TEMAS DEL MOMENTO

RAÚL CASTRO
O MÁS DE LO MISMO

ARNALDO BAZÁN


En un gesto realmente teatral, que trataba de disfrazar la comedia con la tragedia, el supuesto presidente de Cuba, Raúl Castro confesaba públicamente, los errores que todos ellos han cometido, para concluir que o Cuba cambia o se hunde.

Eso de llamar “presidente” a un hombre que heredó el cargo de dictador porque a su hermano no le quedó más remedio, es una farsa en la que incurren casi todos los medios de prensa y aún los gobiernos supuestamente democráticos.

Lo cierto es que el hombre fuerte de Cuba es, en estos momentos, el general Raúl, que ganó sus galones sosteniendo, como jefe militar, la peor dictadura que ha visto América Latina en su historia.

¿Es ahora que se enteran de que los constantes errores que, desde el principio, han venido cometiendo todos esos seudo-revolucionarios, han llevado a Cuba al borde del colapso?

Claro que contaban con que la Unión Soviética no desparecería jamás. Se creyeron que siempre tendrían a los soviéticos sacándoles las castañas del fuego, a cambio de enviar a los campos de batalla a miles y miles de cubanos.

Dondequiera que había una guerra en que los intereses soviéticos estaban envueltos, allí iba “la carne de cañón” cubana, para pagar por los servicios que la “revolución” recibía de sus amos.

Pero ese socialismo que ahora Raúl pretende salvar, no lo salva nadie. Eso lo sabe hasta el más ignorante en política.

Si con todos los recursos con que contaba la Unión Soviética, que en un momento llegó a parecer invencible, no pudo resolver los problemas que causa ese engendro que llamamos “comunismo”, cuanto menos un país pequeño que un tiempo fue de los más avanzados de America Latina y hoy es uno destruido por los “sabios hermanos Castro” y sus secuaces.

Porque eso sí, la culpa no la tiene Fidel, no la tiene Raúl, no la tienen los líderes de la revolución, sino los de abajo, los subalternos, aquellos que no supieron o no quisieron poner en práctica los certeros lineamentos que el gran Fidel había trazado.

La culpa, sobre todo, la tienen los Estados Unidos, que se empeñan aún hoy hundir la revolución.

Si no se fuera por el Imperio y los malos manejos de los subalternos incapaces, Cuba sería un paraiso. Y eso lo va a arreglar el compañero Raúl, que de comunismo y socialismo sabe más que el lápiz, por lo que no sueñen los enemigos en que la revolución fracasará. Pero bueno, ¿quién se cree ese cuento?

Hoy los cubanos tiemblan pensando que más de un millón y medio de trabajadores tendrán que buscar empleo en negocios privados. Al menos antes recibían unas migajas del Estado.

Es decir, que las medidas a tomar, aunque se disfracen de socialistas o de lo que sea, serán siempre de corte capitalista, pues cualquiera sabe que, de acuerdo a las teorías de Marx, Engels y los otros, los medios de producción no pueden estar en manos privadas.

¿De dónde sacarán dinero los cubanos para implantar negocios, cuando en Cuba los únicos ricos son los dirigentes revolucionarios de los más altos cargos?

¿Es que serán estos los que invertirán su dinero en crear fuentes de empleo y de producción? Eso estaría por verse.

Lo más seguro, desde luego, es que, al abrir el camino para que haya negocios privados, pretendan tentar a los familiares en el exilio, esos catalogados como “la mafia”, para que envíen dinero, mucho más de los cientos de millones que ya envían para paliar el hambre de los suyos, a fin de salvar lo insalvable.

No creo que haya un solo exiliado que caiga en esa trampa, pues con los Castro y los seudo-revolucionarios cubanos no se pueden hacer negocios.

Desde el principio de la revolución, que tanta sangre ha derramado y tantos muertos ha causado, amén de los miles de presos que han pasado años de cárcel por el único delito de disentir, los líderes se sintieron dueños de todo lo que en Cuba había.

A pesar de que se incautaron de cientos de negocios propiedad de cubanos o de extranjeros, en su mayoría norteamericanos, para convertirlos en chatarra, como hicieron con la mayoría de los centrales azucareros, ahora pretenden hacer creer que las nuevas fórmulas van a atraer capital que les ayude a sobrevivir.

Pero está escrito: “No prevalecerán”. La seudo-revolución cubana hace mucho rato que está difunta. Por más que grite Raúl con gestos estentóreos, sus promesas no son sino más de lo mismo. A esa revolución no la salva “ni el médico chino”.

Los miles de fusilados, los miles que dejaron su salud y su vida en las mazmorras, los miles que perdieron la vida tratando de llegar a la libertad, hoy gritan acusando a los Castro, a los líderes de una revolución fracasada, y también a todos los que la han apoyado desde fuera, pues todos son culpables de haber convertido a Cuba en un pudridero, cuando recibieron una Cuba pujante que merecía mejor suerte.

Por más que lo hubiera dicho Fidel Castro, la Historia no los absolverá, y los enviará a todos al basurero al que pertenecen.

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