TEMAS PARA HOY

LA TEMERIDAD ES ENEMIGA DE LA FE

ARNALDO BAZÁN


Es muy cierto que en el evangelio de Marcos 16,17-18 podemos leer: "Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien".

No podemos tener dudas de que las promesas del Señor siempre se cumplen, pero en relación con las serpientes y los venenos tenemos que hacer una observación.

Mark Wolford, un pastor pentecostal de West Virginia, de 44 años, queriendo llamar la atención sobre estas señales de que identifican como verdadero creyente y fiel discípulo de Jesús, solía agarrar serpientes venenosas, hasta que una de ellas, el pasado día de Pentecostés, domingo 27 de Mayo, lo mordió y lo mató. Era su mascota y la tuvo durante varios años.

Este hombre, del que no dudamos su buena intención y su verdadera fe en Cristo, confundió las palabras evangélicas, pretendiendo que andar con serpientes era una buena forma de demostrar la fe.

Lo de él fue temeridad, sobre todo porque unos años antes, su propio padre, que parece haber tenido la misma forma de pensar, murió también a consecuencia de una mordida de serpiente venenosa.

El Señor nos protege, pero tenemos que tener en cuenta que el Señor nunca nos ha mandado a jugar con el peligro, y eso es lo que llevó a un creyente a desvirtuar, en lugar de afirmar, lo que hubiera sido un testimonio, según su parecer, de lo que significa tener fe.

Muchos podrán dudar ahora de la veracidad de las palabras de Marcos, dado que en el caso del pastor Wolford las cosas salieron al revés. Con todo, lo único que esto prueba, es que no podemos ser temerarios, ni enfrentarnos a una situación peligrosa sin necesidad.

Los millones de mártires que han existido por defender la fe, en casi ningún caso buscaron la muerte. Es cierto que muchos, como san Ignacio de Antioquía, expresaron hasta su deseo de morir mártires, pero nunca se lanzaron a buscar la muerte, aunque siguieron predicando el Evangelio a pesar del gran riesgo que corrían.

Es curioso recordar que un popular presentador de la televisión australiana, Steve Irwin, murió también a los 44 años. Aunque parecía dominar a las serpientes y cocodrilos, con todo, nadando junto a una mantarraya, murió de un aguijonazo de la misma. Todo el mundo sabía que era un verdadero temerario.

Pero Jesús no lo era. Por el contrario, cuando vio el peligro de que lo agarraran cuando aun no había llegado su hora, se escondió. Así ocurrió después que le informaran del asesinato de Juan el Bautista. Dice Mateo: "Llegando después sus discípulos (los de Juan), recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús. Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario" (14,12-13).

El también diría a sus discípulos: "Miren que yo los envío como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas" (Mateo 10,16). Con eso quiso decirles que no buscaran el peligro, que ya esté los buscaría a ellos el día menos pensado.

Algunos comentaristas de la Biblia consideran que el texto de Mateo se encuentra en unos versículos que no pertenecen al evangelista, pues falta en varios códices y no tienen su mismo estilo. Aunque esto no quiere decir que sean espurios, no se puede afirmar que se trate de una promesa que ha de cumplirse siempre, pues en ese caso sería una invitación a la temeridad, como lo ha sido, tristemente, el caso del pastor Mark Wolford.

En el libro de los Hechos aparece lo que le ocurrió a san Pablo en la isla de Malta, luego de que el barco en que lo llevaban prisionero zozobraba en aquella costa: "Pablo había reunido una brazada de ramas secas; al ponerla sobre la hoguera, una víbora que salía huyendo del calor, hizo presa en su mano. Los nativos, cuando vieron el animal colgado de su mano, se dijeron unos a otros: "Este hombre es seguramente un asesino; ha escapado del mar, pero la justicia divina no le deja vivir". Pero él sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno" (28,3-5).

Siempre podemos esperar que Dios nos proteja de cualquier mal, pero no andemos buscándolo, pues entonces nuestra temeridad será la causa de lo que pueda pasarnos.

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