EL PECADO

Si el plan de Dios iba dirigido a otorgar al hombre su gracia, su amistad, la participación en su propia vida divina, la soberbia arruinó todo y el pecado hizo su entrada en el mundo.

El pecado es el rompimiento de la criatura con su Creador, del hijo con su Padre.

El pecado es la forma abusiva de usar del don de la libertad para hacer lo contrario de lo que Dios desea.

Pecado es libertinaje, una caricatura de la libertad. Por eso termina en esclavitud, haciendo que el ser humano actúe sin voluntad y sin fuerzas para el bien.

Hemos de reconocer que el pecado ejerce una terrible seducción sobre toda persona humana, ya que aparenta siempre ser algo agradable y apetecible; en suma, algo bueno.

Sin embargo, nada que aparte al hombre del camino de la salvación puede ser considerado bueno, por más que lo aparente, al igual que no es oro todo lo que reluce.

La gran seducción del pecado reside, ordinariamente, en los sentidos corporales, que son los que se sienten halagados por las promesas del placer.

Pero la causa más profunda está en lo interior del hombre. Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, falsos testimonios, chismes (Mateo 15,19).

El corazón se corrompe por la soberbia, que hace creer al hombre que no necesita de Dios y hasta que puede ser su propio dios.

El hombre, atrapado por el pecado, no puede ver más allá de sus bajos instintos, a los que está sometido, por lo que sus acciones se orientan, únicamente, a satisfacer sus caprichos.

Esto es lo que san Pablo llama "deseos de la carne", que están en constante pugna contra la acción de Dios en nosotros a través del Espíritu Santo.

Dice el apóstol: Es fácil ver lo que viene de la carne: libertad sexual, impurezas y desvergüenzas; culto de los ídolos y magia; odios, celos y violencias; furores, ambiciones, divisiones, sectarismos, desavenencias y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les vuelvo a declarar lo que ya les he dicho: los que hacen estas cosas no heredarán el Reino de Dios (Gálatas 5, 19-21).

El cristiano ha sido llamado a la santidad y al amor. El apóstol Juan se expresa así en su primera carta: Hijitos míos, les escribo para que no pequen. Pero si alguien peca tenemos un abogado ante el Padre: es Jesucristo, el Justo (2,1).

El pecado entró en el mundo por la desobediencia de Adán: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y con el pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres porque todos pecaron (Romanos 5,12).

Al apartarnos de Dios nos perdemos irremisiblemente, pues sin El no hay manera de lograr la salvación. Solo aceptando su plan - lo que impide el pecado - podremos vivir en la seguridad de que estamos en el buen camino.

Arnaldo Bazán

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