TEMAS PARA HOY

DE LO LEGAL A LO INMORAL

ARNALDO BAZÁN


El tema del aborto, lamentablemente, se ha convertido en uno de los más divisivos en nuestra sociedad.

Según las encuestas, una mayoría en Estados Unidos está a favor del aborto. Sin embargo, aunque esto sea verdad, no significa que se esté a favor de un aborto indiscriminado. Pienso que son pocos los que defienden que el aborto deba hacerse por puro y simple egoísmo.

Que el gobierno no intervenga en el problema del aborto, y que esto se deje a la conciencia de cada quien, no es una buena idea. Eso está invitando al libertinaje y a la irresponsabilidad.

Comprendo muy bien las angustias por las que tienen que pasar muchas mujeres ante un embarazo indeseado. Pero una aprobación indiscriminada del aborto nos ha llevado a dejar en el total desamparo a los "ciudadanos por ser" que se preparan, en el seno de sus madres, a incorporarse al ejercicio de la plena ciudadanía.

LIBERTINAJE E IRRESPONSABILIDAD

Cuando un médico, que se supone ha dedicado su vida al servicio de la salud y la vida de sus pacientes, decide entregarse al dudoso, pero muy bien pagado, oficio de "abortero", no hay otro calificativo que endilgarle que el de criminal, niéguelo quien lo niegue.

Puedo comprender a un médico que ante un peligro real para la vida de la madre decide, en un momento dado, poner fin a la vida del niño. Hay casos en lo que no queda otro remedio. Y la Iglesia nos enseña que puede ser la única salida cuando no se encuentra otra solución, siempre que se haya tratado de salvar la vida de ambos.

Este médico no estaría cometiendo un crimen, pues se trata de alguien que toma una decisión de conciencia, de acuerdo a sus conocimientos y tratando de hacer lo mejor.

Pero cuando un médico accede a matar a un hijo sano, hijo de una mujer sana, solo por ocultar un pecado o por puro egoísmo, esto es una irresponsabilidad criminal que no se puede justificar.

Desgraciadamente la ley parece decirnos que no se existe hasta que no se nace, y que el "ciudadano por ser" no tiene ningún derecho, ni ninguna protección, ni cabida alguna en la sociedad.

SUJETO DE DERECHOS

La Constitución de los Estados Unidos no definió realmente quién era un ciudadano del país. Por eso la Enmienda XIV trata del asunto y dice: "Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos en los Estados Unidos…".

Se necesitaría otra enmienda que pudiera definir que todo ser humano ya concebido, por el hecho de existir en el vientre de su madre, es ya un sujeto de derechos, por cuanto es un "ciudadano por ser" de este país.

Dudo mucho que esta posible enmienda llegue alguna vez a ser siquiera propuesta, pues implicaría una serie de obligaciones que muchos no están dispuestos a cumplir. Es mucho más fácil dejar las cosas como están.

Es aquí donde radica, a mi modo de ver, la piedra central de toda la problemática legal del aborto, pues mientras se pueda ver al ser no nacido como un manojo de tejidos al que no se le reconoce personalidad, no habrá ley que lo proteja, como no sea la de Dios.

LEGALIDAD Y MORALIDAD

Para que algo sea legal se requiere un procedimiento bien conocido y estructurado, que en las democracias se realiza en el llamado Parlamento o Congreso.

Este sería la principal fuente de las leyes, aunque hay otras que emanan de disposiciones de aquellas autoridades debidamente constituidas, para imponerlas con fuerza de ley.

Pero por encima de todos los Congresos, Parlamentos y autoridades humanas, están los Mandamientos de la Ley de Dios. No todo el mundo los conoce en la forma en que están redactados en el capítulo XX del Libro del Éxodo, pero sí todos la tienen resumida en ese código innato que se llama "Ley Natural".

Todo el mundo, a menos que a fuerza de vivir en medio del mal haya perdido toda conciencia del mismo, sabe distinguir entre lo que es malo y lo que es bueno.

Todo el mundo sabe, también, que matar es algo malo, que no puede hacerse, aunque nunca haya aprendido que esto pertenece al quinto mandamiento de la Ley de Dios.

Es posible, sin embargo, que no todo el mundo conozca que matar a un inocente, que todavía no ha nacido, pero que ya existe en el seno de la madre, en esa etapa necesaria de todo ser humano que es la gestación, sea un crimen.

Con todo, cuando se reflexiona en toda esa grandiosa aventura, no por secreta menos sobrecogedora, que comienza con la creación de una minúscula célula llamada espermatozoide y de otra llamada óvulo, y de la búsqueda ansiosa de una por la otra, aunque la primera se vea acompañada por varios cientos millones de congéneres en una especie de persecución, llegando a la fusión de ambas para dar lugar al cigoto o huevo fecundado, y de ahí, en una serie de asombrosas transformaciones, al embrión y al feto, no podemos menos de descubrir que lo que allí se produce es sagrado y su detenimiento voluntario un crimen contra alguien que lucha por vivir.

Ese alguien podría haber sido yo mismo, o tú, o el otro, y si estamos aquí fue porque nuestros padres no pensaron en destruir nuestras vidas sino respetarlas, aceptando el reto de no solo dejarnos nacer, sino también ayudarnos en los difíciles primeros años de nuestra existencia.

Las leyes humanas pueden decir lo que quieran sobre el no nacido. Pero Alguien nos dice que toda vida humana es preciosa a sus ojos, y de ella tendremos que dar cuenta, no importa lo que digan los Tribunales, los Congresos o las vociferantes voces de los que defienden el crimen como si fuera un derecho más de los humanos.

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