LOS FRAUDES DE LOS LLAMADOS “SÍQUICOS”

ARNALDO BAZÁN

Este mundo está lleno de vivos y de bobos. Los ‘vivos” son aquellos que viven engañando a los bobos, haciéndoles creer todo lo que se les ocurre, pero siempre a cambio de dinero. Los “vivos”, en una palabra, “viven” del negocio de engañar a los bobos.

Inclusive en Europa, con tantos siglos de cultura, el negocio de los “vivos” es tremendamente floreciente. Sólo en París, la llamada “Ciudad Luz”, hay miles de adivinos, leedores de cartas o cartománticos, espiritistas y todos esos que ahora se dan en llamar “síquicos”, pero que en su gran mayoría no son más que puros charlatanes dispuestos a aprovechar la credulidad en demasía de una gran parte de la gente.

OCURRIÓ EN PARIS

Recuerdo lo que se contaba hace algunos años, de un hecho ocurrido precisamente en París. En Francia la ley prohibió esa clase de negocios, alegando que se hacía una injusta competencia a los médicos, es decir, que todos esos que cobraban sus servicios estaban ejerciendo ilegalmente la profesion médica.

La policía hizo una amplia redada en toda la ciudad, y también llegaron a la consulta de uno de los supuestos curanderos. Este, cuando los agentes llegaron, se echó a reír y les dijo que nada podrían hacer contra él. Ante el asombro de los oficiales el alegado curandero sacó de un armario nada menos que su título de médico. Y al mostrárselos les dijo: - Como médico me moría de hambre. Ahora me estoy haciendo rico haciendo creer a la gente que soy curandero. Yo aplico en mi trabajo la ciencia aprendida en la Universidad y los hospitales, pero ellos prefieren verlo desde la óptica de lo sobrenatural.

Esta es la pura verdad. La humanidad, desde la más remota antigüedad, ha seguido la misma pauta. Es como si en algunos aspectos fuéramos incapaces de progreso. No adelantamos. Por eso ha sido casi imposible frenar esta ola de agoreros, charlatanes, falsos parasicólogos, astrólogos, adivinos, síquicos y todo lo que se les parezca.

Con ello no estoy diciendo que no existan facultades paranormales que pueden dejarnos sorprendidos. Estas existen y son objeto de un estudio concienzudo por parte de verdaderos científicos, que aportan nuevas pruebas de la realidad de las mismas.

Ahora bien, de ahí a que todo el que diga que tiene facultades las tenga hay un largo trecho. Pero como la gente vive influenciada por los medios de comunicación, que alientan esa tendencia a buscar explicaciones a todo por medio de lo preternatural o lo sobrenatural, sobre todo porque han descubierto que es un tremendo negocio, en lugar de mejorar, cada día empeoramos, y se multiplican los que siembran la confusión en lugar de informar y formar a la gente.

Es un hecho demasiado comprobado que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Es precisamente el sentido común el que salva a la gente de caer en las garras de los “vivos”. Lamentablemente, junto a la falta de sentido común camina pareja la falta de sentido crítico. Y mientras la VERDAD, con mayúscula, es muchas veces desdeñada, las mayores falsedades son aceptadas con entera credulidad.

LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Ahí tenemos el caso de los muchos programas que hay de astrólogos y síquicos en la televisión. Eso deja dinero, mucho dinero.

Pero es que la falta de sentido crítico y del verdadero deseo de superación es una constante en la historia humana.

No es ninguna rareza que los programas más formativos e instructivos sean los que menos audiencia tengan, no importa lo bien que estén hechos, mientras que los de entretenimiento, de chisme o de simple pasatiempo se llevan todas las palmas, incluyendo algunos que son un asco, por su inmoralidad y chabacanería.

Así, ¿cómo vamos a superar la pasividad que parece adueñarse de nosotros? La gente sólo piensa en lo fácil, lo que no causa problemas, lo que les ayuda a olvidar sus problemas diarios o a matar el tiempo, del que siempre se están quejando que no les alcanza para nada.

Los anuncios que aparecen en la televisón son increíbles, pero el negocio está por encima de todo. Se llegan a ofrecer bellas mujeres que lo embelesarán a usted cuando haya muerto, a cambio de un monjton de dinero.

