LA MÚSICA EN LA LITURGIA

ARNALDO BAZÁN


Podríamos afirmar que la música ha sido, desde siempre, parte de la Liturgia de la Iglesia. Ya en el Antiguo Testamento esto era común:

El salterio es la colección de cantos religiosos de Israel. Sabemos , por otra parte, que entre el personal del Templo figuraban los cantores y, si bien éstos no son mencionados explícitamente hasta después del Destierro, es cierto que existieron desde el principio. Las fiestas de Yahvé se celebraban con danzas y coros (ver Jueces 21,19-21; 2º Samuel 6,15.16).

Según Amós 5,23, los sacrificios se acompañaban con cánticos y, puesto que el palacio real tenía sus cantores en tiempo de David, el templo de Salomón debió de tener los suyos, como todos los grandes santuarios orientales. (Introducción a los Salmos. Biblia de Jerusalén).

EN EL NUEVO TESTAMENTO

Los cristianos hemos seguido utilizando los salmos hasta el día de hoy, aunque hace ya mucho tiempo que nadie conoce las melodías originales. Otras han ido reemplazándolas.

San Pablo nos exhorta: Reciten entre ustedes salmos, himnos y cánticos inspirados; canten y salmodien en su corazón al Señor (Efesios 5,19).

Lo mismo hace en Colosenses 3,16. No hay por qué dudar que en las reuniones litúrgicas primitivas el canto era parte de las mismas. Con el desarrollo de distintas tradiciones litúrgicas se fueron formando distintos tipos de ritmos usados en las mismas, aunque usando textos inspirados en las Escrituras o sacados de ellas.

Según Mario Righetti (Historia de la Liturgia I, pag. 295) el Concilio de Laodicea (hacia el 360) prescribe que los cantores litúrgicos canten según el pergamino. En la misma página se dice que el canto responsorial se remonta a la misma liturgia apostólica.

Puede decirse que el tipo de salmodia que llamamos “responsorial” es la más antigua de las que se usaron en la Iglesia.

Dice san Juan Crisóstomo (murió en el 407): Iniciado el salmo todas las voces se unen, formando un armonioso coro. Jóvenes y viejos, ricos y pobres, mujeres y hombres, esclavos y libres, todos tomamos parte en la melodía. En el palacio de los reyes, todos están en silencio, pero aquí, cuando el profeta habla, todos cantamos (Sobre el salmo 145).

RITOS Y TRADICIONES

Así como en los ritos y la lengua, también en la música y los cantos hay grandes diferencias entre las distintas tradiciones litúrgicas. En la Iglesia latina se desarrolló bastante el canto litúrgico, llegando a su máximo esplendor con la reforma hecha por el papa san Gregorio I (papa del 590 al 604), al que se atribuye la institución del llamado, por lo mismo, canto gregoriano.

En esto, como en la Liturgia en general, se le reconoce a san Gregorio I una labor importantísima. Todavía hoy el canto gregoriano es muy apreciado y se utiliza sobre todo en los monasterios.

Hace poco se volvieron célebres estas melodias antíquisimas con la producción . de varios discos que resultaron muy vendidos.

Lamentablemente el hecho de que sus letras sean en latín hace que su uso se reduzca a los lugares donde pueden ser entendidas.

Lógicamente, con el tiempo, otras formas musicales fueron abriéndose paso hasta ser admitidas en la Liturgia, especialmente la llamada polifonía, que logró gran esplendor por las obras de renombrados compositores.

No fue hasta mucho después que se aceptaron otros instrumentos. Más tarde incluso se llegaron a ciertos abusos con el uso de orquestas durante las celebraciones litúrgicas.

RESPONSABILIDAD DE LOS DIRIGENTES DE COROS

Hoy en día hay una gran floración de música litúrgica en casi todas las lenguas. Con todo, impera también bastante confusión, pues con frecuencia la elección de los cantos queda al capricho de los directores de coros. Es importante señalar que no todo canto considerado “religioso” es apto para su uso en la Liturgia.

Debe evitarse a toda costa que cantos propios de reuniones de grupos o movimientos sean empleados en las celebraciones litúrgicas.

Los directores de coros deben informarse de los cantos que son apropiados, a fin de que mantengan la dignidad propia exigida por la música litúrgica.

Del mismo modo, se debe en todo momento tratar de lograr que el pueblo cante. Esa es la principal función del coro: ser un interlocutor del pueblo en el canto litúrgico.

Por eso, los cantos deben ser aquellos que el pueblo es capaz de cantar. Hay que procurar que los cánticos nuevos se vayan introduciendo poco a poco, para darle tiempo al pueblo a aprendérselos. Es sabido lo difícil que resulta sacar tiempo para ensayar con los fieles, pues muchos llegan a veces con el tiempo justo o incluso tarde a la celebración.

El uso de solistas es totalmente legítimo, siempre que sea con la misma finalidad: apoyar el canto de la Asamblea. Hay momentos en que el coro o un solista pueden entonar un cántico apropiado, sin la participación del pueblo, pero esto no puede ser en forma alguna la norma general.

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