TEMAS PARA HOY

IGLESIA: CASA DE DIOS

ARNALDO BAZÁN


En casi todos los países, las Iglesias más grandes y con méritos históricos o arquitectónicos, son muy visitadas por los turistas, que, por regla general, solo van a admirar la belleza de los edificios o a indagar sobre los datos históricos que ocultan sus paredes.

No es de extrañar que la actitud de esos visitantes sea, en ocasiones, de total ignorancia sobre el lugar donde se encuentran, por lo que se deben poner avisos para que no se confunda la Casa de Dios con un museo cualquiera.

Incluso en algunas se pueden ver letreros, donde se pide a los visitantes incrédulos, el debido respeto a la fe de los que allí acuden a adorar a Dios. Creo que, en general, esta petición es acatada.

Tendríamos que ponernos en el lugar de musulmanes o budistas. Si visitamos una mezquita o una pagoda, es lógico que miremos estos lugares de muy diversa manera a la de ellos. Pero lo menos que podemos hacer es respetar sus sentimientos y creencias. Esta es la base para un buen entendimiento entre diversas creencias o, simplemente, entre distintas culturas.

LOS TEMPLOS COMO LUGARES DE CULTO

Ni que decir tiene que todas las religiones dan una importancia muy especial a sus lugares de culto. Entre los judíos el Templo de Jerusalén era el lugar más sagrado. También las sinagogas, como lugares de oración y de reunión, siguen gozando de gran aprecio.

Mezquitas, pagodas, templos, iglesias, son todos una expresión de fe, aunque existan hasta puntos antagónicos en las maneras de creer. Hasta los nativos de América tenían, antes de la llegada de los europeos, templos dedicados a sus divinidades.

Hay en estos lugares algo en común: todos están dedicados a reverenciar a Dios, aunque cada uno a su manera, y a servir de lugar de encuentro entre la tierra y el cielo.

Los templos paganos de la antigua Grecia o Roma estaban dedicados, sobre todo, a los sacrificios. La gente ofrecía a las divinidades en que creía diversos tipos de animales, que eran inmolados, es decir, matados, de modo que la sangre corriera sobre un altar. Luego se quemaban algunas partes de los mismos.

Las pagodas, mezquitas, sinagogas son más bien lugares de oración y de reunión. El templo católico une varios conceptos: es el lugar de oración por excelencia, pero es también allí donde se reúne la comunidad y donde ofrece, como una perenne renovación o memorial, el Sacrificio de Cristo en la Cruz, de una manera sacramental: la Eucaristía.

DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES

¿Para que los cristianos necesitan templos si Jesús dijo a la Samaritana que ya no se adoraría a Dios ni en el templo de Jerusalén ni en el de Samaria en el monte Garitzín? (Ver Juan 4, 20-24).

Lo que Jesús quiso decir es que Dios está en todas partes, por lo que no se podía reducir la adoración a un lugar especial, como si solo allí estuviera El presente. Quiso menoscabar la "materialidad" del templo, como edificio, pues los judíos daban una importancia exagerada al lugar mismo, de modo que muchos pensaban que si no era dentro de aquellas sagradas paredes, la adoración a Dios no tenía ningún valor.

Ahora bien, si acudimos al templo como un turista, solo para admirar la belleza artística de lo que allí se contiene o la concepción arquitectónica en él plasmada, sería como visitar un museo.

El creyente, que adora a Dios desde el amanecer hasta el ocaso, acude al templo porque se sabe parte de un pueblo, y aunque como individuo ora dondequiera, va a expresar con sus hermanos la fe y el amor en una acción colectiva que llamamos Liturgia, y que está destinada a reafirmar la pertenencia a la familia divina.

SE NECESITAN LOS TEMPLOS

Necesitamos los templos porque todavía no hemos llegado a esa etapa de nuestra existencia en la que, libres ya de la carga del cuerpo material, podamos adorar a Dios con solo nuestro espíritu.

El templo es un signo del misterio, de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Si cada uno profesase la fe por su cuenta, sin nunca reunirse con los otros miembros de la familia de los creyentes, lo que tendríamos seria una total confusión, y nadie sabría nada de nada. La fe se disolvería en superstición, como ocurre, precisamente con todos aquellos que, aunque llamándose creyentes, se obstinan en permanecer apartados de la comunidad.

Eso es lo que cuenta. No unas paredes artísticamente dispuestas, sino el edificio maravilloso que es la comunidad de los hijos de Dios, que se reúnen periódicamente para mantenerse unidos, en "una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo, un Dios y Padre de todos" (Efesios 4,5).

Por eso la palabra "iglesia", que viene del griego, significa realmente "congregación". Lo importante son las personas, "piedras vivas" (1 Pedro 2,5), con las que se construye el Cuerpo de Cristo.

La dignidad del templo proviene de la presencia del Señor en medio de su Pueblo. Es allí donde se hace, en forma litúrgico-sacramental, ese encuentro que une al hombre con su Creador y Padre, a la tierra con el cielo, a Dios con sus hijos.Allí se reparte la gracia para que llegue a todos los rincones, pues también en ellos habita Dios.

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