Pero parece como si todos los días aparecieran montones de estúpidos dispuestos a pagar para hacer caso de semejantes sandeces, como la de los que ofrecen horóscopos, estudios completos de la vida, y hasta historias de sus “vidas anteriores”, pues los tales hace tiempo que descubrieron el potencial que ofrece “vivir” de los bobos.

Han habido también siquiatras aprovechados que, conociendo del interés de algunos por la reencarnación, comenzaron a hacer su agosto, ofreciendo “regresiones” a vidas pasadas que de científicas no tienen nada.

¡Pobre humanidad! Pero como el libertinaje en el que vivimos permite toda clase de desafueros, y la mayor parte de la gente no se alimenta con la Palabra de Dios, sino con las palabrejas de ignorantes aprovechados, no es de extrañar que cada día aumente el número de los que son víctimas, aunque no totalmente inocentes, de toda clase de engaños.

EL PODER DE LA MENTE

Existe una cosa clara: el subconsciente humano tiene un potencial increíble. Por ejemplo, ya algunos parasicólogos serios afirman que el subconsciente de cada persona conoce todo lo que a esa persona le ha de ocurrir a lo largo de la vida, desde la concepción hasta la muerte.

Por otro lado, hay personas que tienen dones paranormales - que no son sobrenaturales -, que les permiten leer, inconscientemente, la mente, consciente o subconsciente, de otras personas.

Estos dones paranormales, es decir, que se salen de lo normal, pues no todo el mundo es capaz de desarrollarlos o usarlos, aunque quizás los tenga, son algo tan insólitos, que la mayoría de los llamados “sensitivos” o matagnomos no los podrian explicar, por lo que acuden a explicaciones “sobrenaturales”, es decir, como si se tratara de algo que está fuera de la propia naturaleza humana.

Esta gente, incapaz de entender que estos dones son totalmente naturales, aunque para- normales, por no ser cosa de todo el mundo, atribuyen sus capacidades a muertos que se les encarnan, o a inspiraciones de seres extra-terrestres, o del más allá, y con ello se lanzan por un camino de desviación religiosa.

El descubrimiento de las capacidades para-normales nada tiene de reñido con la verdadera religión. Los católicos aceptamos sin problemas la existencia de estos dones, y creemos que su uso, debidamente controlado, puede ser de gran ayuda en muchos casos.

Pero cuando estos dones se atribuyen a espíritus de muertos o a algo que esté fuera de nuestra propia naturaleza humana, entonces se presenta una creencia supersticiosa que, lógicamente, se enfrenta a la verdadera religión.

Si una persona es capaz de leer, repito, inconscientemente, la mente de otra, puede decir todo lo que esa otra persona sabe que le ha ocurrido o le va a ocurrir, incluso si esa otra persona no se acuerda o no tiene la más mínima idea de que ha podido ocurrirle, pues el subconsciente es como una cámara que va captándolo todo y guardándolo en lo más profundo de la mente.

Por eso no es de extrañar que uno acuda a un verdadero “sensitivo”, no a un charlatán que le va a decir una serie de generalidades que cualquier “vivo” puede inventarse con mucha palabrería y habilidad, que eso es lo que suelen hacer los famosos “siquicos” o astrólogos, y ese “sensitivo” o matagnomo le va a leer la mente y le va a decir cosas increíbles, por lo que esta persona, si no tiene conocimiento de lo que son estas cosas, se creerá a pie juntillas que se trata del espíritu de un difunto o vaya usted a saber qué personaje misterioso el que está hablando por boca del “sensitivo”.

Cuando el “sensitivo” se pone a explicar y analizar conscientemente lo que está leyendo inconscientemente, casi siempre yerra, como sería, por ejemplo, atribuir a vidas pasadas lo que puede ser una simple historia grabada en el subconsciente, pero que pertenece a otras personas distintas del que las guarda. Pueden haber sido leídas en una novela, por ejemplo.

Nunca debemos olvidar que las facultades de los “sensitivos” tienen que ver con su subconsciente y no con su consciente, es decir, que estas personas no tienen ninguna facultad consciente para leer la mente de otros ni para adivinar ni para nada.

