TEMAS PARA HOY

TIEMPOS DE CONFUSIÓN

ARNALDO BAZÁN

Nunca antes en la Historia se había logrado, como ahora, un mayor cúmulo de información de todo tipo.

Si ya contábamos con poderosos medios, desconocidos a principios del siglo XX, como la radio y la televisión, y otros sólo un poco más antiguos, como la telefonía, ahora tenemos el Internet, que es un descubrimiento asombroso, en el que el ser humano ha hecho gala de sus capacidades e inteligencia.

Hablar mal del Internet sería un verdadero disparate, pues ha sido un invento digno de ser catalogado como de los mejores, que está prestando servicios estupendos para que todos podamos estar interconectados.

Este servicio, que además resulta prácticamente al alcance de todos los bolsillos, no por ser maravilloso carece de verdaderos peligros. Eso está a la vista.

Y no sólo porque está siendo usado por delincuentes sin escrúpulos para bombardear el mundo de toda clase de basuras, desde la pornografía hasta la más abyecta desinformación, sino porque, dada su capacidad para burlar controles, pone en peligro uno de los valores que han sido altamente apreciados: la privacidad.

Dada la posibilidad de que los informes más secretos, pertenecientes a países poderosos con acceso a la tecnología más avanzada, puedan ser no sólo copiados, sino puestos también al alcance de cualquiera, pensamos ¿qué nos queda a los simples ciudadanos de a pie?

No sería capaz de medir el daño que pueda estar causando la publicación de toda una montaña de documentos a través de la ya famosa página Wikileaks. Podríamos pensar que eso es algo que sólo interesa a los gobiernos involucrados. Pero, ¿qué podría pasar con los ciudadanos de dichos países?

Se dice que se ha puesto en peligro la seguridad de las tropas con la divulgación de informes sobre la guerra contra el terrorismo, especialmente en Irak y Afganistán.

Pero también los que se envían desde los diversos puestos diplomáticos, como embajadas o consulados, permiten conocer opiniones adversas sobre políticos y gobernantes.

Hay quienes abogan porque se mantenga esa total libertad para que el Internet sea un foro donde todos puedan expresar sus opiniones sin cortapisas. Eso probablemente sea uno de los logros de este medio, usado por los opresores y los oprimidos.

Pero llegar a la divulgación de todo lo habido y por haber podría llevarnos al libertinaje, que es precisamente el abuso de la libertad.

Ya, de suyo, es libertinaje que el Internet se use para el bombardeo de pornografía. Como también que gente sin conciencia envíe virus que pueden destruir todo lo que una persona tiene acumulado en su computadora.

Por otro lado, dado que no es posible poner de acuerdo a todo el mundo, vemos como la demasiada información se puede convertir, y de suyo se convierte, en desinformación.

Lo que hace que muchos preguntemos: ¿dónde está la verdad de lo que se transmite?

Si uno se entretiene un poco leyendo los comentarios que sobre las noticias envían los lectores, sobre todo en los periódicos on-line, puede darse cuenta de que existe una horrible confusión, por lo que no se logra saber si lo que se informa es verdad o mentira, pues todo el mundo parece tener derecho a dudar o negar lo que otros han escrito.

Claro que esto tiene remedio, pues uno puede, sencillamente, olvidarse de dichos comentarios.

Pero lo que preocupa seriamente es que, cuando pensamos que por el aluvión de noticias que recibimos por la prensa, la radio, la televisión y el Internet, estamos bien informados, puede resultar que estemos creyendo en lo que sólo es una patraña mal intencionada.

Para muestra de eso veamos lo que algunos afirman del caso de Wikileaks. Según esos señores “bien informados”, ha sido la CIA quien ha obsequiado a los que manejan dicha página con esas informaciones, para colar también otras con aviesas intenciones.

Se dice, por ejemplo, que entre las muchas cosas publicadas, se afirma que la mayoría de los países musulmanes están temerosos de la capacidad de Irán para tener armas nucleares, por lo que secretamente se oponen, y aunque eso no sea verdad, se busca con ello ir preparando el terreno para que los israelíes logren su deseo de atacar y destruir las instalaciones iraníes.

Eso es lo que me lleva a pensar que estamos en tiempos de confusión, que va a llevar a algunos a no querer enterarse de nada, pues de nada podrá asegurarse que sea la verdad.

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