TEMAS PARA HOY

DEPORTES Y MORAL

ARNALDO BAZÁN


Desde hace ya bastante tiempo se ha hecho ya un lugar común descubrir que grandes jugadores o atletas de distintas disciplinas usan drogas en forma habitual.

Famosos deportistas han ido a la cárcel convictos de asesinatos y otros delitos, pero quizás la más frecuente inculpación tiene que ver con el asunto de las drogas.

Esto es especialmente lamentable por el hecho de que un atleta, sobre todo cuando logra destacarse, se convierte en un ídolo de multitudes, cuyo nombre es conocido de todos, apareciendo frecuentemente en la prensa, la televisión y otros medios de comunicación.

De más esta decir que los atletas profesionales logran magníficos salarios, no solo por sus actuaciones deportivas propiamente dichas, sino también por las muchas oportunidades de realizar anuncios comerciales, lo que les representa ganancias extras importantes.

Un atleta famoso es un personaje público, cuya vida y milagros es parte del alimento espiritual que reciben los niños y los jóvenes, orientados desde pequeños a la admiración de las súper-estrellas de los deportes más populares.

Es posible encontrar estudiantes de secundaria que apenas conocen nada de las grandes figuras de la Historia, no solo Universal, sino también de su propio país. Pero cuando se trata de sus héroes, los futbolistas, peloteros o basquetbolistas más famosos, podemos oírlos hablar hasta por los codos, rememorando jugadas extraordinarias, situaciones especiales o records particulares.

Los atletas, pues, cuando logran esa consagración que llamamos "el estrellato", no se pertenecen, pues han pasado a formar parte de una leyenda que se torna en admiración, aplauso y deseos de imitación.

Ya casi todos los deportes populares tienes sus "templos de la fama", donde son entronizados cada año, cual santos canonizados, los atletas que en ellos más se han destacado, por sus realizaciones concretas en los estadios o campos de juego.

Todo esto supone, pues, una responsabilidad. No se puede llegar a la categoría de ídolo o simplemente aspirar a ella, con todo lo que eso lleva consigo, como contratos millonarios y la admiración incondicional del gran público, sin ofrecer a cambio nada más que habilidades físicas o musculares.

Todo atleta, y en especial si pertenece a la categoría de los consagrados, tiene que ser un verdadero ejemplo para los jóvenes de cualquier nación, y las autoridades deben estar muy alertas para evitar que todo un público devoto se vea terriblemente burlado.

Son de sobra conocidas las "perretas" que algún que otro famoso orquesta en los terrenos de juego, a pesar de que existen códigos de honor y se trata de evitar el lenguaje o los gestos groseros que sean ofensivos al público presente.

No hay cosa más bonita que poder decir de un atleta que es no solo un campeón sino todo un caballero o una verdadera dama.

Son conocidos los reglamentos, a veces bastante severos, que imponen multas y suspensiones cuando se han cometido fallos en la misma técnica del juego o tienen relación con el mismo.

Hay managers y jugadores que frecuentemente se ven envueltos en trifulcas por discusiones con respecto a una jugada, lo que hace que los ánimos se acaloren más de la cuenta y los jueces o "umpires" tengan que tomar medidas no siempre populares.

Todo esto, con todo, es parte de la emoción, el colorido y las reacciones sicológicas de los atletas y del público. Prefiero mil veces las famosas malcriadeces de un John McEnroe en las canchas de tenis a enterarme de que un atleta famoso ha sido convicto por el uso de drogas o cualquier otra grave violación a las leyes.

Claro que sería mucho mejor que los deportistas pudieran conservar siempre la ecuanimidad, y no hubiera nunca que lamentar este tipo de fallas, que suelen ser el caballo de batalla de jueces y "umpires". Pero tratándose de seres humanos no siempre es fácil controlar las emociones o los arranques temperamentales que son los mismos interesados, frecuentemente, los primeros en lamentar.

Se hizo famoso, por ejemplo, el episodio en que se vio envuelto el gran lanzador dominicano Juan Marichal, hoy con toda razón en el templo de la fama del beisbol, cuando agredió con un bate a John Roseboro. Esto fue una mancha, sin duda, en el limpio historial de un atleta pundonoroso. Pero de ninguna manera puede constituir un motivo para que no se le reconozcan sus muchos méritos tanto dentro como fuera de los estadios.

Los comisionados y autoridades deportivas tienen que ser muy severos con los atletas que no constituyen un verdadero ejemplo de civismo y de respeto a las leyes. Nadie tiene derecho al estrellato solo porque haya sido dotado de cualidades especiales físicamente hablando. El atleta que no sea digno ante la juventud y, en general, ante todos los que lo aplauden y admiran, debe verse impedido de alcanzar los laureles y la fama.

Sabemos que se dan pasos en este sentido. Todos debemos apoyar el adecentamiento de los deportes, que hoy forman parte importante de la vida de nuestra sociedad. No podemos admirar a quienes no se respetan ni siquiera a sí mismos.

Arbazan34@gmail.com

Volver a Temas