vuelve pura palabrería. El Rosario, por ejemplo, es más una meditación o contemplación interior que oración vocal. Ese es el sentido de los misterios. Cuando nos quedamos en la repetición de oraciones se pierde lo más importante.

No olvidemos nunca que orar es un ejercicio de amor, en el que vale más lo que sentimos interiormente que lo que dicen nuestros labios.

Al orar, concentrados en la presencia amorosa de Dios, debemos olvidarnos de todo lo demás para dejar que nuestra mente y nuestro corazón se inunden del Señor.

Arbazan34@gmail.com

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