NECESIDAD DE INFORMACIÓN SERIA

Este es el gran problema que tienen que estudiar los verdaderos científicos, pues cuando son aficionados o charlatanes los que entran en juego, los disparates que dicen y las conclusiones tontas a las que llegan, son creadoras de esa gran confusión que existe sobre estos temas a nivel popular.

Por ejemplo, hoy en día están a la venta montones de libritos sobre temas esotéricos o de las llamadas “ciencias ocultas”. Esto es alimento común de mucha gente, que se los traga creyendo que son algo verdaderamente científico, pues muchos creen que todo lo que aparece en letra impresa es verdadero. Sin embargo, no es así. Hay que estar en guardia contra todos esos libros que han sido escritos, en la mayor parte de los casos, por “vivos” interesados en sacar buen dinero de la curiosidad de la mayoría.

Cuando un libro que se las de de científico no ofrece ningún tipo de bibliografía seria, ni identifica las citas correctamente, ni entra en los temas con el escepticismo propio de la ciencia, que antes de afirmar algo tiene que probarlo, tenemos que pensar que se trata de una falsedad, pues se quieren pasar seudo-verdades como si se tratara de ciencia.

¿Acaso no se venden como pan caliente montones de novelitas que nada tienen de literatura, pero que a mucha gente les encanta porque sólo son capaces de leer tonterías?

El negocio de las novelitas es multimillonario, lo mismo que el de la pornografía y el del ocultismo. El mundo está lleno de personas sin sentido crítico, que devoran lo que es fácil, y se lo creen todo, menos lo que es verdaderamente digno de crédito. Este es uno de los grandes males de la humanidad.

Hoy tenemos todos los medios para ser sabios, pero nos empeñamos en ser ignorantes, pues siempre estamos cansados para aprender, pero fáciles y bien dispuestos para embrutecernos.

¿Acaso no es esa la explicación para la gran popularidad que tienen algunos programas de televisión, el ocultismo y todo un montón de cosas que en nada ennoblecen nuestra raza humana?

FE O CREDULIDAD

Cristo vino a enseñarnos la Verdad y a liberarnos de las cadenas de la ignorancia. Por eso hay que suponer que los cristianos en general y los católicos en particular debemos ser de los que no andamos creyendo en lo primero que se dice ni siguiendo el primer viendo que sopla.

Pero, ¿podríamos ser verdaderos cristianos si en lugar de alimentarnos con la Palabra de Dios preferimos atiborrarnos de las palabrejas del primer ignorante que nos hable por la televisión o nos deslumbre con posibles maravillas sobrenaturales?

Ahí tenemos el ejemplo de la Iglesia. Ella cree todo lo que Cristo le ha enseñado. Ella acepta todo lo que la ciencia ha logrado probar como cierto. Pero Ella no anda creyendo en que una cosa es sobrenatural mientras no se pueda probar, seriamente, que no existe para un hecho una explicación de otra índole.

Tenemos el caso de la posesión diabólica o de los milagros. Antes de aceptar que un caso es verdadera posesión diabólica o un milagro, la Iglesia agota todos los medios para saber si puede existir una explicación natural del mismo. Si después se llega a la conclusión de que no la hay, sólo entonces es que da su asentimiento a que el hecho pueda ser sobrenatural.

Este es el camino para no ser engañados. Tenemos que ser críticos. Y aunque podamos agradecer a Dios por los multiples pequeños milagros que nos regala cada día, no por ello tenemos que atribuirlos, necesariamente, a una intervención sobrenatural, pues la mayor parte de los regalos que de Dios recibimos son totalmente naturales, como no sea los que se refieren a nuestra eterna salvación, que siempre entran, por necesidad, en el terreno de lo sobrenatural.

Los que no investigan seriamente la Verdad, o buscan maestros que sólo van a llenarlos de mayor confusión, están corriendo el riesgo de confundirse y vivir engañados, lo que es trágicamente cierto en una gran parte de la humanidad. ¡Que triste!, ¿verdad?

Entremos ahora en las explicaciones sobre las razones por las que creemos que la reencarnación es incompatible con el pensamiento cristiano.

EL EVANGELIO NOS DA RESPUESTAS

Los cristianos creemos que Dios ha creado los seres humanos para estar un tiempo en la tierra y luego pasar a otra vida. El alma es creada individualmente, y aunque durante la estadía en la tierra le corresponde estar en un cuerpo, con la muerte este cuerpo se destruye, pero el alma sigue viviendo.

