LA SEQUÍA
Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

El país está atravesando por una de las peores sequías de los últimos años. La falta de lluvia se ha dejado sentir sobre todo en la Línea Noroeste, donde el sector ganadero registra pérdidas millonarias. Cultivos que requieren de un alto aporte de agua están también sufriendo los efectos de la carestía del preciado líquido. Pero los mismos ya se van sintiendo en el resto del país.

El martes se ofreció la información de que apenas dos de las treinta y cuatro presas con que cuenta el país disponen de reserva de agua. Pero se trata de una cantidad limitada. La de Hatillo da para 145 días, en tanto a la de Valdesia le resta para 85. Según el director de la CAASD, en el Gran Santo Domingo, donde habita una tercera parte de la población del país, el suministro diario acusa una merma de cincuenta a sesenta millones de galones diarios.

Por otro lado, las perspectivas, al menos a corto plazo, no son precisamente auspiciosas. La Oficina Nacional de Meteorología reporta unos escasos chubascos en apenas un par de provincias. Y no parece haber señales de que la situación pueda registrar un cambio significativo en los próximos días.

Se impone por consiguiente, insistir una vez más, en la necesidad de ahorrar el agua, haciendo un uso racional de la misma y evitando todo desperdicio. El reclamo es válido sobre todo para los sectores adonde no se siente la carestía, que ahora mismo afecta a unas ochenta barriadas de la parte alta de la capital. La circunstancia favorable, privilegiada inclusive, de disponer de agua suficiente no exime la obligación solidaria de no hacer un uso dispendioso del preciado líquido.

En este orden corresponde a los especialistas en materia ambiental evaluar hasta qué punto el cambio climático pudiera estar incidiendo tanto en la prolongación y agudeza de los períodos de sequía como del régimen de lluvias cuya más reciente etapa alcanzó niveles sin precedentes que provocaron cuantiosos daños. Y en este mismo orden, qué pudiera esperarnos en el futuro inmediato.

Porque el calentamiento global es una realidad innegable que hoy ya pocos obstinados se atreven a poner en duda, como lo es también el aumento del nivel de las aguas oceánicas. Y de esa inescapable realidad, nuestro país forma parte significativa al figurar en la lista de los diez considerados más vulnerables a sus efectos a nivel mundial.

Hay sobrada evidencia y sobradas también voces de alerta para que estemos preparados a fin de afrontar ese riesgo adoptando todas las mayores previsiones para tratar de minimizar sus efectos, tomando en cuenta la negativa circunstancia del gravísimo estado de devastación forestal que presenta la casi totalidad del vecino territorio haitiano.

Una situación ajena a nuestra voluntad y capacidad de manejo, a cuyos efectos no podemos sustraernos, lo que nos obliga a redoblar esfuerzos y previsiones para afrontar el reto del cambio climático, a partir de esa desfavorable realidad.

TELEDEBATE. "teledebate@hotmail.com"

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