SEXTA PALABRA

"Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: "Todo está cumplido" (Juan 19:30).

Habría bastado una sola gota de sangre, un solo suspiro, o una sola lágrima de Cristo para redimir al género humano, porque su dignidad de hombre-Dios es infinita. Pero estaba escrito que esa sería la forma de redimirnos. Esta sexta palabra que San Juan recoge significa que su vida, desde su nacimiento hasta la hora de su muerte, había sido el cumplir fielmente la misión para la cual el Padre lo había enviado. Todas las profecías se cumplieron en él.

Las primeras palabras de Jesús que aparecen en los evangelios, cuando tenía tan sólo doce años fueron:

"¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?" (Lucas 2:49).

Con esto nos está indicando ya el camino que debemos seguir en nuestras vidas. Cuando les dice a sus discípulos por vez primera los sufrimientos de su muerte, ellos no lo entendían, por eso San Pedro busca disuadirlo (Mateo 16:21-23) y en otras dos ocasiones vuelve a insistir en ello (Mateo 17:22, 20:17-19). Es que él ha venido a salvar a la humanidad, no empece los sacrificios que tenga que hacer, porque no se busca a sí mismo. Y nosotros, egoístas, siempre nos buscamos a nosotros mismos, en vez de glorificar a Dios con nuestras vidas.

Jesús siempre señaló que él no hacía su voluntad, sino la del Padre que lo envió (Juan 5:30). Después de hablar con la Samaritana, los discípulos le instaban a que comiera, pero él les respondió:

"Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Juan 4:34).

Por eso San Pablo recalca que Cristo vino al mundo para hacer la voluntad del Padre (Hebreos 10:5-10). Y el Señor dejó bien claro que:

"Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3:35).

Él sabía los tormentos que le esperaban, porque había tomado sobre sí los pecados de cada uno de nosotros (Isaías 53:12) y el pecado es negación de Dios y destrucción del ser humano. En el monte de los Olivos, puesto de rodillas oraba, tan intensamente que sudó sangre, para que Dios le quitara esa carga, pero insistía en que no se hiciera lo que él quería, sino lo que Dios Padre estimara:

"Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42).

Misterio insondable de la desgracia del pecado, porque Jesús padecía por los pecados de toda la humanidad. Y cada uno de nosotros estaba presente allí con nuestras faltas y nuestras debilidades. A fin de cuentas, lo que Dios quiere es nuestra salvación:

"Porque esta es la voluntad de mi Padre que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo lo resucite el último día" (Juan 6:4).

Y San Pablo recalca:

"Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (1Tesalonicenses 4:3).

Jesús habló contra los falsos piadosos y los de religiosidad aparente cuando afirma:

"No todo el que me diga: 'Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mateo 7:21).

Y San Pedro nos recuerda esto mismo cuando nos dice que vivamos según la voluntad de Dios (1Pedro 4:2), lo cual significa vivir el cristianismo con todos sus retos. A fin de cuentas,

"El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre" (1Juan 2:17).

Creo que ya es hora de que cada uno de nosotros mire en su interior y vea cómo es el cristianismo que profesa y vive.

Es tan importante todo esto que en esa oración tan extraordinaria del padrenuestro que Jesús nos enseñó, entre las peticiones que hacemos cada vez que la rezamos está:

"hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo" (Mateo 6:10).

A fin de cuentas, Dios es quien sabe realmente lo que nos conviene; nuestra vida, como la de Jesús, debe ser de una entrega total al Señor. Esta sexta palabra que Jesús pronuncia desde la cátedra de la cruz nos impele a revisar nuestras acciones y actitudes para rectificar los errores y vivir realmente las enseñanzas de nuestro Redentor, las cuales dan sentido a nuestra existencia. Nuestra sociedad está plagada de conformistas y también desafortunadamente hay muchos cristianos conformistas. La cruz de Cristo nos exige una transformación total de nuestras vidas y no nos permite ser conformistas.


Regresar a Siete Palabras