TEMAS DEL MOMENTO

LA RESPONSABILIDAD
DE LOS POLÍTICOS

ARNALDO BAZÁN


No es lo mismo un ciudadano cualquiera que una persona elegida para ejercer un cargo público.

Cuando esto último es el caso, la persona adquiere una responsabilidad ante todos aquellos que lo eligieron, e inclusive ante los que no estuvieron de acuerdo con su elección.

En definitiva, cuando uno ejerce un cargo público esta obligado a servir a todos por igual, sin importar partidos u otras diferencias. De lo contrario estaría traicionando la promesa que hizo al aceptar el cargo.

Esto significa que durante el tiempo que dure su gestión, estará viviendo "públicamente", y todos sus acciones le serán tenidas en cuenta aunque no sean necesariamente las del cargo que ostenta.

De esto se olvidan fácilmente algunos cuando aceptan un cargo, sea de presidente de un país, o de un simple concejal o munícipe de un área cualquiera, llámese provincia, municipio, estado o condado, de acuerdo a la nomenclatura que se use en cada lugar.

Mientras más importante sea el cargo, más responsabilidades se tendrán.

Esto se ha puesto de manifiesto en estos últimos días con el caso de un miembro del Congreso norteamericano, representante de un distrito para defender los intereses de los habitantes del mismo en especial, y de todos los ciudadanos del país en general, al que se ha acusado de usar de las redes sociales existentes en el Internet con fines lascivos, publicando inclusive fotos que podrían considerarse no aptas para todos.

No puedo asegurar que esta persona haya quebrantado alguna de las reglas existentes dentro de tan importante organismo de gobierno. El Congreso constituye uno de los tres brazos en los que se apoya un gobierno representativo: ejecutivo, judicial y penal, en las personas del Presidente, de los senadores y representantes y de los miembros de la Suprema Corte de Justicia.

Pero lo que si podemos asegurar es que ha quebrantado la confianza que los electores depositaron en él, y de todos los ciudadanos del país en general.

Lo que uno persona haga como ciudadano particular es sólo de su incumbencia si no hace nada contrario a las leyes. Pero cuando uno demuestra, por acciones públicas, su deshonestidad, su falta de decencia, sin importarle el mal lugar en que pone al organismo al que pertenece, no merece seguir perteneciendo a él.

No se trata de un ciudadano cualquiera, sino de una persona que ha prometido luchar por el bien de todos en la nación. Y para eso se requieren las virtudes cívicas que deben acompañarlo.

Bien ha hecho, pues, en renunciar a su cargo, antes que la opinión pública y el mismo Congreso decidieran expulsarlo por no ser digno del cargo que ocupaba.

Nos alegramos, pues, que su decisión haya sido la correcta, pues era la única salida sensata a una situación de la que sólo podría sentirse avergonzado.

Que esto sirva de lección para otros, de modo que no se sigan repitiendo hechos bochornosos que de alguna manera nos tocan a todos.

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