NUESTRA RESPONSABILIDAD


Nuestra sociedad está pasando por un período de crisis. No es meramente la tan cacareada crisis presupuestaria. Tal parece que la única preocupación es la parte económica y nos olvidamos de lo demás. Fundamentalmente atravesamos por una crisis de valores, pues los valores familiares, humanos, religiosos…, se han sustituido por antivalores: afán de poder, hedonismo, sensualismo, consumismo -la nueva modalidad del materialismo- y otros ismos más.

Si los cristianos deben ser "la sal de la tierra y la luz del mundo" (Mateo 5:13-14), en estos momentos de crisis se espera de ellos una actuación más decidida y directa. La hora crucial que nos ha tocado vivir no es para llorar el pasado -como se lamentaban los israelitas al salir de Egipto-, es para transformar el presente y proyectarse al futuro.

Me da pena ver a tantos cristianos quejosos de la situación actual y ellos con los brazos cruzados sin hacer lo que les corresponde. Si queremos asumir nuestra responsabilidad, debemos comenzar por lo que nos exige el Señor: "Vivir conforme a sus mandatos", lo cual significa luchar por nuestra santificación personal.

El Concilio Vaticano II destacó muy acertadamente la misión de todo bautizado: Lograr la santidad. Cristo nos pidió que fuésemos perfectos como el Padre Celestial (Mateo 5:48); éste es el momento de mostrarlo, pero hemos de empezar por el corazón de cada uno de nosotros. Una vez comprendido esto, debemos darnos a la tarea de transformar la sociedad. Me parece que la Constitución Pastoral sobre la Iglesia del Vaticano II nos da unas pautas muy concretas que las sintetizo en cuatro:

La edificación de nuestra sociedad: El hombre ha sido creado por Dios, por lo tanto sus descubrimientos y conquistas "son signos de la grandeza de Dios". Esto nos lleva a ampliar nuestra responsabilidad individual y colectiva, ya que: "El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo." (G.S. 34).

La edificación de un mundo más humano: Tal parece que el enemigo del hombre es el otro hombre. Por esta razón: "Los cristianos, en marcha hacia la ciudad celeste, deben buscar y gustar las cosas de arriba; lo cual en nada disminuye, antes por el contrario aumenta la importancia de la misión que les incumbe trabajar con todos los hombres en la edificación de un mundo más humano." (G.S. 57)

Responsabilidad ciudadana: Lejos de pensar en aislarnos de los demás, pretextando una vida sobrenatural, el cristiano ha de vincularse en la comunidad humana donde vive. Dicen los Padres Conciliares: "Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y servicio al bien común." (G.S. 75)

No pueden descuidar las tareas temporales: Cada cual tiene un importante papel que desempeñar en la edificación de la sociedad. Por eso: "El Concilio exhorta a los cristianos ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico." (G.S. 43)

En fin, como dice el Decreto sobre el Apostolado Seglar, los cristianos "se entregan generosamente y por entero a dilatar el reino de Dios y a informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con espíritu cristiano." (A.A. 4)

Está muy claro el papel que nos toca desempeñar a todos, ahora nos falta trabajar por ello. Es hora de hacer algo, pero esto implica nuestra transformación interna. Me parece que las quejas vienen de que hablamos mucho y hacemos poco. Nos hemos acostumbrado a que otros solucionen nuestros problemas. No temamos, el Señor está con nosotros y si Él está con nosotros, ¿a quién temeremos? (Romanos 8:31)

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