TEMAS DEL MOMENTO

EL PROGRESO
Y EL HOMBRE

ARNALDO BAZÁN


No siempre la definición de progreso ha sido todo lo ajustada que se debiera, ya que, en esto como en tantas cosas, "todo es del color del cristal con que se mira".

Así, lo que llaman progreso, otros lo pueden ver como lo contrario, por lo que es necesario analizar la cuestión.

Si es imposible entender que sólo habrá progreso cuando todos los habitantes de la tierra, sin excepción, logren desarrollar sus capacidades, tampoco es correcto hablar de un progreso que sólo llega a una parte de la humanidad.

Algo bien curioso es que el progreso tenga, a veces, un precio tan alto, que sea preciso preguntarse si vale la pena pagarlo. Y creo que uno de los problemas del mundo sub-desarrollado es que se utilizan demasiados patrones de los países más avanzados, con lo que la brecha entre unos y otros se profundiza cada vez más.

Una carretera, por ejemplo, es un símbolo indiscutible de progreso, pero para construirla tenemos que inutilizar muchos miles de kilómetros cuadrados de magnífico terreno, que podría producir alimento para millares de personas.

De igual manera ocurre con el crecimiento de las ciudades, que roba cada año, para convertir en puro desierto, terrenos que antes producían bienes de consumo.

Progreso son las fabricas, pero sus residuos envenenan el aire y las aguas, produciendo polución y contaminación, por más que se hacen ingentes esfuerzos por controlarlas y reducirlas a los niveles más bajos posibles.

Progreso es la televisión y el cine, pero muchas veces se utilizan estos instrumentos para envenenar las mentes de los niños y adolescentes y corromper sus vidas con una visión que se reduce a la búsqueda animal de la satisfacción de los impulsos primarios.

Progreso son las máquinas, pero cada vez que se introduce una de ellas se pueden quedar sin trabajo varios obreros, lo que en los países sub-desarrollados puede ser una verdadera castástrofe para gran número de familias.

Progreso son los aviones que surcan el espacio a velocidades increíbles y a alturas insospechadas, pero destruyendo, al parecer, importantes componentes de la atmósfera en sus capas superiores, poniendo así en peligro la vida misma del planeta.

Progreso son los carros de potentes motores que logran desarrollar velocidades vertiginosas, pero que provocan muertes al por mayor al caer en manos inexpertas o mentes no suficientemente desarrolladas.

Progreso son los medios de comunicación que permiten que se pueda hablar casi con cualquier parte del planeta en unos pocos segundos, en una época en que cuesta trabajo conseguir que los esposos dialoguen y se entiendan los padres con los hijos o los vecinos se conozcan.

Progreso son los modernos relojes de cuarzo que están al alcance de casi todos los bolsillos y ofrecen una precisión admirable, para ponerlos en las muñecas de gente que ha perdido el placer de vivir minuto a minuto y derrocha el tiempo en un constante afán, que les hace ir a mil por hora para acabar más pronto en la consulta del siquiatra o en el cementerio.

Progreso son los artefactos electrónicos para el hogar, que facilitan todo el trabajo y ahorran tiempo y dinero, para gente que pierde el tiempo miserablemente y nunca tiene tiempo para Dios ni para realizar un servicio desinteresado.

Progreso son las modernas impresoras que lanzan revistas, libros y todo lo publicable a chorros por minuto, pero que se pierde en la pobre calidad de los que se escribe y publica, en lo que abunda la pornografía, la estupidez y la barata palabrería.

Progreso, ¡hum!, pero, ¿Qué es el progreso? Pues si vamos a ser más brutos, menos felices, más desalmados, menos morales, más egoístas, menos comunicativos y cariñosos, más bestias y menos humanos, entonces, todo el progreso está de sobra y necesitaríamos volver a la época de las cavernas, a ver si allí podemos conseguir un poco de paz, de tranquilidad, de amor y de alegría de vivir, que buena falta nos están haciendo.

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