Creemos que el hombre es pecador y necesita redención y purificación de sus pecados. Pero la verdad fundamental del cristianismo es que Jesús es el Hijo de Dios, que vino a la tierra precisamente para liberarnos del poder del pecado y de sus consecuencias.

Ya lo vio así Isaías en vision cuando lo presenta como Despreciado y evitado de la gente, un hombre hecho a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada; a El, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido. El, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre El descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos curado (53, 3-5).

Esta será también la predicación de los apóstoles, quienes vieron en Jesús a Aquel que vino para darnos vida eterna.

Dice san Pablo: “Pero el Mesías murió por nosotros cuando éramos aún pecadores: así demuestra Dios el amor que nos tiene” (Romanos 5,8).

Y lo mismo san Pedro: “Porque también el Mesías sufrió una vez por los pecados, el inocente por los culpables, para llevarnos a Dios” (1a. Pedro 3,18).

Juan afirma también: “Por esto existe el amor: no porque amáramos nosotros a Dios, sino porque El nos amó a nosotros y envió a su Hijo para que expiara nuestros pecados” (1a Juan 4,10).

El autor de la Carta a los Hebreos expresa lo siguiente: “Por cuanto es destino de cada hombre morir una vez, y luego un juicio, así también el Mesías se ofreció una sola vez” (9,27).

Esta es la constante que vemos en todo el Nuevo Testamento y en la enseñanza de los discípulos cuyos escritos conservamos desde los primeros momentos.

NO HACER CASO DE LAS MENTIRAS

En modo alguno podemos aceptar lo que dicen los teósofos de que Jesús y los apóstoles creían en la reencarnación, pues aparte de que era un concepto prácticamente desconocido para los judíos, no hay una sola palabra en las Escrituras que nos permita aceptar tal idea como doctrina cristiana.

Cierto que Jesús habla de un nuevo nacimiento, pero al mismo tiempo negó que sea algo carnal.

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Cuando lo visita Nicodemo, Jesús revela a este prominente fariseo el renacer por medio del agua y del Espíritu Santo. Al oír hablar de volver a nacer, Nicodemo pregunta extrañado: - “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? Es que puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y nacer?” Repuso Jesús: “Pues sí, te lo aseguro: Si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu” (Juan 3, 4-6).

Bien clarito, ¿verdad? Se trata de un nacer a la gracia de Dios, que nada tiene que ver con un nuevo nacimiento carnal, como sería una reencarnación.

En la parábola del rico y Lázaro, Jesús habla de dos personas que vivieron en forma diferente.

El pobre Lázaro, después de su muerte, fue al “Seno de Abraham”, donde iban los justos por no haber llegado todavía la Redención. El rico, sin embargo, fue al infierno, donde sufría inmensos tormentos. Al pedirle el rico a Abraham que mandara a Lázaro a aliviar un poco sus dolores, el Patriarca le contesto: - “Entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso; por más que quiera, nadie puede cruzar de aquí para allá, ni de allí para acá” (Lucas 16).

Las parábolas eran medios usados por Jesús para enseñar. Y aquí se hace ver bien claro que la suerte del que muere es definitiva, sin que se pueda volver a la tierra, en otra forma, a expiar por los pecados cometidos, como afirman las religiones que creen en un karma o purificación que ocurre a través de múltiples reencarnaciones.

Agreguemos algo más: Junto a Jesús crucificaron con El a dos malhechores. Uno de ellos reconoció sus errores y pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vuelvas como rey”. Jesús le respondió: - “Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23, 42-43).

El Señor muestra que tiene poder para salvar. Por eso no duda en asegurar esa salvación a aquel hombre que había sido crucificado junto a El.

De la misma manera aseguró a Marta: - “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, seguirá viviendo; y todo el que vive y cree en mí, no morirá nunca” (Juan 11, 25).

En resumen, la idea de la reencarnación va en contra de la verdad fundamental del Cristianismo: que Jesús vino a la tierra a redimirnos, a rescatarnos del poder del mal y de la muerte. Si se necesitara una reencarnación, un karma que expiara los pecados propios, ¿para que tenía que venir al mundo el Hijo de Dios?

Arbazan34@gmail.com


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