TEMAS DEL MOMENTO

EN DEFENSA DE LA
REPÚBLICA DOMINICANA

ARNALDO BAZÁN


Yo no soy dominicano, pero he vivido en este país, en el que me encuentro en este momento, por muchos años. Cuando llegué en 1962 la gente recordaba que en tiempos de Trujillo había ocurrido una matanza de haitianos, ya que eran muchos miles los que se habían asentado en la República ilegalmente.

Como es lógico pensar, su proceder no fue en modo alguno civilizado, pero esto se debía al carácter despótico y tiránico del gobernante, que estaba acostumbrado a hacer desaparecer a todo el que se le opusiera. Si los haitianos eran un estorbo no tenía problema en eliminarnos, como eliminaba también a los dominicanos que se le enfrentaban.

Con todo, los haitianos siguieron acudiendo, sobre todo a las zonas cañeras del país, al igual que hacían en Cuba durante la época de la zafra azucarera.

Si bien en Cuba había cubanos que cortaban la caña, en la República Dominicana es raro ver a un nativo dedicado a esa dura labor.

Alguien hasta compuso una pieza musical en la que se oía: “La caña que la tumbe el viento, con su movimiento”. Esa frase traducía la actitud del dominicano hacia el corte de la caña.

La mayoría de los haitianos, por tanto, vivían allí donde encontraban trabajo. Parte de los que iban regresaban a su tierra, pero parte preferían quedarse, y como no eran demasiados, las autoridades se hacían de la vista gorda con ellos.

Pero Haití no levantaba cabeza. Sus gobernantes solían pensar más en enriquecerse que hacer progresar el país. Algunos hasta fueron dictadores que se aferraron al poder por muchos años, como el famoso Papa Doc.

Esto trajo más y más miseria, lo que ocasionó también más y más haitianos tratando de emigrar hacia donde pudieran encontrar una vida mejor.

Lenta, pero constantemente, el número de haitianos en la República Dominicana fue creciendo, hasta llegar a más de un millón, según los cálculos que se han hecho, en un país cuyos habitantes no llegan a los diez millones. Como se ve, la proporción es alarmante, y la mayoría de los haitianos viven en la ilegalidad.

Hace un año ocurrió la catástrofe del terrible terremoto que ocasionó una enorme cantidad de muertos y prácticamente la debacle de todos los organismos gubernamentales.

La República Dominicana, pese a ser un país pobre, fue el primero en responder, y lo hizo con el beneplácito de la absoluta mayoría de la población, que se volcó generosamente para ayudar al pueblo hermano en su sufrimiento.

Esta actitud se mantiene, pese a que existe, con toda razón, la preocupación de que la invación de haitianos al país provoque un verdadero desastre, sobre todo en materia de delincuencia y brotes de enfermedades que, como el cólera, sigue azotando a aquella desgraciada nación.

En lo primero se sabe que hay muchos cientos de delincuentes que, al escaparse de las cárceles con ocasión del terremoto que les abrió las puertas de las mismas, no perdieron el tiempo en pasar la frontera para asentarse en la República Dominicana.

En lo segundo, sabemos que si no hubiera sido por el cuidado que han tenido las autoridades sanitarias, hoy el país estaría sufriendo la plaga del cólera, con miles de afectados y vaya Ud. a saber cuantos muertos.

¿Puede alguien acusar a la República Dominicana de malos tratos a los haitianos, por el hecho de salvaguardar sus fronteras para bien de sus ciudadanos?

¿Es que lo que es bien visto en otros países, tiene que ser mal visto en un país que ha abierto sus puertas a tantos de ellos?

Los miembros de “Amnistía Internacional” que han criticado al país, así como otros que han cargado las tintas en contra de los dominicanos por el problema haitiano, no tienen el menor derecho de atacar a quienes no tienen la culpa de lo que pasa al otro lado de sus fronteras.

Es muy cierto que poco se ha logrado para resolver los problemas de Haití, pero los principales responsables son los propios haitianos, que no han sabido o querido luchar para levantar su nación.

No tiene por quá pagar la República Dominicana por los errores, la corrupción y los vicios de otros. Ya este país tiene bastante con los suyos propios.

Como nación soberana la República Dominicana tiene todo el derecho a hacer valer las leyes internacionales vigentes en materia de inmigración. Si en los Estados Unidos se calcula que hay once millones de indocumentados en una población de trescientos ocho millones, los más de un millón de haitianos que viven en la República Dominicana representan una proporción absolutamente superior, siendo el primero el país más poderoso del mundo y la República uno que lucha por salir adelante.

Los que critican a los dominicanos deberían mejor hacer algo por ayudar a los haitianos. Es muy fácil criticar sin hacer nada. Y para eso no hay derecho que valga.

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