TEMAS PARA HOY

PROVOCACIÓN Y FANATISMO

ARNALDO BAZÁN

Cuando no se sabe responder a las provocaciones, caemos en el error de convertir una tontería en un problema de grandes proporciones. Esta lección la aprendí hace ya mucho tiempo, cuando una película con escenas un poco atrevidas, fue objeto de una fuerte campaña critica por parte de un grupo católico.

Lo más probable era que la película pasara desapercibida, pues se trataba de una obra mediocre, pero resultó ser de las más vistas ese año por la gran propaganda que los críticos le hicieron.

Igual está pasando con un engendro cinematográfico producido con el afán de provocar a los musulmanes, que ha logrado su objetivo de convertirse en una atracción para millones. En Occidente solo unos pocos lo habrían visto, pues es algo que no vale la pena. Hoy ya son millones los que la vieron.

Esa reacción fanática de responder que tienen los musulmanes a cualquier supuesto insulto, demuestra su total incapacidad de entender que lo que hagan unos pocos no es culpa del país en el que viven, ni tampoco del gobierno. Con eso están abriendo las puertas para que cualquiera los provoque solo por la diversión de verlos gritar consignas y terminar haciéndose daño a sí mismos y a los suyos.

Los que amamos la democracia no podemos alentar ningún tipo de provocación. Pero en todas partes aparecen individuos dispuestos a romper las leyes de la sana convivencia. ¿Ha de pagar la mayoría por lo que hacen unos pocos?

El problema estriba en que es difícil para un musulmán entender la democracia, pues su religión no deja a sus seguidores pensar por sí mismos. Los vuelve fanáticos. ¿O no es fanatismo esa forma de reaccionar ante una provocación?

Vean ustedes, además, que fueron musulmanes los que se encargaron de traducir el ahora famoso video al árabe, pasándolo infinidad de veces en distintas estaciones de televisión, con el afán de provocar las candentes protestas que se están viendo en una gran cantidad de países.

Detrás puede haber habido la intención de aprovechar la conmoción que ha provocado entre los musulmanes, para, coincidiendo con el aniversario del ataque terrorista a las torres gemelas de New York, ir contra el consulado norteamericano en Vengase, Libia, logrando matar al embajador y a otras tres personas.

La mayor parte de los musulmanes son personas buenas, que creen positivamente en Dios y tratan de actuar de acuerdo a lo que consideran es su voluntad.

Pero no podemos olvidar que los fundamentos del Islam son muy diferentes a los del Cristianismo.

Jesús nunca intentó que su Iglesia fuera un poder político que dominara el mundo entero. Por el contrario, los cristianos fueron enseñados desde el comienzo a ser obedientes a las leyes de las naciones donde vivían.

No fue así con el Islam. Mahoma, su fundador, fue indiscutiblemente un hombre inteligente, que supo crear una religión tomando del Antiguo Testamento lo que le convino. Por de pronto, Alá se identifica con el Yahvéh de los israelitas. No olvidemos que Abraham, el patriarca padre del pueblo de Israel, fue también padre, con la esclava de su esposa Sara, de Ismael, del que desciende el pueblo árabe.

Luego, como sabía que el Cristianismo era una religión que ganaba constantemente nuevos adeptos, pese a las persecuciones que había sufrido, tenía que atacar su fundamento tratando de convertir a Jesús en un simple profeta, que quedaría superado por el gran profeta Mahoma.

Este, además de inteligente, era osado. De modo que, para debilitar la imagen de Jesús, al que consideraba el gran rival a derrotar, se atrevió a tomar del Nuevo Testamento, concretamente del evangelio de Lucas, la figura del ángel Gabriel.

Y, sin temor a que se descubriera la falacia que encerraba el que usara a quien, como dice el evangelista, fuera enviado para anunciar a María que había sido elegida para ser nada menos que la Madre del Hijo de Dios, (ver Lucas 1,26-38), dictaminó que fue ese mismo ángel quien le "dictó" el Corán, que sería el libro sagrado de su religión, en el que había que creer letra por letra.

Y claro, en el Corán aparece claramente que Dios no pudo tener ningún hijo, por lo que Jesús no es más que un simple profeta inferior a él.

Esto nos hace ver que Mahoma, desde el principio, quiso declarar la guerra a Jesús, tratando de que aparezca como verdad revelada por Alá, que el Cristianismo es una religión inferior al Islam, por lo que es voluntad de Dios que todos los cristianos se conviertan a la verdadera religión cuyo profeta es él.

También dictaminó que los que son musulmanes tendrán que serlo siempre, o serán condenados a morir a manos de sus propios familiares.

Todo ese tinglado tan bien preparado, que ha logrado apropiarse de la mente de cientos de millones de personas, no tiene nada que ver con una verdadera religión. Es, sencillamente, un sistema de gobierno del que se han aprovechado sus líderes para someter a los seguidores y a todos los que caen bajo sus dominios, en seres sometidos a la voluntad, no de Dios, sino de hombres de carne y hueso.

Y eso es lo que tenemos. De modo que nada de lo que está pasando en países donde los cristianos son perseguidos, obligados a convertirse o ser tratados como si fueran seres inferiores, tiene que llamarnos a sorpresa.

Eso no significa que los cristianos tengamos que someternos. Pero tenemos que actuar de acuerdo a las propias enseñanzas que hemos recibido del Señor.

Dejemos que ellos piensen como quieran. Solo Dios se encargará de juzgarlos. Tenemos todo el derecho a defendernos, pero no de atacarlos gratuitamente. Si ellos son nuestros enemigos, nosotros no lo somos de ellos, pues eso es lo que nos enseñó Jesús y estamos seguros que la Verdad está de nuestro lado. Por algo El es la Verdad y la Vida.

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