TEMAS PARA HOY

UNA HISTORIA
DIGNA DE SER CONTADA

ARNALDO BAZÁN


La mayoría de las historias que vemos cada día tanto en la prensa como en la televisión, incluyendo, desde luego, el Internet, son casi todas negativas, pues se trata de conflictos, luchas, crímenes, adulterios, masacres o algo por el estilo.

Lo grande es que, cuando vemos destacar las que consiguen mayor número de lectores, podemos llegar a la conclusión de que son las que contienen mas morbosidad, como son casi todas las que se refieren a los pecados de los más famosos.

Por eso, quisiera resaltar una historia que tiene que ver con la honestidad de una persona que casi nadie conoce, como no sea entre sus familiares y amigos íntimos.

El héroe de esta historia se llama Josh Ferrin. El apellido parece hispano, aunque podría ser de un descendiente lejano que no habla nuestro idioma. El detalle no es importante.

Lo cierto es que este hombre, casado y con hijos, logró con mucho esfuerzo comprar una casa en la capital del estado americano de Utah, Salt Lake City, en un suburbio llamado Bountiful , que traducido a nuestro idioma significaría generoso o abundante.

Se sentía un hombre feliz, pues era un sueño que se había hecho realidad, aunque la casa, realmente, no fuera nada parecido a un palacio, pues era bastante vieja y necesitaba reparaciones.

Cuál no sería su sorpresa cuando, dando una vuelta por la casa, después de haber recibido las llaves de la misma de manos de la familia del antiguo dueño, ya fallecido, le llamara la atención una pequeña puerta que, al abrirla, lo llevaría a un ático donde encontraría unas cajas de metal que contenían una pequeña fortuna: casi cincuenta mil dólares.

Esto, para un millonario, no sería gran cosa, pero para quien vivía de un modesto salario, sí que lo era.

Ante tal descubrimiento mil pensamientos le vinieron a su mente. Cuántas cosas podría resolver para beneficio de su familia con aquel dinero . Pero Josh es un hombre honesto.

Por vivir en Salt Lake City podríamos sospechar que se trata de un mormón, pues esa ciudad fue fundada por Brigham Young, que guió a los mormones hasta lo que hoy es Utah, después de la muerte del fundador de dicha secta, Joseph Smith.

Pero hoy en día menos de la mitad de los pobladores de dicha ciudad pertenece a la misma, de modo que podríamos atribuir la honestidad de Josh a tener una conciencia modelada en el cristianismo, o simplemente un hombre con una moral ajena a la maldad.

Lo cierto es que los primeros pensamientos de Josh, no necesariamente egoístas, se transformaron en un sentimiento de piedad para quien había sido el antiguo propietario de la casa, Arnold Bargenter, quien había trabajado como biólogo para el Estado de Utah. La casa la había comprado en 1966.

Aquel hombre, sin que su familia lo supiera, había ido ahorrando dólar a dólar, y cada vez que tenía cien, los juntaba y amarraba y los escondía en una de las cajas de metal.

Es posible que su intención fuese legar a sus hijos aquel dinero junto con la casa. La esposa había muerto en el 2005. Pero no logró dicho sueno, murió en noviembre de 2010 sin que ellos supieran lo de su pequeña fortuna.

Todo eso lo pensó Josh, y lo criminal que sería de su parte negar al viejo Arnold lo que tantos sacrificios le había costado. De modo que llamó a uno de sus hijos y le hizo saber lo de su hallazgo. No se quedó con un solo centavo.

Esto, podría decirme alguno, ya ha pasado en varias ocasiones. Tal cosa no la discuto, pero no por eso deja de ser una gran noticia, cuando vemos que hay tantos ricos que se empeñan en ser más ricos, aunque para ello tengan que explotar inmisericordemente a sus prójimos.

El ejemplo de Josh Ferrin no es el único, desde luego, pero pocas veces los conocemos, pues de lo que más se habla es de la vida de lujos y de perversiones que viven los poderosos y no de estos testimonios de generosidad y decencia que son lo que más necesita el mundo para hacerse más habitable.

Que Dios bendiga a los muchos Joshes Ferrin que pueda haber ocultos por ahí haciendo el bien. Con hombres así podemos esperar cosas mejores.

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