EL VOTO OBLIGATORIO

Razón de más creemos que le asiste a la siempre vigilante Fundación Institucionalidad y Justicia cuando su vicepresidente ejecutivo Servio Tulio Castaños advierte que la propuesta de hacer obligatorio el voto resulta ilegal.

El ejercicio de sufragio es un arma poderosa en manos del ciudadano, a través del cual decide el destino del país y por extensión, el propio, premia o castiga, aprueba o rechaza según el caso. Pero ese ejercicio es tanto derecho cívico como deber de conciencia, jamás obligación legal.

No lucen convincentes las razones argumentadas por quienes están sustentando la propuesta. La que pretende ser más sólida es que al obligar al elector a votar se impide la que califican de "pseudoabstención por compra o secuestro del documento electoral, y estimula la participación del soberano".

Pero. ¿obligar al ciudadano a votar es el remedio mágico para evitar la entrega de la cédula o la venta del voto por compra u otra razón? Para que esto ocurra tienen que haber dos actores: el que compra y el que vende. Y este último lo hace en la mayoría, si no la totalidad de los casos, por una de estas razones: ausencia de formación y responsabilidad cívica; extrema pobreza o ausencia total de confianza de que la política y los políticos vayan a mejorar su condición de vida. Obligarlo a sufragar no va a variar esa percepción ni a impedir que negocie el voto.

La abstención en las dos últimas elecciones generales ha estado en el orden de un treinta por ciento, punto más, punto menos. ¿creen los proponentes que por el simple hecho de establecer el voto obligatorio, la gente concurriría a sufragar? Tal como advierte FINJUS, el incumplimiento tendría que conllevar una sanción. Una norma sin penalidad es letra muerta. En tal caso.¿cuál sería esta y como se aplicaría?

El problema de la abstención no se soluciona con medidas compulsivas. Es fruto de la desconfianza en el sistema, en los partidos, en no sentirse representados por quienes aspiran a cargos públicos. En la crisis de la partidocracia, que es una penosa realidad aunque haya políticos, tanto de gobierno como de oposición, que se empeñen en ignorar el descrédito en que han caído la política y quienes la ejercen.

El voto tiene que seguir siendo como hasta ahora derecho y deber.pero de conciencia, nunca pretenderlo obligado lo que en la práctica no produciría más que irritación e incumplimiento en parte de la población que se abstiene de concurrir a las urnas por la sencilla razón de que ha llegado a considerarla una pérdida de tiempo, bajo el alegato, cada vez más frecuentemente escuchado de que "todos los políticos son iguales".

Y tampoco impedirá que quienes ahora entregan la cédula o venden el voto, lo sigan haciendo en tanto no se superen las causas que lo llevan a ello. Si lo dudan, que lo lleven a encuesta, siempre que no sea de traje a la medida para comprobar que la calentura no está en la sábana.

TELEDEBATE. "teledebate@hotmail.com"

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