TEMAS PARA HOY

DEMOCRACIA Y DICTADURAS

ARNALDO BAZÁN


El mundo hoy está repartido en más de ciento cincuenta países. De esos, sólo en unos pocos se puede decir que existe una democracia.

Los pueblos, en su mayoíia, están sometidos a la dictadura del poder, en unos casos, y a la de la miseria en otros.

Existen incluso dictaduras que se ufanan de que lo suyo es realmente una democracia, pero distinta, pues en ellas se ha descubierto que sus pueblos están encantados con los gobernantes que los oprimen, pues están también convencidos de que los tales conocen mejor que ellos lo que más les conviene.

Si nos atenemos a la definición que hizo Abraham Lincoln de la democracia, son pocos los que realmente pasan el examen.

“El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es una medida que se cumple, y casi nunca totalmente, en unas pocas naciones.

Se supone que para que esto se dé en la realidad se necesita que el pueblo, es decir, todos y cada uno de los ciudadanos considerados con la edad requerida para tomar una decisión consciente, expresen sus deseos en una elección donde no haya posibilidad de fraudes.

La mayoría de los países donde hay elecciones enfrentan siempre, después de terminadas, protestas de fraudes. Quizás algunas de éstas obedecen a la frustración de aquellos que no fueron elegidos, pero en muchos casos los gobernantes de turno manejan las cosas para su propio provecho.

Así tenemos que hay gobernantes que son elegidos una y otra vez, usando de políticas sucias que privan a los opositores de una verdadera opción de triunfo.

Uno de los ejemplos más recientes en América Latina se dio en Venezuela, cuando el “hombre fuerte” del país logró prepararlo todo para que, aún cuando la oposición ganara, como de hecho ganó, no tuviera la fuerza necesaria para oponérsele desde el Congreso. Y eso es, precisamente, lo que está pasando.

Ejemplo de demócrata lo dio Alvaro Uribe en Colombia, pues aunque no sería el hombre perfecto, contaba con un porcentaje alto de respaldo popular, y sin embargo, acató la decisión del más alto Tribunal y no se postuló para un tercer período. Chávez, por el contrario, ha gritado por todas partes que su deseo es gobernar en Venezuela hasta que él quiera.

En Cuba, país modelo de Chávez, las elecciones no son para elegir, sino sólo para votar. Habiendo un solo partido, el pueblo está obligado a votar por los candidatos del mismo, lo que significa que no hay manera de influir en un cambio positivo que mejore las condiciones del pueblo.

Pero aún aceptando que las elecciones son limpias y que no ha existido ni la sombra de un fraude, ¿podríamos afirmar que ya por eso tenemos democracia?

Me parece que no. En primer lugar porque si bien los ciudadanos ejercen su derecho al voto, hay otras maneras de hacer trampas.

Hay países donde los partidos se gastan una verdadera millonada, comprando los votos de los más pobres. Se reparten toda clase de cosas, desde dinero hasta promesas de casas y vaya Ud. a saber.

Una persona pobre e ignorante, que no por eso tiene menos derecho a hacer valer su voto, muchas veces cree en las promesas de los políticos, y da su voto a quien no se lo merece. Esta es una realidad que no se puede soslayar.

¿Cómo podemos pensar en la honradez de unos políticos que se gastan millones para ser elegidos?

Algo tiene que haber como jugoso premiio para que arriesguen tanto dinero. Y mientras veamos ese dispendio absurdo tendremos que sacar en conclusión de que algo buscan aquellos que pretenden ser elegidos.

En muchos países los que ascienden a cargos en la maquinaria gubernamental, sea a nivel nacional como departamental, provincial o municipal, suelen exigir sueldos altos, amén de otras “buscas” con las que hacerse ricos durante su estadía en sus puestos.

Se descubre que muchos entran al engranaje sin tener un centavo, y cuando terminan son millonarios o poco menos.

Prometían, eso sí, antes de las elecciones, toda clase de sacrificios por el pueblo, pero luego sólo piensan en la manera de enriquecerse a costa del erario público.

Esto, además, plantea el problema de que, en lugar de servir a todo el pueblo, se alían con los más ricos y poderosos, que quizás fueron los que aportaron el dinero gastado en las campañas, para hacerles toda clase de favores a costa del sufrido pueblo que nunca sale de su situación de pobreza extrema.

O ¿acaso no es esa la realidad que se vive en muchos países, donde los gobernantes viven como millonarios y los pobres padecen de toda clase de penurias?

Democracia para un pueblo que no disfruta de lo necesario para tener una vida decorosa, es una mentira demasiado costosa.

Democracia significa que los pobres tienen derecho a vivir mejor, que no haya hambrientos ni desarrapados, que todos puedan acceder a sueldos decorosos que les alcancen para disfrutar de un mínimo de bienestar.

Cuando contemplamos los extensos barrios pobres de nuestras ciudades latinoamericanas, podemos darnos cuenta de que estamos muy lejos de tener democracia.

Siempre habrá diferencias. Siempre habrá pobres y ricos. Pero donde unos pocos disfrutan y los más viven en un nivel inferior a la pobreza, podrán los hipócritas hablar de democracia, pero ésa no le sirve al pueblo para nada.

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