SEGUNDA PALABRA

Hay un gran gentío en el Calvario y en la cima tres cruces. Jesús clavado en medio de dos ladrones. En la parte superior de la cruz siempre se escribía la causa de la condena. En este caso Pilato ordenó escribir: "El Rey de los Judíos", sin duda para burlarse de los sacerdotes y escribas. Pero no sabía el gobernador romano que escribió lo que los profetas habían anunciado muchos siglos atrás. El pueblo con sus dirigentes religiosos se alborotan, se indignan, vomitan injurias contra Jesús, contra su rey. Los religiosos fueron donde Pilatos a protestar por la inscripción y pedían que la cambiase (Juan 19:19-22).

San Lucas es el evangelista que mejor describe la escena de esta segunda palabra:

"Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: "A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!" Había encima de él una inscripción: "Este es el Rey de los judíos". Uno de los malechores colgados le insultaba: "¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!" Pero el otro le reprendió diciendo: "¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros, con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino." Jesús le dijo: "Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lucas 23:35-43). Véase Mateo 27:39-44; Marcos 15:29-32.

Jesús, que no contestó a los improperios, contesta ahora a la manifestación de fe de aquel condenado. Esta palabra nos permite reflexionar sobre la fe y la misericordia de Dios. Recordemos que la condición que siempre pone Jesús para realizar cualquier milagro es la fe; insistentemente destaca la importancia de la fe. En los evangelios, él repite una y otra vez: "hombres de poca fe", "tened fe en Dios", "tu fe te ha salvado", "hágase según tu fe"… Ante tanta insistencia sobre esta virtud los Apóstoles le pidieron:

"Auméntanos la fe". El Señor les d6ijo: "Si tuvieras fe como un grano de mostaza dirías a este sicómoro: 'Arráncate y plántate en el mar", y os obedecería" (Lucas 17:5-6).

En otra ocasión, ellos se asombraron porque una higuera se había secado debido a las palabras de Jesús. Él les respondió:

"Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que decís a este monte: 'Quítate y arrójate al mar', así se hará. Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis" (Mateo 21:21-22).

Ambos ladrones presencian lo mismo, sin embargo, sólo uno tiene fe, el otro reniega de ella. ¡Misterio de la libertad humana! Dios les concede a todos los seres humanos las gracias suficientes para que crean y se salven, unos las aceptan mientras otros las rechazan. Las Sagradas Escrituras nos muestran cuán grande es la misericordia de Dios. Los salmos, por ejemplo, recalcan más de cien veces lo inmensa que es la misericordia divina. Por esta razón, él siempre concede más de lo que uno le pide. San Ambrosio explica esto relacionándolo6 con el buen ladrón:

"Mayor que la gracia pedida es la gracia otorgada; Jesús obra siempre así [el ladrón] pedía al Salvador que se acordara de él en su reino; y el Salvador le responde: Estarás conmigo en el paraíso. Donde está Cristo, allí está la vida, allí está el verdadero reino".

Dios siempre concede su gracia a manos llenas, nosotros no sabemos aprovecharnos de ellas. El célebre sabio Copérnico escribió para su epitafio:

"La misericordia que concediste al ladrón en la cruz".

Y Quevedo pide en sus versos que Dios se acuerde de él en la muerte:

"Él [ladrón] no llegó tarde / aunque llegó a ti al fin de su vida; / no llegue tarde yo, / aunque venga al fin de la mía".

Recordemos al profeta:

"Dios echará al fondo del mar nuestros pecados para no volverlos a ver" (Miqueas 7:19).

Todo esto nos da confianza, a nosotros pecadores, hombres de poca fe, porque por muy grandes que sean nuestras faltas, el Señor perdona al alma arrepentida. ¡Cómo no nos va a perdonar, si está clavado en la cruz esperándonos!


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