TEMAS PARA HOY

EL BESO DEL ODIO

ARNALDO BAZÁN

A un grupo de homosexuales españoles se les ha ocurrido, como una forma de protesta, regalar al papa Benedicto XVI con un beso multitudinario de hombres con hombres y mujeres con mujeres. Piensan hacerlo con motivo de su visita a Barcelona y la inauguración del Templo de la Sagrada Familia en dicha ciudad.

Se trata, desde luego, de demostrar que están en contra de las enseñanzas de la Iglesia, pues piensan que Ésta está equivocada al no aceptar que haya parejas homosexuales que puedan vivir casadas como cualquier otra heterosexual.

¿Que podrá hacer el Papa ante tal demostración?

Estoy seguro de que tratará de comprender y compadecer a quienes buscan por todos los medios convencerlo de que, así como han logrado que un buen número de los gobiernos del mundo acepte el contrasentido del matrimonio homosexual, así la Iglesia se “modernice” en este particular.

Desde que la Iglesia comenzó, por mandato del propio Jesús, a predicar sus enseñanzas, tuvo que tropezar con muchas ideas que chocaban con las del Evangelio.

Había pues que convencer, a los que se sentían atraídos por la doctrina del Divino Maestro. de que para ser verdaderos cristianos tenían que convertirse, es decir, cambiar sus vidas, a fin de vivir de acuerdo a los mandatos divinos.

No fue fácil, sobre todo entre los paganos, lograr la conversión de muchos. La mayoría se resistía, pues estaban impregnados por las doctrinas paganas que exaltaban el amor libre, la homosexualidad e incluso el desenfreno sexual.

El camino del Evangelio se vio sometido a grandes pruebas, pues a la resistencia se sumó la persecución, que ocasionó que muchos miles de cristianos tuvieran que dar el máximo testimonio de su amor a Dios, derramando su sangre a imitación del propio Jesús.

Nunca Jesús ocultó que el nuevo camino que El nos ofrecía, que sería el único que nos llevará a la gloria y felicidad eternas, fuera fácil. Por el contrario, enfatizó que el que quisiera seguirlo tenía que cargar con su propia cruz y estar dispuesto a negarse a sí mismo (Lucas 9,23), aceptando una vida de austeridad, sacrificio, lucha y desprendimiento, así como de renuncia a muchas de las cosas que nos causan placer.

Así dice san Pablo: “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios" (1 Corintios 1,17-18).

Aunque la realidad del pecado ha acompañado a la Iglesia desde los comienzos, eso no significa que la misma haya aprobado la mala conducta de sus miembros. También con un beso selló Judas su traición, a pesar de ser uno de los apóstoles.

Son innumerables los ejemplos de papas, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos y laicos que, a lo largo de los siglos, han traicionado los principios cristianos para dejarse llevar por los de Satanás. Los recientes escándalos de pedofilia entre miembros del clero son una de las últimas pruebas de ello.

¿Significa eso que la Iglesia está contaminada de pecado y no tiene autoridad para predicar lo que sus miembros no cumplen?

Nunca la Iglesia ha afirmado que todos sus miembros sean santos, aunque eso sería el verdadero ideal. Pero así como siempre ha mantenido intacta las enseñanzas como Maestra, ha sabido también ser Madre para todos aquellos que yerran y se apartan del camino, tratando de que vuelvan a recibir la gracia de Dios que habían perdido por el pecado.

La Iglesia, como Cristo, quiere la salvación de todos. Ella, con todo, no es la Jueza para condenar. Eso le corresponderá al Justo Juez cuando a cada quien le llegue su hora.

El gesto del beso homosexual, más que una demostración de amor entre las personas, es uno de odio a la Iglesia, para con él gritar las aspiraciones de los que quieren vivir según sus propios deseos.

Quizás pretenden con ello ofender al Papa y a los católicos, pero ni El ni nosotros nos sentiremos aludidos. La Iglesia, como Cristo, propone el verdadero camino. Cada uno tiene la libertad de seguirlo o dejarlo.

Pidamos al Señor que los que hoy nos odian puedan encontrar un día la gracia de la conversión, para que todos juntos podamos estar felices para siempre en la Casa de nuestro Padre Dios.

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